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sábado, 19 de noviembre de 2011

Argentina: Golf sin salir de casa

Cancha de gol del Hotel Llao Llao de Bariloche

Los golfistas que llegan gastan cuatro veces más que los turistas tradicionales. El tango, el asado y el malbec hacen que prefieran Argentina a Escocia.

Más de 5 millones de turistas visitan la Argentina cada año. Muchos frecuentan alguna de las 320 canchas de golf diseminadas a lo largo de todo el territorio y gastan mucho más que otros turistas. No por nada, la Argentina fue distinguida como el mejor destino de golf de América Latina y el Caribe en 2011, por la Asociación Internacional de Tour Operadores de Golf. “Argentina se está consolidando como uno de los destinos preferidos del mundo para practicar golf no sólo por la larga tradición que este deporte tiene en nuestro país, sino también por toda la oferta turística que existe”, explica Susan Marples, Coordinadora de Turismo de Golf del Instituto Nacional de Promoción Turística (Inprotur). “Se trata de un combo muy apreciado por el jugador, quien pasa el día en el court, pero a la noche puede disfrutar de una buena infraestructura turística, gastronómica y de entretenimiento”, continúa la especialista.
Así, junto con Australia, Sudáfrica e India (aunque muy lejos aún de los más tradicionales Escocia, Estados Unidos e Inglaterra), el país registró un aumento del 15 por ciento en esta modalidad durante 2010 y es cada vez más visitado por extranjeros de altísimo poder adquisitivo, que buscan algo más que un palo y un hoyo. “El tango, el asado, la Patagonia y el Malbec hacen que, por ejemplo, un alemán prefiera venir a la Argentina antes que viajar a Escocia, que es la cuna del golf”, asegura Nicolás Iorio, de la agencia WeGolf.

Una vez dentro del país, las regiones más buscadas son Buenos Aires, a la cabeza (donde se encuentran los clubes centenarios, como Mar del Plata, Lomas Athletic, San Andrés –el más viejo de Sudamérica– y Hurlingham), la Patagonia y Mendoza. “El tema de los viñedos y las bodegas funciona como un imán para esta clase de turistas. Por lo general, se trata de grupos de amigos, de entre 35 y 70 años, a los que les divierte jugar al golf y tomar vino. En cierta medida, se trata de viajes de egresados para gente grande”, comenta Iorio. En menor medida, también llegan grupos de mujeres solas (a quienes se les ofrece paquetes de Golf & Spa), parejas y familias enteras. “Podría pensarse que mientras los padres juegan al golf, mandan a los chicos a escuelas de polo”, razona Marples al pensar en el éxito que también despierta nuestro polo entre los extranjeros. “Por lo general, se trata de personas que no conocen el país y cuando vienen se sorprenden, se encuentran con una cultura mucho más europea de lo que se imaginaban, mucho más civilizada, donde la gente camina con traje y celular por el microcentro, donde se come bien y, entonces, deciden volver”, concluye.

En números. Un paquete de seis o siete noches en Buenos Aires arranca en los 1.300 dólares, tarifa basada en hoteles de cuatro estrellas y a la que se le suele sumar una extensión de tres o cuatro noches más en la Patagonia. “Estos valores ya son el doble de lo que vale un viaje tradicional a la Argentina, es decir, sin golf”, afirma Iorio.

Sin embargo, lo más sorprendente es la diferencia de dinero que estos turistas premium gastan durante su estadía. “Se estima que cuatro veces más que el tradicional, ya que no tienen problema en elegir hoteles y restaurantes de primer nivel”, dice Marples. Así, mientras un turista cualquiera gasta un promedio de 106 dólares por día, según el Indec, un jugador de golf no baja de los 450. “Por esta razón, es un segmento muy apreciado que debe crecer”, continúa.

¿Cómo lograr que esos 5,3 millones de turistas que visitan el país año a año tengan su réplica en las canchas de golf? ¿Cómo hacer para que la Argentina, líder en el área a nivel regional, también lo sea a escala global (actualmente se ubica en el puesto número 15)? Abrir la mentalidad, coinciden los especialistas. “Acá los clubes son muy tradicionales, muy exclusivos y muy cerrados a la persona que no es socia. Y eso es un poco lo que hay que cambiar, modernizarse, tener presencia en Internet. Idealmente, tendrían que aplicar también el revenue management, es decir, apuntar a la mayor ocupación posible, como en los aviones, donde se establecen distintos precios según la ubicación de los asientos –explica Iorio–. Esto permitiría que el lunes a las 10 de la mañana, cuando los courts están vacíos, la tarifa sea más barata, mientras que el sábado al mediodía, sea bastante más elevada.”

Laura Blanco

Río Negro: Swinging en el Llao Llao
En Bariloche se adaptó la tecnología LED para iluminar canchas de golf y poder jugar de noche. La pelota tiene un timer y también se enciende con cada golpe.

Jugar al golf? La elección se multiplica por miles en la Argentina, de sur a norte y de este a oeste. Pero, ¿de noche? ¿Es posible? Desde el año pasado, un lugar ofrece la posibilidad de vivir esa nueva experiencia en el país. En Bariloche, al pie del pico nevado del volcán Tronador y con el lago Nahuel Huapi de testigo, el campo de golf del emblemático Hotel Llao Llao (recientemente distinguido con la norma ISO) aparece iluminado dos veces a la semana durante el verano. ¿Luces? ¿En una cancha de centenares de yardas?

La idea, nacida en Estados Unidos, llevó más de un año de trabajo para ser adaptada a las posibilidades locales. En una primera etapa, la empresa encargada de desarrollar el proyecto probó con lo obvio: metros de cables surcaban los fairways para abarcar toda la superficie necesaria; pero no parecía un modo viable de iluminar la cancha. “Era muy caro hacerlo así, y además no se lograba el brillo que buscábamos. Entonces optamos por explorar una solución propia”, explica Guillermo Tessman, el ideólogo, mientras por la ventana del Club House de la cancha se aprecia una gama de colores luminosos que vigilan el andar de los golfistas.

El golf nocturno es posible, al fin y al cabo, gracias a la tecnología LED; pequeñas estacas iluminadas por dentro demarcan el tee de salida de cada hoyo, el fairway, los búnkers y el green, y también suben hasta la bandera. En cada sector el color de la luz es diferente, para que el jugador sepa exactamente en qué lugar del recorrido anda su pelota.

La pelota… Tal vez allí esté el aspecto más sofisticado de esta innovación. Cada bola también posee en su interior luces de LED, que se activan con el golpe. Desde ese momento, un timer colocado dentro de la misma se activa por diez minutos, tiempo suficiente para que el jugador, además de ver el recorrido por el aire, pueda llegar hasta ella para seguir jugando. ¿Y si el próximo tiro se produce antes de los diez minutos? El timer arranca otra vez de cero.

Las luces funcionan gracias a las baterías que se colocan. Aquí juega la ecología: todas son recargables, y la empresa tiene un convenio con otra que se encarga de reciclarlas cuando se agota su vida útil (veinte horas aproximadamente). “Nuestra tecnología produce luz fría, reutilizable, de bajo consumo y mucha potencia”, amplía Tessman.

El carácter lúdico de la experiencia, también, crece a la sombra de las estrellas. “El jugador se planta distinto de día que de noche. A esta hora vienen sólo a divertirse, se sorprenden con lo que les va pasando, se ríen mucho. No existe esa concentración típica de una competencia”, compara el desarrollador. Y se puede comer, además: al final de los cinco hoyos preparados para jugar con la luna de testigo, cada viernes aparece desde la cocina una fondeau de queso, para arrancar, y otra de chocolate. Y eso sí que se festeja más que un hoyo. El menú para dos personas tiene un valor de 300 pesos, e incluye una copa de vino.

La práctica del golf nocturno puede desarrollarse desde fines de diciembre y hasta fines de febrero en la cancha que rodea la nave central del famoso hotel, todos los viernes desde las 21. El costo, para los huéspedes, es de 90 pesos, y de 120 pesos para los visitantes. Los que salen de jugar, diferencias de hándicap al margen, se igualan en algo: las ganas de volver a vivir la curiosa aventura.

Andres Eliceche (Desde Bariloche)
Notas de Perfil-Turismo

lunes, 31 de octubre de 2011

Australia: La sagrada Ayers Rock


Este inmenso peñasco, en el Parque Nacional Uluru-Kata Tjuta, es una sorprendente aparición en pleno desierto.

Es un sitio sagrado para los pueblos originarios de Australia , y se puede decir que se transforma en algo similar para los miles de turistas de todo el mundo que lo visitan cada año y caen ante el embrujo de su imponente presencia y sus cambios de color, y sobre todo ante ese rojo brillante que adquiere cuando la acaricia el sol del atardecer.

Uluru , también conocido como Ayers Rock, no es geológicamente más que lo que su nombre en inglés indica: una roca, o digamos, para ser más exactos, una formación rocosa compuesta por arenisca que se encuentra casi en el centro exacto de Australia, en el Territorio del Norte, 430 kilómetros al sudoeste de la ciudad de Alice Springs y a nada menos que unos 2.800 kilómetros de Sidney.

Casi en el centro exacto de Australia (el llamado Red Center, o Centro Rojo), y en el corazón del Parque Nacional Uluru-Kata Tjuta , la formación rocosa se erige como una especie de vigía de casi 350 metros de altura –aunque la mayor parte de ella se encuentra bajo tierra– en medio de un árido y duro desierto, donde las temperaturas promedio superan los 35 grados en verano y las lluvias no alcanzan a sumar 100 mm en todo el año.

Aun así, este monolito de piedra que en 1987 fue declarado Patrimonio de la Humanidad es uno de los monumentos más visitados del país. Tanto, que ha generado una verdadera “industria de la creatividad” o, para algunos, de lo kitsch: se lo puede admirar sobrevolándolo en avionetas o helicópteros, caminando por múltiples senderos de trekking, paseando en camellos, haciendo tours a la luz del amanecer o al atardecer; contratando el Cave Hill tour, que promete una experiencia cultural indígena, o hasta disfrutando de una cena de gala, con manteles, copas de cristal y un buen vino australiano, justo a sus pies, mientras el sitio sagrado va siendo devorado por las sombras de la noche.

También llamado “el ombligo del mundo”, Uluru y su vecino monte Kata Tjuta tienen un profundo significado histórico y cultural para los habitantes originarios de la zona, los anangu, para quienes este gran bloque de piedra representa el punto crucial en la intrincada red de rutas del Tjukurpa o Tiempo del Sueño –el principio de todo, la creación–. Aquí, en el lado norte habitaban los pitjantjatjara u hombres canguro, y en el sur, los yankuntjatjara u hombres serpiente. Entre ellos, en torno a Uluru se libraron dos grandes batallas, que aún son rememoradas en cantos y ceremonias de orígenes ancestrales.

Los propios anangu organizan visitas guiadas en las que, además de dar explicaciones sobre la flora y fauna y la vida en la zona, narran algunas de estas leyendas. Como la del lagarto Kandju, que llegó hasta aquí buscando su bumeran perdido, y que se representa en las grietas de la superficie rocosa.

El perímetro de Uluru (de 9,4 km) presenta numerosas cuevas y recovecos con pinturas y grabados, muchos de ellos relacionados con la fertilidad y la iniciación, que los nativos consideran de origen divino. Incluso las representaciones cercanas de Wandjina, un dios que se asemeja mucho a un astronauta o extraterrestre, dejan volar las teorías y especulaciones.

Muchas de estas representaciones e incluso zonas –como algunas cuevas– son sagradas para los habitantes locales, por lo que se pide a los visitantes no ingresar ni tomar fotografías. Hay cavernas exclusivas para hombres y otras únicas para mujeres, y no es posible infringir esta regla, pues sólo mirar las pinturas realizadas en la caverna del sexo opuesto puede acarrear terribles castigos por parte de Kandju, el Gran Lagarto. E incluso hay carteles que solicitan nada más que respeto, sobre todo a quienes llegan con la intención de escalar el Uluru: “No debería hacerlo. No es lo más importante. Lo realmente auténtico es detenerse y oír. Estar atento a todo lo que le rodea. Escuchar y comprender” , dice uno de ellos. Aun así, no son pocos los tercos que insisten y ascienden hasta la cima, a contemplar el desierto desde 348 metros de altura.

Según la inclinación de los rayos solares y la época del año, la superficie de Uluru adquiere distintas tonalidades. Su imagen más famosa es la del atardecer, pero quienes tienen la suerte de admirarlo en alguno de los escasos días de lluvia de la zona pueden verlo en un infrecuente tono gris plateado cruzado por curiosas franjas negras, que no son otra cosa que algas que crecen en los pequeños cursos de agua.

Con la entrada de tres días al Parque Nacional (US$ 24), se puede recorrer tanto Uluru como el cercano Kata Tjuta (a 25 km), también llamado monte Las Olgas, un grupo de extrañas formaciones, igualmente sagrado para los pueblos originarios. Kata Tjuta quiere decir “muchas cabezas”, y esa es una de las impresiones que causa este conjunto de cimas, cuya máxima altura es de 546 metros. La leyenda dice que allí arriba vivía Wanambi, la gran serpiente del arco iris, que sólo descendía en la estación seca. Y partes de la montaña se identifican con los liru (hombres serpiente), el hombre canguro malu, o los pungalunga, caníbales gigantes.

Como fuera, Kata Tjuta es sin dudas el complemento necesario de toda visita al desierto rojo de Australia y a Uluru. Y a sus fantásticas leyendas. El lugar perfecto para hacer caso a aquel aviso de los anangu, y detenerse a oír. A escuchar y comprender. O al menos intentarlo.

Pablo Bizón
Clarín - Viajes
Imagen: Clarín

jueves, 20 de octubre de 2011

Belem-Brasil: Entre anacondas y jaguares


La ciudad norteña tiene la mayor feria de América latina desde 1688. Religiosa, tórrida y salvaje, se abre al turismo en el delta del río Amazonas.

Por las calles de Belem se forman túneles de árboles de mango y se respira el aroma a selva. Mucha humedad y más calor caracterizan a la capital del Estado de Pará, al nordeste de Brasil, ciudad que conoció la grandeza cuando la fiebre del caucho, a fines de siglo XIX, la convirtió en un centro productivo elemental para el mundo y el más importante del Amazonas, junto con la ciudad de Iquitos, en Perú.

A los pies del delta que forma el río Amazonas cuando desemboca en el Atlántico, allí, bien al norte de Brasil, se forma el archipiélago Marajó, integrado por más de 3 mil islas. La ciudad, rodeada de canales y los últimos y más lentos brazos del río “mais grande do mundo”, alberga en sus alrededores a seis parques ambientales.

Como el Amazonas, el río, el delta y todo el país, Belem sorprende por sus dimensiones. Puerta de entrada a la selva y ubicada sobre la línea del Ecuador –hace falta vacunarse contra la fiebre amarilla antes de viajar–, fue un puerto peleado por ingleses, holandeses, franceses y portugueses, cosa que se refleja en la ecléctica arquitectura. En estos días está celebrando, como desde hace más de doscientos años (desde 1793) todos los octubres, una de las fiestas religiosas más convocantes del globo: la fiesta del Círio de Nossa Senhora de Nazaré para la que llegan alrededor de 1 millón y medio de peregrinos. Hasta el 24, misas, procesiones, música y ferias alegrarán las calles de esta ciudad de más de 2 millones de habitantes.


Y las dimensiones a lo brasileño continúan. El mercado Ver-o-Peso es la mayor feria de América latina. Fundada en 1688 por los portugueses que pretendían controlar con impuestos la entrada y salida de productos del Amazonas, se mantuvo de pie a través del tiempo y hoy es un viaje hacia los aromas más autóctonos. Pescados frescos por todos lados, carnes, hierbas medicinales, especias, frutas y verduras lo convierten en ese paraíso que todo viajero sabe apreciar.

La Cidade Velha, el barrio más antiguo de la ciudad, data del siglo XVII, cuando los portugueses se asentaron en lo que se conoce como la Bahia de Guajará. Allí levantaron el Forte do Castelo, que se visita y desde donde se aprecia una buena vista del cemento que se siente intruso entre tanto verde. Además, la Catedral Metropolitana da Sé y la Igreja do Santo Alexandre son dos tesoros arquitectónicos que no deberían obviarse.

Selva adentro
En el corazón de la ciudad, se encuentra el Parque Zoobotánico y el Museo Parense Emílio Goeldi, un espacio en donde las anacondas y los jaguares se combinan con multicolores especies de flora autóctona. Además, hay espacios dedicados a antiguas comunidades amazónicas, donde se puede conocer y aprender sobre cómo vivían y convivían en un ambiente donde la naturaleza parece tan impenetrable.


El Mangal das Garcas, a pocos minutos del centro, conserva ecosistemas típicos de la zona y los abre al público a través de paseos en barco.

De nuevo con un buen repelente de mosquitos en la piel, al día siguiente, sigue el ecoturismo. Después de una visita al Jardín Botánico Bosque Rodrigues Alves, el paseo continúa hacia las playas de agua dulce y agua cálida de la Ilha Mosqueiro, una antigua zona de fin de semana de las familias “caucheras”.

Bosques tupidos, ríos y arroyos esperan a 15 kilómetros del centro de la ciudad. El Bioparque Amazônia es un resumen de la selva distribuido en 22 kilómetros de senderos en un área que conecta cuatro ecosistemas autóctonos, donde se pueden ver lagartos, cocodrilos, monos, osos hormigueros, guacamayos, papagayos, tucanes, pacaranas, el águila arpía e infinidad de pájaros. Además, cuenta con un museo que guarda tres mil piezas de conchas y moluscos de todos los continentes.

Mariana Jaroslavsky
Perfil - Turismo
Imagenes: Web

lunes, 26 de septiembre de 2011

Tendencias en el aire: Diez cosas que nunca pensó hacer al volar

El futuro ya aterrizó entre nosotros: comprar pasajes, circular por el aeropuerto o pasar horas en un avión no es lo que fue alguna vez

Hubo un tiempo en que viajar en avión era, literalmente, abandonar el mundo por unas horas. No sólo porque se perdía toda comunicación con la tierra, sino porque uno se adentraba en un entorno muy diferente de la realidad terrestre: un ambiente relajado y seguro en los aeropuertos, el tamaño antediluviano de los aviones, azafatas encantadoras junto a pilotos de gorra y charretera, una cordialidad casi empalagosa y hasta espacio donde adquirir vicios sin impuestos ni culpa.

Algo cambió cuando los aeropuertos se empezaron a parecer más a los centros comerciales o a campamentos de refugiados, cuando los buenos modos entre pasajeros y empleados fueron minuciosamente reglamentados para evitar agresiones (que, aun así, ocurren) y cuando la onda saludable barrió los cigarrillos y el whisky a un rincón del free shop.

Lo cierto es que miles de millones de pasajeros al año han convertido el mágico acto de desplazar una multitud a 10.000 metros de altura dentro de una mole de acero casi en un hecho cotidiano.

Pero todavía restan muchos más grandes cambios por venir. Y estas son apenas diez cosas que nunca pensamos hacer antes o durante un vuelo, y que son inminentes o incluso habituales.

1. Adquirir un pasaje en el supermercado
Ya no es tan imprescindible un gurú para encontrar una tarifa razonable a cualquier destino que se le ocurra. Puede entrar a la página de cada aerolínea y averiguar los precios, compararlos con las agencias virtuales -como Despegar.com- y pagarlo en el momento con tarjeta de crédito o imprimir la boleta y abonarla en cualquier caja de pago electrónico, aun en un supermercado. Quien no se haya visto en esa situación puede asomarse al Carrefour de Paraguay 919 de la ciudad de Buenos Aires, a media cuadra de las oficinas de LAN, donde forman hilera pasajeros que, además, aprovechan y junto con un pasaje a Miami se llevan, por ejemplo, un yogur y media docena de huevos.

2. Verificar con el celular dónde están su avión, su equipaje o su asiento
Al reservar un pasaje online, muchas compañías permiten que tilde un casillero y comience a recibir un mensaje de texto o mail ante cualquier cambio en la programación del vuelo. Las funciones del celular se van ampliando para pronto informar también dónde está la nave, dónde está su equipaje y hacer su chequeo de asiento hasta el último momento antes de subir, que es cuando se liberan algunos lugares codiciados. Según un último estudio de la central de reservas Amadeus, "las tecnologías móviles emergentes revolucionarán cada etapa de la experiencia de viaje en el futuro". El informe, llamado El viajero siempre conectado, demuestra que un 16% de los 2978 encuestados utiliza su celular para comprar boletos, pero el porcentaje es creciente en los más jóvenes (18%) y en los viajeros frecuentes (33%). También revela que un 40% consultaría el estado de su equipaje y su vuelo si las aerolíneas instalaran esta tecnología push (enviada directamente por el servidor), algo que la mayoría está implementando.

3. Compartir un vuelo con mil personas
No es que hubiera intimidad en un vuelo tradicional, pero 150 o 200 personas parecía una cantidad razonable de compañeros de viaje. Cuando nos estábamos haciendo a la idea de que nos mantendríamos horas con los 400 pasajeros de un Jumbo (Boeing 747), nos encontramos ante los 840 del Airbus 380, que en su versión Extended, con pura cabina Economy, tiene capacidad para 1000 personas. Esos volúmenes nos remiten más a un congestionamiento urbano o al subte que a un viaje en avión, pero allí estaremos, todos juntos, enlatados, y en el aire.

4. Deambular en pijama entre los asientos
Las aerolíneas que se jactan de su servicio, empezando por las asiáticas, lo tenían desde hace tiempo y las europeas las siguieron. Entre ellas había una silenciosa competencia en la calidad (¿algodón o seda?), comodidad (botones, cierre relámpago o cerrados) y hasta el diseñador de la prenda (Christian Lacroix para Air France, Givenchy para Singapore, Peter Morrissey para Qantas). Pero desde el mes próximo, la menos pretenciosa American Airlines será la primera aerolínea norteamericana en incluir pijamas y amenidades de lujo en las clases Primera y Business.

5. Volar con una piloto
Las mujeres no sólo conducen países, sino que también pilotean aviones desde hace décadas, aunque era más común encontrarlas en los cockpits de Lufthansa o de American Airlines. De hecho, sólo hay 450 en el mundo, según la Sociedad de Mujeres Pilotos (Society of Woman Airline Pilots). Pero desde hace un par de años también es posible verlas en nuestras latitudes, ya que Aerolíneas Argentinas, Austral, LAN, Pluna y Sol tienen varias pilotos y hasta hay servicios donde todo el equipo técnico -piloto y copiloto-, así como las tripulantes de cabina, son mujeres.

6. Comprobar que allí arriba, también, todo está en venta
En la película Amor sin escalas , George Clooney conseguía los codiciados 10 millones de millas voladas y accedía a una tarjeta titanio de viajero frecuente después de pasar gran parte de su vida arriba de un avión. Los beneficios extraordinarios de tal categoría de clientes preferenciales son todo un mito en el mundillo aerocomercial. Tom Stuker, por ejemplo, es el pasajero número 1 de United, por haber llegado en julio pasado a 10 millones de millas, y hasta se han demorado vuelos para esperar que embarque, como admitió en una nota concedida a CNN.

Pero ya no será necesario viajar 80 veces a Hawai, como Stuker, para acceder a ciertos privilegios. Por dos razones: una, que es más fácil conseguir millas porque las alianzas entre compañías permiten acumular horas voladas sin necesidad de ser monogámico con la línea aérea. Además, cada vez más se amplía la variedad de tipos de compras con las cuales se acreditan millas.

En segundo lugar, las aerolíneas han puesto tarifa y ofrecen a cualquier paisano gran parte de los derechos antes reservados sólo para las elites voladoras. Pago mediante, se podrá tener el ingreso al salón VIP, un pase de cabina, embarcar en la primera llamada, los asientos con más espacio para las piernas, y hasta elegir preferencialmente ventana o pasillo. Además de los adicionales habituales para acompañar la comida estándar, como lo era el vino o algún licor, las aerolíneas también empiezan a disponer de menús más parecidos a los de primera clase o business en la cabina de turista, sólo que pagando aparte. Desde este mes, por ejemplo, KLM ofrece menús a elección para sus vuelos intercontinentales desde Amsterdam. Por entre 12 y 15 euros, se puede elegir entre comida japonesa, italiana, indonesia o vegetariana.

7. Conectarse desde las nubes
En los aeropuertos se puede acceder a onerosas redes de Wi-Fi (excepto, por ejemplo, en el Kigali de Ruanda, donde es gratis) y, poco a poco, las aerolíneas van incorporando esta prestación a bordo, un servicio que se habrá generalizado en un período de tres a cinco años, según la estimación de la industria. Las tarifas trepan desde 5 dólares por una hora y media, pero todavía es desparejo el nivel de acceso que ofrecen las que ya lo tienen habilitado en parte de su flota, como Virgin, Delta, British Airways, Lufthansa, United, Qatar y Air Canada.

También el uso de celulares durante el vuelo es algo que tiende a flexibilizarse a medida que avanzan los estudios sobre las interferencias comprobables de los equipos en los comandos del avión, como en Europa, donde ya se permite el encendido una vez que la nave superó los 3000 metros. El precio dependerá de la operadora y, por ahora, también está por las nubes.

8. Que lo despida una máquina y otra le dé la bienvenida
En el aeropuerto, una especie de cajero automático imprime su tarjeta de embarque y le indica en la pantalla que pase por el lector electrónico su pasaporte y la visa, si fuera necesaria. Deja el equipaje en una balanza que automáticamente emite dos papeles autoadhesivos con el peso y un código, para ser pegados en la valija y en su boarding pass. Después deja el bulto en el sector de equipaje y se va.

Es decir, el primer ser humano que encuentre en el proceso será el personal de seguridad y de Migraciones, que podrán tener muchas cualidades, pero no la simpatía.

Todavía no es así en Ezeiza, pero sí en otros aeropuertos, lo que anticipa que pronto desaparecerán esos guiños y frases de cortesía que intercambiábamos con los empleados de la aerolínea en el check in mientras descargábamos los nervios del viaje ("Es que es la primera vez que viajo en avión". "¿Seguro que no tiene un asiento más adelante?" "¿Qué sirven de comer?").

Hasta el ingreso a los países, como en los Estados Unidos, se está facilitando con computadoras que leen el pasaporte y habilitan el paso si se es residente.

9. Ser el único pasajero que mira las películas del programa oficial
Apenas el avión termina el proceso de despegue y se autoriza el uso de dispositivos electrónicos, cientos de pasajeros desenfundan sus aparatos con pantallitas en las que redactan, calculan, dibujan, ven películas, leen libros o escuchan música igual que lo harían en el living de su casa.

También las aerolíneas ofrecen ahora los juegos de computadora más populares y empiezan a transmitir televisión satelital, como en el caso de Virgin, Continental, Jetblue y Qatar.

Desde la única pantalla de cine al frente de cada módulo de la cabina hasta hoy, el término entretenimiento de a bordo ha incluido una oferta tan variada que será difícil encontrar en vuelo a alguien que le cuente el final de la película si se quedó dormido antes de que terminara.

10. Llamar al presidente de la aerolínea por su nombre de pila
Richard Branson, carismático presidente de Virgin, chatea, twittea y aparece frecuentemente en Facebook. No sorprende de parte de alguien que cada tanto, cuando pierde una apuesta, se viste de azafata y atiende el servicio de comidas de sus aviones. Pero aun los directivos menos irreverentes también han debido bajar al llano y relacionarse con pasajeros que llegan a su puerta, virtual o no, sin más fueros que la propia queja. Hace seis años fue noticia que el presidente de Continental debió pagar una cena a 270 usuarios del foro Flyertalk, donde discutía de igual a igual los cambios realizados en la compañía. Ahora, la novedad es un programa como el Surprise de KLM, en el que la misma aerolínea rastrea en las redes sociales inconvenientes que los pasajeros hayan podido tener en sus viajes, para anticiparse con alguna solución en el momento de embarcar o llegar a destino.

Las opiniones, buenas y malas, se vuelcan naturalmente en sitios como Skytrax, tal como se hace con los servicios turísticos en Trip Advisor. De hecho, la cuenta Twitter de la mayoría de las aerolíneas se ha convertido en un intenso canal donde se informa al instante sobre los cambios de programación de vuelos, se contestan preguntas urgentes y se derivan consultas más amplias.

Encarnación Ezcurra
La Nación - Turismo

lunes, 19 de septiembre de 2011

Europa: en la carretera

Antiquísimas iglesias, pueblos medievales y magníficos paisajes se funden en las rutas de Francia


Europa es, por lejos, el lugar del mundo con más atractivos por metro cuadrado. Allí, un pueblito cualquiera alberga un monasterio milenario, el camino menos pensado lleva hacia un castillo medieval, junto al más insignificante arroyo se levanta un acueducto romano y tras la más anónima de las colinas se esconde un restaurante de cinco estrellas Michelin. Y estas son cosas que no se ven desde el avión, sino a ras del suelo. Recorrer Europa dando saltos aéreos entre ciudades puede que sea práctico, rápido o relajado, pero te hace perder todo lo que hay en el medio, que es muchísimo.

Para ver todos esos “pequeños tesoros” (algunos no tan pequeños) que albergan las entrañas de Europa no hay nada como viajar en auto, aprovechando la extensísima e impecable red de autopistas y carreteras que une a todos los países del Viejo Continente. En estas páginas, proponemos uno de los muchísimos itinerarios posibles, que se comienza en Madrid y transcurre hacia el norte de Europa en etapas signadas por ciudades como San Sebastián, Burdeos, París, Brujas, Amsterdam, Colonia y Munich. Al dar la vuelta y emprender el regreso, la travesía enhebra urbes italianas como Verona, Florencia y Pisa, para luego recorrer la costa mediterránea de Francia y concluir en la fantástica Barcelona.

Es un viaje en el que nunca pasan más que unos pocos kilómetros sin que aparezca la tentación de detenerse a descubrir un sitio lleno de historia, de antiquísimas tradiciones o de delicias gastronómicas únicas. En este itinerario encontrarán una buena cantidad de consejos, advertencias, precios y datos útiles para planificar, o simplemente fantasear, con una travesía por las rutas de Europa.

El punto de partida es la capital española, una ciudad de múltiples encantos a la que hay que destinar al menos tres o cuatro días. Quienes la visitan por primera vez no pueden dejar de conocer sitios como la Plaza Mayor, la Gran Vía, los Museos del Prado, Thyssen y Reina Sofía y barrios como La Latina, Chueca y Malasaña, donde late la intensa vida nocturna y gastronómica de la ciudad. Madrid es además un sitio ideal para alquilar un auto, gracias a la diversidad de ofertas (ver Alquiler de auto). El viaje parte desde Madrid hacia el noreste, rumbo al País Vasco y la frontera con Francia, saliendo del centro de la ciudad por la circunvalación M-30 y luego la autopista A1. El recorrido tiene 450 km (unos 20 euros de peaje) y pasa por sitios como Burgos (parada para ver su famosísima y gótica Catedral) y Vitoria, la capital vasca, una de las ciudades más elegantes de toda España.

Llegados a San Sebastián, no hay plan mejor que reponer fuerzas en alguno de los bares de pintxos (tapas) del casco antiguo. Y luego destinar al menos una jornada para pasear por las playas de la bahía de la Concha, sus bulevares estilo belle epoque y los encantadores pueblos vascos que la rodean, como Tolosa, una pequeña y encantadora ciudad de puro carácter vasco, rodeada de colinas verdísimas, y Hondarribia, con su hermosa bahía y el puerto situado frente a la ciudad francesa de Hendaya.

En los “Autonautas de la Cosmopista”, el libro que Cortázar escribió junto a su mujer Carol Dunlop, se narran unas vacaciones de la pareja transcurridas en la fantástica red de zonas de descanso de las autopistas francesas (www.autoroutes.fr). Además, los campings de Francia suelen ser muy baratos y de excelente calidad (casi siempre tienen bungalows o cabañas), por lo que brindan la posibilidad de contar con opciones de alojamiento muy económicas y en contacto con la naturaleza.

Saliendo de España por el paso de Irún, las autopistas E70 y E5 van uniendo sitios de gran interés de la costa vasco-francesa como Saint Jean de Luz y Biarritz, hasta llegar a Burdeos, la gran capital del vino francés. Allí se puede hacer una escala breve para disfrutar de un almuerzo bien francés en alguno de los restaurantes del centro histórico o bien destinar un día a recorrer alguna de sus cuatro zonas vitivinícolas (Saint Émilion, Pomerol, Médoc y Graves), que combinan colinas tapizadas de viñedos, imponentes castillos y bodegas de enorme prestigio como el Château Lafite Rothschild, donde se elabora uno de los mejores (y más caros) vinos del mundo.

Continuando hacia el norte, se pasa por otras ciudades históricas como Poitiers y Orleans. En total, hasta París son 820 km (habrá que pagar 60 euros de peaje) que se pueden hacer de un solo tirón o durmiendo en alguno de los muy buenos campings que rodean las ciudades del camino.

Toda una vida no sería suficiente para conocer del todo a París. Pero el sentido común diría que en una visita corta no pueden faltar hitos como la torre Eiffel, el Trocadero, los márgenes del Sena, Notre Dame, los restaurantes de la zona de la Bastilla, el Centro Pompidou, los Museo del Louvre y D’Orsay y la bohemía super turística de Montmartre. Lo mejor es no estresarse: todo tiempo que se pase en París parecerá poco. Y un buen consejo es dejar el auto estacionado cerca del hotel (de ser posible en barrios no tan céntricos, como Montrouge) y moverse por la amplia red de transporte público de la ciudad.

Saliendo del centro de París por la Rue de la Chapelle se conecta con la Autopista del Norte (Autoroute du Nord), que va hacia la frontera con Bélgica y al norte de Europa. El viaje hasta Amsterdam tiene apenas 500 kilómetros (15 euros de peaje), un trayecto al que se le puede dedicar todo el día si se quiere parar en sitios como Lille (imperdibles: la ciudadela de Vauban y el casco antiguo de estilo flamenco) y Gante (también de estilo flamenco, famosa por la imponente Catedral de San Bavón), Brujas o Bruselas, una urbe cosmopolita y sofisticada, plagada de edificios art-deco. Si se parte de París bien temprano, Brujas puede ser un excelente sitio para almorzar y dar luego un paseo por esta ciudad bellísima, cruzada por canales y donde pervive intacta la identidad medieval.

Tras un par de paradas en el viaje (otra opción puede ser la melancólica ciudad portuaria de Amberes), se llega a Amsterdam junto con la caída de la noche. Amsterdam es una de las ciudades del mundo donde sale más caro estacionar. Mientras más lejos del centro, menos cuestan los tickets y la mejor opción es dejar el auto en alguno de los parkings P+R (una sigla que en holandés significa algo así como “parar y pasear”), que cuestan muy poco y están situados en los márgenes de la ciudad, junto a la ruta de circunvalación.

Famosa por su multiculturaliad y su tolerancia, Amsterdam es una ciudad que invita a ser recorrida a pie o en bicicleta, (el medio de transporte preferido por los “amsterdamers”), que se pueden alquilar en distintos lugares del centro. Un buen inicio para el paseo, sobre todo si es en bicicleta, es el Voldenpark, el mayor parque de la ciudad, que se halla muy cerca de dos imperdibles: el Museo Van Gogh y el Rijksmuseum. A partir de allí se abre la zona más céntrica, donde los célebres canales son más numerosos y dan marco a sitios de gran interés como la casa-museo de Ana Frank, los mercados callejeros de Boerenmarkt y Waterlooplein, la plaza del Dam y el pecaminoso “Red Ligth Square”, donde las prostitutas ofrecen sus servicios desde escaparates y abundan los coffe-shop en los que se vende legalemente marihuana.

Para los amantes de la gastronomía, la moda y las tendencias, no hay sitio mejor que el barrio de Jordaan, una especie de “Palermo holandés”, lleno de tiendas de moda, galerías de arte, bares y restaurantes de chefs jóvenes.

Para un automovilista no hay lugar como Alemania: allí no existen los peajes y no hay límite de velocidad. Además, la ruta que lleva desde Amsterdam hasta Munich no solamente recorre buena parte del país, sino que atraviesa varios parques naturales y durante muchos trayectos corre paralela al curso del río Rhin. Este es, sin dudas, el trayecto más disfrutable en el sentido “automovilístico”: poner un buen disco, comprar provisiones y luego disfrutar del simple placer de manejar por rutas amplias e impecables, rodeadas de bosques y encantadoras ciudades germanas.

En total, son 830 kilómetros, en los que se pasa por lugares como Colonia (hay que parar para ver, sí o sí, su Catedral, la obra maestra del estilo gótico) o Nuremberg (en un paseo rápido y a pie se puede disfrutar de hitos como la calle de los Derechos Humanos, la casa del pintor Alberto Durero y los puestos callejeros del casco viejo, donde se venden unas salchichas deliciosas que al parecer son típicas de la ciudad). A un ritmo tranquilo el viaje dura poco más de siete horas, por lo que al atardecer seguro se podrá divisar la gótica torre del ayuntamiento de Munich apareciendo desde el horizonte.

Munich es la capital de Baviera y es conocida en todo el mundo por la Oktoberfest, una fiesta que se realiza entre septiembre y octubre, con la misión de celebrar la pasión que esta gente tiene por la cerveza. La fiesta, que este año finaliza el 3 de octubre, tiene lugar durante dos semanas en el Theresienwiesen, un recinto situado a 10 minutos del centro en el que se levantan carpas que albergan cervecerías, restaurantes, escenarios musicales y espacios para bailar.

Si no se llega durante el Oktoberfest, Munich ofrece también otros muchos atractivos (buena cerveza hay todo el año y en todas partes), como la iglesia gótica de Frauenkirche, la ciudad Olímpica, los museos de la zona de Kunstareal y las elegantes tiendas de moda de la calle Maximilianstrase. Durante el paseo no se puede dejar de probar el “fast-food” típico de Munich, que es la weisswurst, una salchicha blanca que se sirve acompañada por un brezn (igual al pretzel) y un vaso enorme de cerveza de trigo.

Atravesando los espectaculares paisajes de las montañas austríacas, la ruta que va desde Munich hacia Italia pasa por Innsbruck, la capital de la cultura tirolesa, un sitio que parece ser el decorado de una película de Disney, ideal para una visita corta. El recorrido hasta Pisa es de 720 kilómetros (41 euros de peaje), pero en este caso conviene hacerlo en dos tramos, para pasar un día (o un par) en la incomparable Florencia.

Tras pasar por Innsbruck, la ruta atraviesa lugares como Verona (tiene un centro histórico impresionante, con un anfiteatro romano, un sinfín de iglesias de diferentes estilos y la casa de Julieta, en la que era cortejada por Romeo, según Shakespeare) y Bologna (el segundo casco histórico más grande de Italia, famosa por ser uno de los lugares donde mejor se come en todo el país). Y luego se adentra en el paisaje de la Toscana, uno de los escenarios más sugerentes de la Tierra, en el que se combinan colinas tapizadas de viñedos y olivares, antiguas haciendas renacentistas y un sol magenta que alumbra como en ninguna parte del mundo.

Florencia es la capital histórica y emocional de la Toscana, un lugar donde todavía se percibe esa constante búsqueda de la belleza que fue el Renacimiento. Su mayor emblema es la iglesia de Santa María del Fiore, la obra maestra de Brunelleschi, situada en la Piazza del Duomo, que es el punto de partida de cualquier recorrido por la ciudad.

En una estadía breve no se pueden dejar de visitar sitios como la galería de los Uffizi (una de las más grandes y antiguas pinacotecas del mundo), el Ponte Vecchio, la Galería dell’Accademia (donde está el David de Miguel Angel) y alguna de las muchas heladerías del centro, donde el “gelatto” alcanza estatura de arte. Un consejo: evitar que la visita a Florencia caiga en el verano europeo, cuando desborda de turistas.

Rumbo a la Costa Azul francesa –la última gran etapa del viaje– el itinerario transcurre por dos de las más sugerentes ciudades de Italia. Pisa, que está a apenas una hora de Florencia, es un hito obligado debido a su célebre torre inclinada. Su casco antiguo es tan encantador como pequeño, por lo que una buena idea es recorrerlo durante la mañana y al mediodía ya estar en la ruta rumbo a Génova, el puerto desde el que otrora partieron miles de inmigrantes rumbo a la Argentina, que ofrece sitios de gran interés, como la céntrica Piazza de Ferrari, la Catedral de San Lorenzo, el acuario y el viejo puerto.

Tras dejar atrás San Remo, aparece la frontera entre Francia e Italia y, unos pocos kilómetros más adelante, el principado de Mónaco, que no es más grande que un par de barrios porteños. Lujoso casi hasta la extravagancia, Mónaco es un lugar para curiosear a la pasada, ya que alojarse allí (o incluso comer algo) cuesta una fortuna.

Casi igual de elegantes son Niza (que, además de hermosas playas, tiene museos dedicados a artistas como Chagall, Matisse y Picasso) y Cannes (donde se pueden visitar los escenarios en los que transcurre su famoso festival de cine).
Antes de adentrarse en tierras catalanas, la Autopista del Mediterráneo pasa por ciudades francesas muy impregnadas por la cultura árabe, como es el caso de Marsella.

Tan caótica como interesante, Marsella es la segunda ciudad más poblada de Francia y su mayor atractivo son sus barrios, sitios llenos de vida y contrastes como Le Panier, un lugar ideal para pasear, comprar y disfrutar de una bouillabaisse, el guiso de pescado que es la gran especialidad local.

Al pasar por Colliure, uno de los pueblos más bellos del Mediterráneo, refugio de pintores impresionistas y escritores como Antonio Machado, el paisaje –cada vez más árido y mediterráneo– confirma el regreso a tierras españolas y la inminencia del final de la travesía.

La última parada es la ciudad de Gaudí, del Fútbol Club Barcelona y Ferrán Adriá, una urbe en la que el legado histórico se funde con las tendencias más vanguardistas en diseño, cultura y gastronomía. Entre sus infinitos atractivos, Barcelona cuenta con la iglesia de la Sagrada Familia, barrios históricos llenos de tiendas, bares y restaurantes como el Gótico, el Borne o el Raval, las playas de la Barceloneta, el museo Joan Miró y modernos centros de arte como Caixa Forum y el MACBA (Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona), entre tantos otros.

Por su carácter festivo Barcelona es el lugar ideal para dar por acabado el viaje, para que entre “cañas” de cerveza, fideuás y rondas de tapas, se adormezca la melancolía de haber llegado al final de una fantástica travesía por las rutas de Europa.

Diego Marinelli (Especial)
Diario Clarín
Imagen: Diario Clarín

miércoles, 7 de septiembre de 2011

Cafes legendarios (en el mundo)


Cafe Tortoni - Buenos Aires

En Viena, Barcelona, Praga o Venecia, algunos de los más tradicionales y encantadores locales donde comenzar el día o hacer la pausa justa para reponer energía y... viajar en el tiempo

Un buen café y un diario es una gran combinación para comenzar el día o hacer una pausa en el camino cuando viajamos. Especialmente si se da en un salón palaciego, cubierto de grandes espejos biselados, columnas de madera talladas, boiseries, arañas de cristal, vajilla de porcelana y un amplio etcétera haciendo juego. Donde los camareros están orgullosos de su trabajo y hasta visten de etiqueta. Y, lo más trascendente, donde se esté rodeado de habitúes que se conocen.

No por nada, ciertos cafés legendarios en el mundo conforman una aristocracia de la taza y se han transformado en grandes atracciones turísticas.

Como la mayoría de las cosas importantes, esta tradición viene de lejos, particularmente de Europa central y de fines del siglo XVIII, durante el Imperio Austro-Húngaro de Francisco José y Sisí. Y también de Oriente, con el café turco de Estambul y El Cairo, y su expansión en América.

En Buenos Aires, este modelo de café bar lo tomó, por ejemplo, la Richmond, en la calle Florida, que acaba de bajar su persiana no sin polémica. Y, por supuesto, el exitoso Tortoni, donde hay que hacer cola para conseguir entrar, y Las Violetas, que resucitó con sus vitraux.

A estos cálidos cafés los asociamos con los de ciudades como Viena, Budapest, París, Venecia o Roma, aunque no hay un lugar y una fecha precisos del nacimiento de esta institución gastronómica. Pero los rasgos comunes existen: las sillas Thonet, las mesitas de mármol, las cortinas de lazo...

El rito comienza por la mañana, pero se mantiene en continuado hasta la noche tarde. Por eso la fama de las tortas (por ejemplo, la Sacher), luego los bocadillos, los panini, un especial bien cargado o cualquier tente en pie porque el menú está al servicio del cliente y no del reloj. Aunque uno no pida nada más que un café, un vaso de agua y el diario. Y los minutos se hacen horas y a ningún mozo se le ocurre apurarlo acercando la cuenta a menos que se la pidan.

Café Landtmann - Viena

El mismo Sigmund Freud iba al Café Landtmann (Dr Karl Lueger Ring 4) que estaba cerca de su casa y sigue siendo uno de los mas espléndidos de Viena. Paraba allí como Cacho Castaña en el Café la Humedad. En Roma, lo mismo hacía Goethe, deslumbrado por Italia, Ruskin en Venecia o Nietzsche en Turín. En París, Sartre y Simone tenían su escritorio de hecho en el barrio de Saint Germaine, porque durante la ocupación alemana no había calefacción en las casas ni en los hoteles, pero sí en las confiterías y los teatros.

El café era un punto de encuentro que no necesitaba un celular ni un mensaje en Facebook. Se veía la vida pasar y pasar, mirando sin hacer nada, conversando o esperando a alguien que quizá nunca llegaba.

El café es un ingrediente necesario, pero no suficiente. Lo decisivo es la decoración, el ambiente, la onda y, fundamentalmente, sus parroquianos. Uno piensa que, igual que en algunos restaurantes de Puerto Madero, se los conquista con una atención especial para que sea más frecuente la visita de algunas personalidades que otras, apostando a la rueda de la fortuna del Quié n es quién de actualidad. Porque algunos son lugares para mirar y ser mirados. Uno puede ser un anónimo, pero al sentarse en una silla de esta aristocracia del mantel hasta se puede sentir contemporáneo de Voltaire, Hemingway, Picasso y Borges.


ROMA
Caffé Greco
Mirarse en su galería de espejos, en tres salones separados por arco de medio punto, es sentirse en compañía de músicos como Listz, Bizet o Wagner. Sobresale con su estampa de años, aunque esté rodeado de los locales de las más importantes marcas italianas. Fue fundado en 1760 por un emigrante griego, Niccola della Madalena, de ahí su nombre, a pasos de la Piazza di Spagna, al pie de la escalinata que lleva hasta la casa en la que murió John Keats. Por aquí se deslumbraba Goethe al familiarizarse con la cultura italiana desde los clásicos. Las salas son pequeñas, igual que las mesas y las sillas, con cuadros y fotografías que incluyen a Audrey Hepburn, La princesa que quería vivir. No es simple conseguir una mesa y suele ser mejor buscar un lugar vacío en la barra para pedir un café en lugar de aperitivos, como hacen los locales. Entre otras curiosidades, dicen que fue el primer local que permitió fumar a sus clientes.
Vía Condotti, 86. Roma (cierra los domingos)


VIENA
Das Café Central
Como Boca y River, también en Viena hay pasiones que dividen. Mientras el Frauenhuber era el preferido de la aristocracia, el Central fue elegido por los intelectuales y políticos desde que abrió en 1876 en el Palacio Ferstel. Su lista de clientes famosos es interminable hasta el punto de incluir antes de la revolucion soviética a Vladimir Lenin y Lev Bronstein, al que todavía no se lo conocía por su seudónimo de León Trotsky. Eran jugadores de ajedrez, el juego ciencia que preferían los parroquianos. Los tableros y trebejos eran tan comunes que parecía una escuela de ajedrez. El café se cerró al terminar la Segunda Guerra Mundial, pero se recuperó en 1975 y desde 1986 tomó su aspecto actual, transformado en una gran atracción no sólo turística, sino intelectual y gourmet a la hora de degustar sus 20 clases de tortas.
Herrengasse 14


VENECIA
Caffè Florian
Decir que es una maravilla es quedarse corto. Porque cuando anochece, a medida que la oscuridad avanza y la plaza se va quedando vacía crece su magia. Fundado en 1720 por Floriano Francesconi, mantiene la iluminación de sus lámparas de Murano a cuya luz se acentúa la belleza de las mujeres, que aquí nunca tuvieron el acceso prohibido como sí ocurría en otros locales. El Caffè Florian es una pasarela sensual y enigmática. En el Carnaval de la ciudad, allí se concentran disfraces y máscaras. Todo el año, el turista vive en un tiempo eterno. Igual que en Medianoche en París, la película de Woody Allen, no produciría sorpresa cruzarnos con Casanova o los personajes de Shakespeare, ver a Byron llegar nadando desde el Gran Canal o reconocer a Hemingway. Un café que es como Venecia misma, donde lo único que uno puede hacer es enamorarse del placer de vivir. Aunque sólo sea tomando un café que sabe a los dioses.
Piazza San Marcos. Venecia


EL CAIRO
Café Al Fishawi
Es el más antiguo de Egipto y pertenece desde 1773 a la familia que le da su apellido. Está en el centro del mercado más popular de la ciudad, Jar Jalili, que tiene seis siglos. Para llegar al café hay que recorrer el zoco, donde nos vamos perdiendo entre sorpresas hasta encontrarlo. Antes de viajar es aconsejable leer la novela El callejón de los milagros, escrita por Naguib Mahfuz, premio Nobel de 1988, el primero otorgado en lengua árabe. Y, por supuesto, era asiduo cliente del Café de los Espejos, como también se lo llama. En 1995, el director mexicano Jorge Fons tomó esa obra para una película. Nadie tiene apuro en un café y mucho menos cuando se trata de pedir un café turco o un té de menta mientras otros disfrutan de su pipa de agua, la tradicional narguila. No sirven comidas, pero no hay problema si quiere llevar un sándwich de falafel propio. Está abierto las 24 horas y, aseguran, no cerró una sola noche desde hace 200 años.
Plaza de Hussein. Jar jalili. El Cairo


ESTAMBUL
Pera Palas Café
Tiene todos los condimentos para ambientar una novela de misterio y es tan orientalmente suntuoso que pasa de una época antigua a la onda más actual. Está en la parte más vieja de la ciudad y era base para los viajeros del singular Oriente Express. Entre sus clientes no puede extrañar que haya estado Alfred Hitchcock, el maestro del suspenso, pero también Mata Hari, Sarah Bernhardt y Greta Garbo, entre otras personalidades, sin contar las criaturas imaginadas por Agatha Christie.
Mesrutiyet Cad, 98-100. Estambul


BUDAPEST
Café New York
Otro clásico del Imperio Austro-Húngaro transformado en atracción turística y al que numerosos cambios de dueños y renovaciones no le alteraron el estilo ultralujoso que fijó en sus comienzos en 1894. Aunque ahora forma parte del hotel cinco estrellas de una cadena italiana y sólo en su deslumbrante apariencia se lo puede llamar café. Llamarlo sólo cafetería sería un insulto al despliegue art noveau, con los frescos del cielo raso y los candelabros de cristal.
VII. Erzsébet körút 9-11 - www.boscolohotels.com


VIENA
Café Frauenhuber
El oro negro, como se lo llama al café, venía de Oriente. Al romper el segundo asedio otomano de Viena en 1683 y descubrir los europeos la conveniencia de importar ese producto surgió una sucesión de lugares para tomarlo socialmente. Desde ese momento surgieron los locales para tomar café, las Kaffeehaus, como una de las instituciones de Austria más copiadas en el mundo.

Al Café Frauenhuber se lo considera el más antiguo en su rubro y se mantiene tan espléndido como siempre. Su fachada data de 1769 y tuvo remodelaciones que no variaron su estilo. Desde el principio hasta hoy sirve, por la mañana, café, chocolate y té; limonadas con platos calientes al mediodía y tortas todo el día. Era el lugar de moda cuando allí tocaron Mozart en 1797 y luego Beethoven casi un siglo después. Tuvo cambios de nombre hasta que en 1891 se estableció como el Café Frauenhuber, pero sin perder la personalidad que lo había convertido en el favorito desde los días del Imperio Austro-Hungaro.
Himmelpfortgasse, 6. Metro U3 U1
Stephanplatz. Viena cafe-frauenhuber.at


PARIS
Le Procope
En Saint Germain des Pres, la entrada impresiona con su fachada con flores, vista tantas veces en miles de imágenes. Y si se accede por la parte de atrás, la calle adoquinada y semiiluminada remite al viejo barrio donde vivía Voltaire, muy cerca de las casas de Robespierre, Danton o Marat en tiempos de la Revolución Francesa. El edificio tiene varios pisos en laberinto y puede ser restaurante, brasserie, salón de fiestas o lo que se le ocurra. Sin dejar de ser un museo vivo. Porque desde que el siciliano Francesco Procopio dei Coltelli se instaló en 1686, cuando reinaba Luis XIV, el Rey Sol, no hubo figura notable que no lo frecuentara. Los conocedores aseguran que ésta fue la mesa de Molière, que en aquella otra escribió Diderot su enciclopedia, que en la de más allá se sentó Napoleón siendo militar en ascenso. La lista de comensales sigue con Balzac, Victor Hugo, Verlaine, sin olvidar a Julio Cortázar.
13 rue de l'Ancienne Comedie


PRAGA
Café Slavia
Los cafés en la actual República Checa mantienen el escenario de los que se hicieron famosos en el Imperio Austro-Húngaro del que formaban parte. Este local de 1863, de arquitectura art déco, es uno de los más famosos y si bien Franz Kafka nunca dio un nombre propio de su ciudad, era seguramente uno de sus clientes como su poeta compatriota Rainer Maria Rilke. No sólo abundan los diarios para consultar igual que en Viena, sino también el strudel o el pastel babovka y hasta una cerveza checa desde sus amplios ventanales cercanos al Teatro Estatal donde Mozart dirigió el estrenó de Don Giovanni, en 1787.
Smetanovonabrezi, 2


MADRID
Café Gijón
Impone respeto por orden de memoria con sólo tomar asiento en sus sillas de terciopelo rojo. Porque eso mismo hicieron Federico García Lorca, Antonio Machado, Jardiel Poncela, Camilo José Cela y la mayoría de los prohombres de la literatura española. Es sinónimo de tertulia, lo que implica no sólo hablar, sino tener algo que decir y la aceptación de escuchar. Hermano de sangre del cuadro La tertulia del Café Pombo, de José Gutiérrez Solana que está en el Centro Reina Sofía. Si bien son famosas sus tertulias y participantes, también lo es el local en sí mismo con la diversidad de comidas, su terraza en el verano y horarios de las 9 a las 2 de la madrugada.

Fundado en 1888 por Gumersindo Gómez, un asturiano que dispuso que el local jamás cambiara de nombre y que mantiene el premio literario que lleva su nombre creado por otro habitué, Fernando Fernán Gómez. Es una reliquia vital de la tradición de El Colonial, el Café de Oriente, Café Pombo, la Flor y Nata, entre otros grandes y recordados cafés de los años 30, previos a la Guerra Civil Española.
Paseo de Recoletos, 21 - www.cafegijon.com


LISBOA
A Brasileira
Fernando Pessoa, uno de los mayores poetas portugueses y universales, sigue en la terraza con su estatua de bronce junto a una taza de café. Es difícil no tentarse en sacarse una foto a su lado y luego pedir un pastel de nata (pastéis de Belém) cuya receta es secreta desde hace dos siglos. El local está en el barrio Chiado, uno de los más encantadores de una ciudad encantadora donde recibe la brisa cercana del mar y la música de los fados está en el aire. Fue creado en 1905 por Adriano Telles con el propósito de importar productos desde Brasil, en especial el café de Minais Gerais. De su destino anterior, un negocio de camisería, le quedó su forma angosta y alargada, enriquecida con sus maderas talladas, mosaicos, espejos y bronces. El comerciante alentaba degustaciones con una tacita pequeña pariente del expreso. Como suele ocurrir, a pesar de su prestigio, corrió el riesgo de ser demolido. Lo rescató del olvido el movimiento de opinión para preservarlo como patrimonio cultural.
Rua Garrett, 120


BARCELONA
Café de L'Opera
En las Ramblas se mantiene la atracción, local y turística, de un café que nació en 1928 y mantuvo una clientela permanente. Nunca cerró ni siquiera durante la Guerra Civil Española y a través de sus tres libros de firmas tiene el capital mayor de su propósito de tolerancia, algo así como el alma máter de lo que debe ser un café. Allí figuran tanto el rey Alfonso XIII como anarquistas, bohemios e intelectuales, pintores, escritores, artistas, cantantes y, por supuesto, políticos y sindicalistas, lo mismo que futbolistas del Barcelona y hasta del Real Madrid. El local nació bajo el signo del modernismo catalán, con atrevimientos como los de una larga barra, poco común en un lugar de alta categoría. Fue restaurado por el arquitecto Antoni Moragas, uno de los grandes del diseño, que falleció en 1985. El café forma parte del patrimonio histórico de la ciudad y es uno de los más concurridos.
La Rambla 7.

Horacio de Dios
La Nación - Turismo
Imagen Web

sábado, 20 de agosto de 2011

Eslovenia: Verano en Piran



Con sabores italianos y espíritu medieval, la ciudad costera que se baña en el Mar Adriático se ve como una escultura tallada por Miguel Angel.

Techos eslovenos. Casi como un cuadro impecable, el trazado medieval de la ciudad amurallada habla del respeto de los eslovenos por las joyas de su pasado.

En una clara mañana de verano, el paseo empedrado del pueblo costero de Piran estaba repleto de hombres bronceados observando a un buen número de mujeres con el torso desnudo y acostadas lo largo de la playa rocosa. Piran, sin embargo, no está en la Riviera francesa, y tampoco es una somnolienta aldea italiana de pescadores, pese a la abundancia de pizzerías, iglesias góticas venecianas y restaurantes con nombres como Verdi Inn.

Piran, por extraño que pueda parecer, está en Eslovenia, entre Italia y Croacia a lo largo de la punta septentrional del Mar Adriático. Y este pueblo medieval con una población de 5 mil almas ha conquistado la reputación de ser la joya de la corona de la costa norte del Adriático.

Recibe a viajeros que buscan los extensos viñedos estilo toscano, paisajes incomparables y deliciosa comida italiana, sin tener que soportar las muchedumbres de turistas, los precios exorbitantes y hoteles sin encanto que últimamente parecen haberse hecho presentes en toda Italia.


Piran se encuentra en una península en declive y es un laberinto de techos anaranjados, muros semiderruidos y una plaza de mármol circundada por fachadas que el propio Miguel Angel podría haber tallado. Los fines de semana, la plaza está atestada de gente que disfruta el teatro el aire libre, los bailes y la música de cámara.

Si bien el pueblo oficialmente es bilingüe (esloveno e italiano), su cocina de pescado fresco y pasta es inequívocamente italiana. Y hay una buena razón para ello: Piran fue gobernada por Venecia durante unos 500 años. La comida típica eslovena, usualmente compuesta por alguna forma de salchichón y pudines de pasta rellenos de carne, sólo hace breves e infrecuentes apariciones en los menúes. Manteles a cuadros y música, en su mayor parte de grabaciones de Puccini, completan el efecto. “Es todavía una aldea de pescadores y se siente casi exactamente como era durante el imperio veneciano”, dice Lea Suligoj, de la oficina de turismo de la población.


Los restaurantes con la cocina más refinada se encuentran alineados en la explanada cercana al mar. Allí se puede beber refosk, el vino tinto local, comiendo mariscos o el plato típico de Piran: rebanadas delgadas de lobina de mar o calamar a la parrilla en aceite de oliva (32 dólares).

En una noche clara, la acción se desplaza a la terraza con alcobas, desde donde se domina el azul Adriático y se pueden ver claramente las titilantes luces de Trieste.

Lionel Beehner
The New York Times / Travel
Reproducido por Perfil - Turismo

viernes, 12 de agosto de 2011

Los Puquios: Mendoza-Argentina



Escondida en la nieve, a 180 kilómetros de la ciudad de Mendoza y apenas a 5 del centro de esquí Penitentes, una perlita viene creciendo durante los últimos cinco años. Los Puquios, el primer parque de nieve de la provincia, invita a esquiar con tarifas muy accesibles y sumando otras opciones como patinaje sobre hielo al aire libre, paseos en moto, caminatas con raquetas, trineos y tubbing.

Aquí no hay gigantescas aerosillas ni kilométricos ascensos. Apenas tres medios de elevación, que conducen a diferentes pistas y alturas en la montaña, ofrecen una opción acotada aunque variada para esquiadores principiantes e intermedios. Las grandes protagonistas acá son las familias, que llegan con niños inexpertos y se van con pequeños esquiadores.

"Nos hicimos cargo del parque en 2007 y desde entonces, el público acompañó y crecimos exponencialmente. Nuestra impresión es que el esquí en la Argentina es un deporte demasiado elitista y caro. El objetivo es bajarlo a la tierra, hacerlo más barato, más fácil, más divertido y descontracturado", cuenta su director operativo, Eduardo Soler, un eximio esquiador que trabajó durante 30 años en la industria de la nieve local y en otros países. Junto con Jorge Pérez Polo, primero tomó la concesión del parque y luego lo adquirió.

Tradicionalmente, unas 4500 personas pasaban por Los Puquios cada temporada. Este año, tras una inversión sostenida, sus responsables prevén unos 25.000 visitantes.

Nievelandia es un predio cercado en la base para que chicos de 3 a 6 años den sus primeros pasos en el esquí. Hay mesitas con bloques sobre la nieve, una pequeña cabaña calefaccionada con maestra jardinera y juegos, mesa para dibujar y títeres. En temporada alta, el costo, por chico, por 3 horas, es de $ 125. El día completo, 180 y 140 pesos.

Para el resto de los esquiadores hay dos opciones de clases: Animate, para niños de hasta 11 años e inexpertos, cuyas grupales de una hora tienen como máximo diez alumnos ($ 85, en alta y 75 en baja), y Desafío Puquios, para mayores de 11 con una hora y media de duración (150 y 120 pesos).

Además de una pista para hacer tubbing, otra para trineos plásticos, y un pequeño espacio para patinaje sobre hielo, este minicentro de esquí tiene tres medios de elevación. El primero es un poma portátil, llamado poma escuela. Por aquí pasa cada novato que anhela darse la menor cantidad de porrazos posibles, por ser una pista con una mínima pendiente. Con un poco de seguridad en los esquíes, el paso siguiente será el poma para principiantes, con un ascenso de 180 metros y una pista ancha donde empieza a sentirse la velocidad. Por último se puede subir 520 metros hacia arriba de la Cordillera en el teleski (similar al poma), de donde se desprenden varios senderos y algunas opciones fuera de pista interesantes. El recorrido más largo tiene 1200 metros, y una de sus pistas está homologada por la Federación Argentina de Esquí y Andinismo para competencias infantiles. Las bajadas son en su mayoría principiantes, con esta última intermedia avanzada, si bien no es muy larga. En total, la superficie esquiable es de tres hectáreas.


Buenos precios
Este año se sumó al paquete una cabaña con servicio gastronómico y se ampliaron los servicios básicos, entre otros la playa de estacionamiento, y el stock de equipos de esquí para alquiler. Un año antes se importó una máquina pisanieve que deja la montaña blanca peinada como un corderoy.

La confitería también acompaña la política de precios de Los Puquios. Un menú de almuerzo cuesta $ 60 y puede constar, por ejemplo, de una sopa, un plato de lentejas y una gaseosa. Una familia de cuatro puede optar por una pizza, hamburguesas, empanadas o tostados y comer por poco más de 100 pesos.

"Consideramos que somos el parque de nieve más grande de la Argentina y con la mejor infraestructura. Tenemos todo lo que tiene un centro de esquí, pero más acotado, excepto el alojamiento. Esto no es para esquiadores expertos. Es para que los chicos vengan a aprender, y mientras tanto los padres también tengan algo para divertirse y esquiar", explica Soler, y cambia a un canal de dibujitos en el plasma de la confitería al advertir que hay dos niños en una mesa.

Antes de terminar la temporada está previsto instalar luces en la pista de principiantes, y se lanzará un pase nocturno, de 18 a 21 (actualmente el horario es hasta las 17.30). El máster plan del emprendimiento terminaría con una telesilla y una hostería con gastronomía, guardería, renta de esquíes y snowboard, enfermería y vestuarios. Si el tráfico proyectado acompaña estará en condiciones de construirse en dos años.

Una vez que el esquiador quiere un poco más de adrenalina, la ruta 7 ofrece dos centros de esquí más completos. Penitentes, a 5 km hacia el este, es un clásico con 300 hectáreas de superficie esquiable. Hacia el oeste, a 25 km y ya en tierra chilena, está Portillo, uno de los más prestigiosos centro de esquí de América del Sur, con 12 medios de elevación y 23 pistas.


DATOS UTILES
Cómo llegar
Los Puquios se encuentra a 180 km de la ciudad de Mendoza, sobre la ruta nacional Nº 7. Se puede llegar en auto por ruta asfaltada, o bien volar a Mendoza (desde $ 840 ida y vuelta por Aerolíneas) y tomar el servicio diario de Turismo Uspallata (60) en dos frecuencias diarias.

Cuánto cuesta
El pase diario cuesta $ 125 en temporada alta y 100 en baja, si todas las pistas están abiertas. Cuando los medios no están todos habilitados por falta de nieve, el precio baja a 100 y 80. Se alquilan equipos de esquí e indumentaria para quienes lo requieren (80, por esquíes, botas y bastones).

Dónde dormir
El hospedaje más cercano es la Hostería Puente del Inca, a 1 km (www.hosteriapdelinca.com.ar), con tarifas que rondan los $ 500 por la habitación en base cuádruple en alta temporada. A 6 km hay más capacidad en Penitentes, como el Refugio Cruz de Caña, o el complejo Ayelén con una hostería, un hotel y departamentos (desde $ 780 para cuatro personas). A 60 km está el pueblo más cercano, Uspallata, con aún más hotelería y variedad de precios. Conviene consultar ya que muchos alojamientos sobre la ruta 7 ofrecen vouchers de 25% de descuento para el pase diario en Los Puquios.


MAS OPCIONES
El parque de nieve suele estar diseñado a medida de los principiantes e implica una superficie y estructura más chica que un centro de esquí.

En Neuquén el principal es Batea Mahuida , en Villa Pehuenia, un paraíso rodeado por las aguas cristalinas de los lagos Aluminé, Moquehue y Ñorquinco, y bosques de araucarias. Este parque administrado por mapuches tiene dos medios de elevación que conducen a cuatro pistas. El más alto sube 90 metros y su descenso principal tiene 700 metros. El pase diario cuesta $ 95 (75 desde el 24 de agosto).
www.cerrobateamahuida.com.ar

El Cerro Wayle cuenta con tres pistas de 300 metros, escuela de esquí, confitería, refugio y alquiler de esquíes en la base. A partir de esta semana el pase cuesta $ 54 para mayores y 36 para menores. Chos Malal es la ciudad más cercana para hospedarse, 45 km al Sur.
www.wayle.com.ar

Primeros Pinos es el más pequeño de Neuquén, rodeado de araucarias. Tiene sólo un ski lift para un largo máximo de pista de 300 metros. Se alquilan equipos y trineos, y hay una hostería con restaurante. Es frecuentado por pobladores de la zona, a 50 km de Zapala.

En Río Negro, El Bolsón tiene el parque de nieve Cerro Perito Moreno , que ofrece trineos, caminatas con raquetas y paseos en cuatriciclos. Además cuenta con un pequeño centro de esquí con cinco medios de elevación (el más alto es una aerosilla doble de 1250 mts de longitud) y nueve pistas. El pase diario cuesta 90 pesos.

En el Cerro Otto de Bariloche, Piedras Blancas tiene 3000 metros de pista para trineos y se accede a la cima a través de una aerosilla (paquete con trineo, $ 170 mayores y 110 menores) donde además está la escuela de esquí Winter Park.
www.piedrasblancasbariloche.com

Valdelén , en Río Turbio, al sudoeste de Santa Cruz, tiene un pequeño centro de esquí con una aerosilla, un T-bar y dos pequeños medios de arrastre. Ofrece 100 hectáreas esquiables hasta entrada la noche, gracias a su sistema de iluminación. El pase diario cuesta $ 80 los mayores y 50 los menores, e igual monto el alquiler de equipos.

Lucila Marti Garro
La Nación - Turismo
Fotos: Web

jueves, 28 de julio de 2011

Los diez lugares más asombrosos y misteriosos del mundo

Viajar y conocer el mundo genera una sensación especial en todas las personas. Pero hay lugares que tienen la característica de despertar más sentimientos especiales que otros, ya sea por su grandeza, su majestuosidad o su rareza, fruto del trabajo del hombre o de la creación natural.

Se trata de esos "rincones especiales" del mundo, que transmiten gran energía a los viajeros y les inspiran asombro, impacto y admiración.

En este marco, el sitio Rankeen.com elaboró una lista de los diez "lugares que poseen un sentido o significado propio ya sea por sus historias, por los misterios que los rodean o simplemente porque se trata de sitios de una belleza única y particular".


1. Las pirámides y Esfinge de Egipto
Sólo con contemplar las pirámides y la Esfinge egipcias a muchos les tiemblan las rodillas. Parece increíble que obras de semejante envergadura hayan sido construidas miles de años atrás. Y más aún sorprende que hayan sobrevivido al paso del tiempo para convertirse en los más portentosos y emblemáticos monumentos que hoy en día hablan de esa antigua civilización.

Este sitio es considerado por muchas personas como el lugar más enigmático y misterioso del mundo.

Sobresalen las tres grandes pirámides de Giza (tumbas de los faraones Keops, Kefrén y Micerino), cuya construcción se remonta, para la gran mayoría de estudiosos, al período denominado Imperio Antiguo de Egipto.

Además, tal como recodó Rankeen.com, la Gran Pirámide de Giza, construida por Keops (Jufu), es una de las siete Maravillas del Mundo.

La más antigua de las tres, también conocida como Gran Pirámide, se estima que se construyó hace aproximadamente 4.400 años. Por aquel entonces todavía no se conocían técnicas tan importantes como la polea. Por eso llama la atención cómo lograron levantaban piedras de 30.000 kilos hasta una altura de 150 metros.

Se utilizaron para su construcción más de dos millones y medio de bloques transportados por 100.000 hombres durante los 20 años que duró el trabajo.

No menos misteriosa resulta la Esfinge, de la que se sabe tiene una cámara secreta debajo de una de sus patas y que, según algunos expertos, también contiene un pasadizo hacia la Gran Pirámide.

La Gran Esfinge de Guiza representa al rey con la fuerza de un león y con la inteligencia humana.

Fue la primera vez que se utilizó esta estatua como guardián de la tumba real, al lado de las grandes avenidas que sirvieron para abastecer los materiales necesarios para la construcción del complejo funerario.

Mide 73 metros de largo por 20 de alto y 14 de alto. Se realizó aprovechando un enorme saliente de roca caliza existente en el lugar, aunque se le añadieron sillares de piedra para realizar la cara del faraón y otras partes.

"Sin dudas al encontrarnos frente a ellas se tiene la impresión de hallarse en presencia de monumentos que guardan en sus entrañas secretos trascendentales muy estrechamente relacionados con sus estructuras", subraya el sitio de rankings.



2. Machu Picchu - Peru
Hace pocos días el mundo celebró los 100 años del redescubrimiento de las ruinas de Machu Picchu, una espectacular ciudad que revela la grandeza de la cultura indígena y que conquista anualmente a cientos de miles de turistas que las visitan en Perú.

Este extraordinario emplazamiento se encuentra a mitad de camino de la meseta de los Andes, en medio de la jungla amazónica y sobre el río Urubamba.

Fue abandonado por los Incas debido a un brote de viruela y, después de que los españoles vencieran a este imperio, la ciudad permaneció "olvidada" durante tres siglos, hasta que fue redescubierta por Hiram Bingham en 1911.

Machu Picchu habría sido una de las residencias de descanso de Pachacutec (1438-1470). Sin embargo, algunas de sus mejores construcciones y el evidente carácter ceremonial demostrarían que ésta fue usada también como santuario religioso.

Recientes estudios realizados sobre la base de los archivos documentales del siglo XVI han brindado buenos y nuevos argumentos para determinar que la ciudadela de Machu Picchu fue, como las pirámides de los faraones de Egipto o la tumba del emperador chino Chi Shi Huan, un lujoso y bien cuidado mausoleo para recibir los restos del monarca Pachacutec.

"Los turistas que visitan esta reliquia natural quedan convencidos de que quizás el misterio nunca será develado del todo porque hasta ahora, sólo existen hipótesis y conjeturas. La sorprendente perfección y belleza de los muros de la ciudad -construidos uniendo piedra sobre piedra, sin cemento ni pegamento- han hecho surgir mitos sobre su edificación", puntualizó Rankeen.com.

Desde 1983, Machu Picchu es integrante en la lista de Patrimonios Mundiales y desde 1981 es una Zona de protección ecológica. Sin embargo, las autoridades peruanas aún tienen que luchar con los problemas latentes en la zona tales como los incendios forestales, conservación de especies en vías de extinción y mantenimiento constante de las ruinas.


3. Stonehenge (condado de Wiltshire, Inglaterra)
Desde la antigüedad, Stonehenge ha despertado la atención y la admiración de los visitantes por su extraña y sorprendente arquitectura.

No hay actualmente nada en el mundo que de manera alguna pueda compararse con este misterioso santuario, construido no con argamasa y piedra, sino simplemente con grandes bloques rectangulares de piedras.

Este sitio es considerado por muchos como un hito de la ingeniería. Construido en tres fases durante un período de 1.400 años, fue llevado a cabo por un gran grupo de obreros motivados, que poseían una clara idea de que lo que querían lograr y las habilidades necesarias para realizarlo.

Durante centenares de años, científicos e investigadores han rivalizado por encontrar el origen y significado de este monumento pero, a pesar de tantas cábalas e hipótesis, lo cierto es que el misterio del significado de las ruinas de Stonehenge sigue en pie.

Lo que se sabe es que este sitio era parte de un complejo ceremonial mucho más grande, que incluía círculos de piedra y de madera y avenidas ceremoniales.

Stonehenge está constituido por grandes bloques rectangulares de piedra ordenados en círculo, formando dinteles.

"Lo hallamos situado en el centro de un terreno rodeado por un foso circular que mide 104 m de diámetro. Dentro de este espacio se alza un bancal en el que aparecen 56 fosas conocidas como los ‘agujeros de Aubrey'. Las piedras eran probablemente transportadas en enormes balsas a lo largo de la costa de Gales y hasta el río Avon. Luego eran arrastradas por tierra hasta Stonehenge, sólo para ser abandonadas durante un siglo o más antes de que el verdadero trabajo comenzara", explicó el sitio web.


4. Petra, Jordania
En medio del desierto jordano, Petra se presenta como un bello enigma aún no completamente revelado. El nombre significa piedra en griego, y es justamente porque la ciudad está enteramente construida en piedra rosada.

Los edificios más célebres son el Templo de los leones alados y la Tesorería. Desde 1985 es reconocida como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

Petra es, sin ninguna duda, el tesoro más preciado de Jordania y su atracción turística más importante. Según describe la página web de rankings, se trata de una enorme ciudad excavada por completo en las rocas por los nabateos, una tribu árabe muy trabajadora que se estableció en la zona hace más de 2.000 años.

Fue fundada en la antigüedad hacia el final de siglo VII a. C. por los edomitas, aunque luego fue ocupada en el siglo VI a.C. por los nabateos que la hicieron prosperar gracias a su situación en la ruta de las caravanas que llevaban el incienso, las especias y otros productos de lujo entre Egipto, Siria, Arabia y el sur del Mediterráneo.

"Sin dudas la visita a esta imponente ciudad será inolvidable. Veremos una inmensa fachada, de 30 metros de ancho y 43 metros de alto, excavada en la cara rocosa de rosa pálido eclipsa todo a su alrededor. Se construyó en el siglo I como la tumba de un importante rey nabateo y es una muestra del talento para la ingeniería de este antiguo pueblo", puntualizó Rankeen.com.

Una de las mejores recomendaciones al visitar este sitio es que contratar un beduino a la entrada del parque arqueológico, en el Centro de Visitantes, ya que uno puede así sacar ventaja de los conocimientos que tienen estos guías, quienes muchas veces han vivido toda su vida en Petra. Pagando por el alquiler de un burro o un camello, seguramente también les contarán toda la historia del yacimiento.

En el interior del sitio también se pueden encontrar dos museos: el Museo arqueológico de Petra y el Museo nabateo de Petra. Ambos cuentan con un gran fondo de piezas procedentes de la región y ofrecen una visión de conjunto del pasado de la ciudad.


5. El Lago Ness - Escocia
Sin dudas, al pensar en Escocia, nadie tarda en traer a su mente la leyenda del Lago Ness, según la cual, en el interior se alberga un monstruo.

Y nada mal le ha ido a la región valiéndose de esta temeraria criatura escondida. Sucede que, su supuesta presencia, atrae anualmente a una gran cantidad de turistas. Aunque nunca se pudo comprobar nada, son muchas las personas que aseguran que han avistado a Nessie.

La mayoría de los científicos y otros expertos afirman que las pruebas que apoyan la existencia de Nessie no son convincentes, y consideran a dichos informes como fraudes o identificaciones erróneas de criaturas reales. Pero eso no desalienta a los curiosos.

Los barcos parten desde varios puntos de la costa dando a los turistas la oportunidad de buscar al monstruo.

El Lago Ness forma parte de la serie de lagos interconectados de Escocia que fueron labrados por los glaciares durante las anteriores glaciaciones.

Sus aguas tienen una visibilidad excepcionalmente baja debido al alto contenido en turba procedente de los suelos cercanos.

Es el segundo lago más grande de Escocia por área de superficie, con alrededor de 56,4 km2, pero debido a su gran profundidad es el de mayor volumen: contiene más agua dulce que todos los lagos de Inglaterra y Gales juntos.


6- La Pirámide del Sol y de la Luna- Mexico
Ruinas precolombinas en la ciudad de Teotihuacán, a sólo una cincuentena de kilómetros al norte de la Ciudad de México.

La Pirámide del Sol es el edificio prehispánico de mayores dimensiones de su época (100-650 d.C.) y es uno de los más importantes de Mesoamérica. Su nombre se debe a que, desde el siglo XVI, las crónicas mencionan que este gran monumento fue dedicado a esa divinidad.

En tanto, los túneles que se aprecian en sus costados han sido efectuados por diversos investigadores con el objeto de conocer su historia y su sistema constructivo.

En el marco del folclore popular, se dice que estando en la cúspide, de pie en el centro de la plataforma, si se pide un deseo, éste seguramente se cumplirá. También es el lugar apropiado para recibir "energía cósmica" y hasta hay padres que llevan a sus niños en brazos hasta la cima para presentarlos al cosmos.

En tanto, la Pirámide de la Luna se encuentra en la parte norte de Teotihuacán y su contorno imita al del Cerro Gordo, llamado en náhuatl Tenan, que significa "madre o protector de piedra". Es la edificación más grande de la ciudad después de la Pirámide del Sol y cubre una estructura más antigua.


7- Isla Santorini - Grecia
conocida por sus casas blancas y techos azules, que se alzan en medio del Mar Egeo.

Se trata de un lugar absolutamente diferente a todas las islas Cycladas. "Su configuración geológica le da esa belleza salvaje y única", puntualizó Rankeen.com.

Santorini tomó su forma actual al hundirse la caldera de un enorme volcán. Su capital es el pueblo de Thira y su principal puerto el de Acinios.

Su espectacular belleza, junto con una animada vida nocturna, la han convertido en uno de los principales destinos turísticos de Europa.


8- Isla de Pascua, Chile
Ubicada en la Polinesia, en medio del Océano Pacífico.

Tiene una superficie de 163,6 km² y una población de 3.791 habitantes. Pero es mundialmente conocida por los cientos de estatuas gigantescas, algunas erguidas sobre plataformas de piedra, otras enterradas o rotas sobre el suelo, que dominan su horizonte.

Su nombre se debe a que los europeos la descubrieron el día de Pascua de 1722. Tanto las leyendas de los isleños como los estudios realizados son insuficientes para identificar a los constructores de estas magníficas estatuas. A lo sumo se puede decir que esas construcciones tienen cierta afinidad con las de Perú, aunque hay otros elementos de la cultura peruana que eran desconocidos en la isla.


9- Bimini - Bahamas
Se trata de una formación de rocas subacuáticas cerca de norte Bimini, isla en las Bahamas.
Las rocas que componen la muralla del "Bimini Road" son básicamente bloques de piedra caliza de distinto tamaño, generalmente de base rectangular, dispuestos en forma más o menos irregular según el tamaño, pero alineados muy llamativamente según sus bordes y según el patrón de "ruta", lo que hace suponer un origen "no natural".

Aunque geólogos especulan que la media milla de camino de Bimini sea una estructura natural, muchos también adjudican al conjunto de bloques como parte de una muralla, un muelle, una plataforma o, simplemente, un camino. Muchas personas creen que fueron hechas por el hombre, posiblemente un camino para la ciudad perdida de Atlantis.


10- Líneas de Nazca, Pampas de Jumana, Perú.
Se trata de un conjunto de líneas geométricas de tamaño gigante, que conforman trapecios, espirales, figuras de animales, personas, etc.

Lo asombroso es que solamente pueden ser observadas en su integridad desde el aire al sobrevolar el desierto, lo cual ha despertado grandes preguntas sobre las intenciones y habilidades de sus constructores.

Las líneas de Nazca son zanjas en el suelo, que no superan los 30 cm de profundidad, con igual ancho.

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