• Quilmes - Buenos Aires - Argentina

sábado, 24 de enero de 2009

Cruceros: por la ruta Sudamericana

Crucero Sinfonia
En plena temporada sudamericana de cruceros, los buques que tienen como puerto de salida o destino a Buenos Aires ofrecen a bordo una experiencia de película: deportes, galas teatrales, shows en vivo y buena gastronomía sobre las aguas del Atlántico. Además, las costas de Uruguay y Brasil.

Vivir el mar desde el propio mar, con todo el lujo a cuestas. Esa es la propuesta de las inmensas ciudades flotantes que no paran de llegar a la renovada terminal de cruceros Benito Quinquela Martín, ubicada en Puerto Nuevo, a escasos metros de Retiro. Entre las distintas compañías está previsto que lleguen este año 124 naves, 22 más que en la temporada pasada. Este incremento del 4% a nivel turístico para 2009, será aún mayor la temporada entrante, ya que son 145 los buques anotados para 2010/11. Entre el glamour y lo exótico, los colosos flotantes invitan a una experiencia donde abundan los más destacados servicios y nunca falta el detalle: fabulosas cenas con la luna flotando sobre el océano; shows musicales y teatrales en escenarios para más de 1000 personas; deportes de todo tipo en la explanada de la embarcación; piscinas, jacuzzis, masajes y una infinidad de tratamientos relajantes en el spa. Ah, y como si fuera poco, las imperdibles playas de Uruguay y Brasil.

Crucero Silver Wind

Megabarcos-Megavisitas

Las calles de Buenos Aires se “inundan” de pronto con 13.000 turistas más, y de una sola vez. Es el saldo de la llegada de apenas cinco buques. El Infinity, el Delphin, el Silver Wind, el Norwegian Dream y el Sinfonía ya han dejado en ediciones pasadas la muestra de lo que significa un solo día de desembarco, algo así como destapar un enorme hormiguero. Entre esos gigantes, Costa y MSC se destacan por recorrer las cálidas playas brasileñas, lo que implica saborear los manjares gastronómicos de sus comidas regionales donde abunda el maracuyá, sumergirse en el clima del samba y contagiarse irremediablemente de la alegría carioca.

En su mayoría, estas travesías de placer zarpan desde Buenos Aires o llegan a ella, pasando sí o sí por los increíbles paisajes de Uruguay y Brasil. Playas espectaculares es un requisito de todo viaje en crucero: Río, Santos y Porto Belho; Corcovado, el Pan de Azúcar y todo Copacabana. Sólo o en pareja (no suelen ser viajes familiares, aunque claro que es posible), se puede disfrutar de una copa de champagne y vibrar con la música brasileña como para empezar. Desayunar en la cabina o la cubierta, y prepararse para recorrer Salvador de Bahía, el fascinante Pelourinho y el Mercado Modelo. Comprar allí algunas piezas artesanales únicas, y deleitarse con las historias del centenar de iglesias que se levantaron siglos atrás. Luego, será el tiempo de la blancura soñada para la arena, y del reparador baño en aguas tibias y transparentes. Salvador de Bahía, Buzios, Cristo Redentor, Ipanema, Blumenau, Ilha Bela, Arraial do Cabo, Ilehussiete... la lista es infinita, y siempre sorprendente.

Costa Mediterránea
Estilo Costa
El Costa Mediterránea ha sido la novedad 2009 y una de las dos embarcaciones que la firma italiana Costa Cruceros trajo a Buenos Aires, además del viejo conocido Costa Romántica. Uno de los nueve itinerarios que brinda/rá el debutante hasta marzo, propone la salida desde la terminal naviera porteña con destino a Punta del Este, y allí continuar camino al Norte para visitar las costas brasileñas, Porto Belo, Santos y Río de Janeiro. Se trata de una nave de casi tres cuadras de largo, 1057 cabinas y una capacidad para recibir a 2700 huéspedes. Además de su enormidad, el Mediterránea es sinónimo de fiesta diaria sobre el mar, y una verdadera galería de arte flotante: considerado uno de los barcos avanzados e innovadores de la industria de cruceros, los interiores han sido inspirados en palacios italianos del siglo XVII y XVIII, donde abunda el barroco siciliano a la Siena medieval, y el estilo veneciano a neoclásico. Su hall central está dedicado a la comedia y la danza italiana, con una escultura de 25 metros de alto y una exposición de 48 fotografías tomadas por Angela Cioce de Bari, fotógrafa oficial para los ballets de Maurice Béjart.

Crucero Infinity

Itinerarios y Paquetes
En cuanto a costos, si bien el imaginario popular cree que estos viajes son para un público muy reducido, hay alternativas con tarifas similares a otro tipo de viajes, y mucho más frecuentes.
Itinerarios de Costa como los que parten el 2, 10 y 18 de febrero con ocho noches (Buenos Aires, visita a las costas de Punta del Este, Porto Belo, Angra Dos Reis, Río de Janeiro y regreso a Buenos Aires), están disponibles por U$S 1341, con impuestos incluidos.

El paquete Patagonia, (14 noches) que parte el 26 de febrero e incluye Montevideo, Puerto Madryn, Punta Arenas, Ushuaia, Islas Malvinas y regreso a Buenos Aires, tiene un valor de U$S 1941, promocionando el tercer y cuarto pasajero, que sólo pagan impuestos.

Otra opción es la del mini crucero, que ofrece salir el 15 de marzo y pasar tres noches de visita en el país charrúa, con el itinerario Buenos Aires-Punta del Este-Buenos Aires, por U$S 425.

Con estos viajes Costa Cruceros continúa una ambiciosa temporada 2008-2009, triplicando la oferta de cabinas desde el puerto de Buenos Aires: la llegada del Costa Mágica a Brasil suma un total de 28 cruceros, dos minis y seis viajes transatlánticos entre diciembre y marzo. “Estamos atentos para que todo salga a la perfección, y trabajamos en conjunto con los concesionarios, armadores, agencias marítimas, Prefectura, Aduana, Migraciones y Secretaría de Turismo de la Nación. No hay que olvidar que la actividad turística es fundamental como ingreso de divisas y generación de empleo en el país”, sintetizó Luis Angel Diez, interventor de la Administración General de Puertos.

Datos Útiles
MSC Cruceros
(011) 4313-3700
www.msccruceros.com.ar

Costa Cruceros
(011) 4590-7777
www.costacruceros.com

Pablo Donadio
Pagina 12 - Turismo

sábado, 17 de enero de 2009

Esteros del Ibera: Viaje a la madriguera

En kayak, por los humedales que delimitan al este los ríos Aguapey, Miriñay y, al oeste, el Batel-Batelito, de origen paranaense

En el segundo humedal de Sudamérica hay un metro menos en el nivel de agua y dos redes eléctricas lo atraviesan. De noche, los carpinchos se acercan a comer entre los húespedes y los yacarés aguzan los ojos verticales. De día, el misterio de las islas flotantes.

La barca avanza silenciosa empujada por la caña que mueve el guía y barquero Sebastián. De pronto, alguien dice emocionado pero en voz baja: “Ahí hay dos yacarés”. “Son cuatro”, responde el guía acostumbrado a ver en detalle todo lo que lo rodea y señala exactamente donde se encuentran. “Y allí al fondo, lo ven, hay un ciervo.”

Son los Esteros del Iberá, el segundo humedal más grande de Sudamérica, formado por un intrincado sistema de lagunas y canales ubicados en la provincia argentina de Corrientes, un lugar poco conocido hasta para los propios argentinos, de relativamente difícil acceso aún hoy, donde la creación de un parque provincial y el estímulo al turismo permitieron salvar a numerosas especies que en los 80 estaban al borde de la extinción.

En el Iberá hay dos tipos de yacarés, el overo y el negro, de cuero muy cotizado, lo cual hizo mermar la especie

La superficie total protegida de los Esteros (Iberá viene del idioma indígena guaraní, y significa “agua que brilla”) es de 1.300.000 hectáreas. Fueron declarados Reserva Provincial en 1983 y cuentan con 60 especies de mamíferos, 50 de reptiles, 35 de anfibios y 110 especies de peces. Sin olvidar la impresionante cifra de sus 350 especies de aves, que se pueden “cazar” con la cámara fotográfica.

Durante todo el siglo XIX y principios del XX, la dificultad para acceder a esta zona, que se recarga únicamente del agua de lluvia y no de acuíferos ni de ríos, la hicieron un lugar de refugio de los animales y también de algunos personajes fuera de la ley, hasta el punto de que la leyenda perdura, y hay quien afirma sin dudar, que todavía quedan “forajidos” que viven en las islas más apartadas.

Pero el valor del cuero de algunas especies, sobre todo del yacaré (una especie de caimán), del que existen dos tipos, el overo y el negro (el más cotizado por su cuero); el lobito de río (similar a la nutria); o el carpincho, que es el roedor más grande del mundo, hizo que las poblaciones mermaran de forma muy peligrosa. Lo mismo ocurrió con el yaguareté, una especie de felino ya extinguido en esta zona, o el aguará guazú (un cánido de patas largas y cuerpo desgarbado), que fueron perseguidos por los ganaderos para proteger a sus animales de sus ataques.

La leyenda dice que la zona, casi impenetrable, fue refugio de forajidos

Desde que se creara la reserva la situación ha ido cambiando –incluso pese a la falta de apoyo político en muchas ocasiones–, y las poblaciones se han ido recuperando, pero aun así los Esteros no están preparados para el turismo masivo, cosa que sus propios habitantes defienden, porque hacer una infraestructura mayor implicaría la destrucción del entorno, por ejemplo ante la necesidad de un nuevo tendido de luz que se sume a los dos ya existentes y que atraviesan el parque, pese a ser en teoría un área protegida.

Además, el cambio climático y el avance de la desertificación también se hacen notar aquí, pues el nivel de la laguna se encuentra actualmente un metro por debajo del que debería tener.

Las hosterías, todas con un estilo campestre, rodeadas de árboles y algunas con piscina para el caluroso verano, ofrecen paseos en lancha, en canoas, a caballo, o caminatas por la zona. El relax está garantizado, porque no hay –literalmente– nada que hacer entre las excursiones, salvo disfrutar del entorno y la tranquilidad, y el día queda pautado por las comidas que ofrecen los mismos alojamientos y las salidas.

Carpinchos, los mayores roedores del mundo, tomando un descanso

Por la noche es conveniente ir con linternas para no sorprenderse ante los animales como los carpinchos, que se acercan hasta los alrededores de las casas para comer el césped, y para poder ver los ojos de los reptiles y anfibios que se reúnen en las orillas de la laguna.

La mejor época para ir es durante el invierno y primavera australes (de mayo a noviembre), ya que durante el verano las temperaturas llegan a marcar 40 grados en un entorno húmedo y habría que convivir con nubes de mosquitos. Importante es ir protegido además del sol, incluso en épocas de frío.

Uno de los misterios de los Esteros del Iberá son sus embalsados. Se llama así a las islas flotantes formadas por camalotes y otras plantas que se enredan entre sí y forjan una plataforma sobre la que llegan a crecer plantas grandes, pero que en realidad no lo hacen en tierra firme, sino en islas de sólo centímetros o pocos metros de profundidad.

Baqueanos. Los guías y barqueros conocen mejor que nadie el lenguaje del río. Ven indicios de vida aun donde nadie podría reconocerlos

Los animales están adaptados a ello y pueden caminar sin problemas, pero para el ser humano puede ser peligroso si no se conoce dónde pisar. Cuando hay tormentas o viento las islas se mueven, formando nuevos canales y modificando cada vez el paisaje, lo que hacía en el pasado que se creyera que la zona estaba embrujada. A ello se suman leyendas como la del Pombero, un personaje pequeño que lleva un gran sombrero y que ataca a quienes dañan a los pájaros.

Otros de los atractivos son los monos aulladores o carayá, los ciervos de los pantanos, las simpáticas liebres, las comadrejas, la imponente boa curiyú y la venenosa yarará, además de innumerables garzas, patos y cormoranes.

Agua que brilla, tal el significado guaraní de Iberá. En 1,3 millón de hectáreas, hay 60 especies de mamíferos, 50 tipos de reptiles, 35 de anfibios y 350 variedades de aves que se dejan “cazar” con la cámara.

Durante el camino de llegada y partida por una carretera de ripio hacia la cercana ciudad de Mercedes (desde donde se accede), las vizcachas, roedores con rayas negras en forma de antifaz, parecen saludar desde las puertas de sus madrigueras el paso de los desconocidos, como si custodiaran un secreto camino hasta las profundidades de la laguna.

Romina Lopez La Rosa
DPA
Reproducido en el Diario Perfil -Turismo

sábado, 10 de enero de 2009

Sydney, la magnífica

Vista del edificio de la Opera, la bahia y parte de la ciudad de Sidney

Un recorrido por la principal ciudad australiana, entre sus emblemáticos edificios, puertos y playas. Excursiones y paseos urbanos.

En el Hyde Park Barracks Museum de Sydney, un edificio que a principios del siglo XIX funcionó como dormitorio para los presos enviados desde Inglaterra, Jenny asegura que a los convictos no se los vigilaba tanto. Muestra las colecciones de grilletes y látigos, explica cómo funcionaban los cajones donde encerraban a los más rebeldes durante semanas o meses, pero insiste en que en general los presos se movían a sus anchas por los campos que hoy ha borrado la ultramoderna zona céntrica de Sydney. "En realidad, la cárcel era toda Australia", dice la guía con una sonrisa ingeniosa.

La historia de la Australia moderna empieza cerca de allí, más de 200 años atrás, en uno de los tantos puertos que hoy copan la orilla sur de la bahía de Sydney. Curiosamente, el Circular Quay (Muelle Circular, también conocido como Puerto de Sydney) es a la vez el lugar más antiguo y más moderno de la principal ciudad de Australia. Allí atracaron, en 1787, los once barcos que transportaban a la variopinta fauna de convictos (asesinos, falsificadores, niños ladrones de queso o harina) que se convertirían en los pioneros de la inmigración europea. Ahí mismo hoy se ven decenas de veleros que surcan las aguas cristalinas de la bahía de Sydney, ferrys repletos de turistas parten hacia las playas de Manley y, en un extremo, la Opera de Sydney, uno de los edificios más emblemáticos del siglo XX.

"El sol no sabía cuán hermosa era su luz hasta que la vio reflejada en este edificio", dijo alguna vez el arquitecto Louis Kahn sobre la Opera de Sydney, fuente de orgullo -y hasta arrogancia- para muchos australianos. El perfil de ese edificio que imita las velas hinchadas de un barco imaginario, ese pabellón con algo de fortaleza espacial, es casi tan conocido como la Torre Eiffel, el Coliseo romano u otras joyas de la arquitectura mundial. En realidad, la Opera es mucho más que eso: desde cerca se descubre que no es uno sino dos edificios idénticos (aunque en escalas distintas), que también albergan una imponente sala de conciertos con interiores de eucalipto y uno de los órganos más grandes del mundo, además de otras tres salas pequeñas dedicadas a la música y las artes escénicas que incluyen un pequeño teatro redondo, con el escenario en el centro, reservado para obras contemporáneas.

Harbour Bridge: puente ubicado sobre la Bahía de Sydney, el cual conecta al centro financiero con la costa residencial y comercial de la ciudad

El interior de la Opera sorprende tanto como el exterior. Desde los enormes ventanales, unos gigantescos ojos de vidrio tiznado, se ven varios veleros que buscan refugio ante la inminencia de una tormenta que ha oscurecido el día. Los interiores del edificio están en plena remodelación, aunque paradójicamente la idea sea devolverle el aspecto que debería tener según el proyecto original.

La historia de este grandioso edificio es también una historia de frustraciones. Ese extremo del muelle estaba desaprovechado cuando en 1957 el gobierno de New South Wales (el estado cuya capital es Sydney) convocó a un concurso para la construcción de un edificio para una casa de ópera. El ganador fue un desconocido arquitecto danés, Joern Utzon, cuyo currículum apenas sumaba unos cuantos premios de arquitectura en Copenhague. Sus sencillos bocetos, en algunos casos poco más que unos apurados trazos en lápiz, eran de una ambición que se adelantaba a la arquitectura de su tiempo. Pero lo cierto es que ni Utzon ni los ingenieros encargados del proyecto sabían exactamente cómo construir las carcasas de cemento que imitan a unas gigantescas velas. El resultado fue que el presupuesto pasara de siete a 102 millones de dólares y que el plazo para la construcción se estirara de tres a dieciséis años. También, que la obra se convirtiera en terreno de chicanas políticas que acabarían forzando a Utzon a renunciar, por lo que otro arquitecto fue el que terminó el proyecto. La parte amarga de la historia es que Utzen murió (a fines de 2007) sin haber visto nunca terminado el edificio que él había imaginado medio siglo antes, ya que nunca regresó a Sydney. En las visitas guiadas, un video homenajea a Utzon y el equipo que construyó el edificio. El lugar elegido para proyectar la imagen es una de las imponentes soportales curvos sobre los que se apoyan las características carcasas. Todo un gesto.

Al atravesar el muelle hacia el otro lado de la Opera, diez minutos de caminata conducen del siglo XXI al XIX. Sobre los riscos que se levantan al otro lado del Puerto de Sydney está The Rocks -la zona donde se establecieron los primeros europeos- y su aire colonial. Callejones como la Cambridge Street, con sus casas adosadas de viejos ladrillos mezclados con tablones de madera y balcones de hierro, o las escarpadas Argyle Stairs, unas escaleras cavadas por los convictos entre medio de las rocas, son los restos del mundo de los pioneros. La zona es especialmente atractiva al anochecer, cuando desde sus callejuelas oscuras de pronto aparecen las luces de la parte céntrica de Sydney o se ve el reflejo de la Opera en las aguas calmas de la bahía.

The Rocks tiene sus leyendas criminales e historias de fantasmas, pero la más antigua de ellas habla de una noche de juerga y se remonta a la primera noche que los convictos británicos pasaron en las inmediaciones de Port Jackson (como se conocía entonces al Puerto de Sydney).

Cuentan que se desató una tormenta y los presos se refugiaron en las cuevas y recovecos del risco que luego llamarían The Rocks.

Pero cuando la tormenta se intensificó y comenzaron los rayos y vientos que todavía son habituales en Sydney, los presos improvisaron una fiesta y bebieron hasta la madrugada. Sea cierto o no, los bares más antiguos y pintorescos de la ciudad siguen abiertos hoy en The Rocks. Se los conoce como Hotels, porque además de bebida dan comida y hospedaje, y entre los imperdibles están el Hero of Waterloo, con su viejo piano, interiores de piedra cruda y barra de madera, o el Lord Nelson, donde fabrican su propia cerveza a la vista de la clientela.

El paseo por The Rocks puede coronarse con una caminata por George Street, conocida -quizá sin demasiado rigor- como "la calle más antigua del Pacífico".

Se pasa por la Cadman's Cottage (un edificio de 1816, el más antiguo de Sydney), restaurantes y tiendas tan multiculturales como la población de esta ciudad (a cada paso se ve cómo el flujo de inmigración africana y asiática han sumado todavía más variedad a este país de inmigrantes) y se llega al Queen Victoria Building, un paseo comercial de finales del siglo XIX, adornado con vitrauxs, techos vidriados y las más elegantes casas de ropa y restaurantes.

A diferencia de la antigua The Rocks, repleta de calles escarpadas y casas que parecen montadas unas sobre otras, las zonas modernas de Sydney tienen sectores bien diferenciados, anchas veredas por las cuales circulan durante todo el día muchos peatones y espacios verdes que dan aire entre el cemento y la modernidad. Sin embargo, no por ello pierden carácter y la mejor prueba de ello son los puertos más cercanos al Circular Quay.

Si este es el núcleo histórico y turístico de la ciudad, el Puerto de Darling (a unos quince minutos de caminata, hacia el oeste) es el más elegante. En las terrazas de los bares y restaurantes que rodean esa estrecha lengua de mar, se amontonan los oficinistas que bajan al caer la tarde del centro financiero de Sydney.

Sydney Aquarium

El lado salvaje
Pero además, en este núcleo cosmopolita y refinado se puede husmear en la Australia más salvaje y profunda. En el Sydney Aquarium, un túnel atraviesa una pileta repleta de tiburones, tortugas gigantes y rayas que parecen nubes de tormenta al pasar por encima del tubo. Al lado, en el Wildlife World, están los animales característicos de Australia: cucarachas gigantes, las víboras más venenosas del mundo, canguros, una súper ave conocida como Cassowary y koalas. El cuidador de estos últimos ("no-son-osos", repite a modo de mantra) imita la torpe forma que tienen de correr mientras asegura que son muy veloces. También cuenta una anécdota que repite cada vez que oye la palabra "koala": parece que con el crecimiento de las zonas urbanas estos animales autóctonos han encontrado nuevos antagonistas, nada menos que perros y gatos, con los que se suelen trenzar sorpresivamente en casas y jardines.

Elizabeth Bay

Paseos en velero
Al otro lado del Circular Quay, hacia el oeste, está Elizabeth Bay, un puerto mucho menos concurrido, rodeado por un enorme parque, donde están las casas más lujosas de la ciudad, cafés autodenominados gourmet y los principales clubes náuticos. Desde allí salen los paseos en velero por la Bahía de Sydney, una excursión imperdible que permite acercarse a la desembocadura del mar, avistar animales como los fairy o small penguins (los pinguinos más pequeños que se conocen) y también tener la que posiblemente sea la vista más imponente de la ciudad: desde el agua.
Algo más alejado está Bondi, un pequeño pueblo de veraneo con arena dorada en el que se le rinde culto al surf, tanto que la pequeña franja destinada a los nadadores está marcada por dos banderas clavadas en la arena, a modo de gueto. Para el que no guste de tanto vértigo, hay un paseo marítimo entre rocas que recorre, desde allí, varios balnearios más pequeños aunque igualmente surferos.

Al caer la tarde, los lugareños de Sydney recomiendan acercarse a algunos de los numerosos parques de la ciudad, aprovechar el fresco y la salida de los pájaros. Sin embargo, la oferta tiene trampa. Si Australia es el país de los canguros y los koalas, también lo es de unos enormes murciélagos que se lanzan a sobrevolar los parques y cuya aparición es capaz de helar la sangre. Se sabe, pese a la modernidad, a su futurista ópera y a los altos edificios espejados, el corazón de esta ciudad sigue teniendo algo salvaje. Como estos murciélagos, como aquellos reos de hace dos siglos.

Blue Mountains

Excursiones

Aunque no les quite nada de su atractivo, resulta que las Blue Mountains (el impactante parque nacional que está a unos 100 kilómetros de Sydney) no son ni 'azules' ni 'montañas'. En realidad, sus cumbres (de hasta mil metros de altura, lo que las hizo una frontera natural para los pioneros) son las partes altas de un cordón rocoso similar al Cañón del Colorado, sólo que tapizado del verde de plantas y árboles. El azul tampoco se refiere a sus piedras o a su tierra, de un rojo cobrizo, sino al aura que se aprecia sobre todo en las tardes: al evaporarse el aceite de los eucaliptos que pueblan estas montañas, se desprende una niebla azulada que le da al paisaje una sensación de ensueño.

Aunque la atracción más popular es la zona de las Three Sisters (un valle acondicionado con rasgos de parque de diversiones), vale la pena detenerse a contemplar ese fenómeno en lugares más apartados como el mirador de Point Pilcher. Además de pájaros de colores y una enorme variedad de plantas, en esta zona protegida es posible ver -y acercarse- a los canguros que están en las reservas.

Vuelo Transpolar
Qantas, la principal aerolínea de Australia y una de las más antiguas del mundo, volvió a la Argentina después de seis años con un vuelo directo entre Sydney y Buenos Aires (13 horas). Así, Qantas se convirtió en la primera aerolínea que ofrece vuelos sin escalas entre Australia y América del Sur. Para los amantes de los paisajes, la aventura empezará antes de llegar a destino ya que el vuelo transpolar deja varias postales y experiencias inolvidables: anocheceres separados por apenas unas dos o tres horas del amanecer, panorámicas aéreas de los bosques y lagos de la Patagonia argentina y un paso por los paisajes del sur de Chile son sólo algunas de las imágenes que aparecen a través de las ventanillas. También, cerca de la Antártida se ven los icebergs y fragmentos que se desprenden del polo y vagan, como balsas, por los mares del Sur.

Datos útiles
Dónde alojarse
Diamant Hotel
14 Kings Cross Road, Potts Pint.
Tel. 612 9295 8888
www.diamant.com.au

Dónde comer
Thai-Nesia, en el 234 de Oxford Street, es un pequeño restaurante thailandés que lleva abierto más de viente años y tiene como especialidad el pollo con chiles. Una curiosidad: no venden bebidas, pero se pueden comprar en una licorería vecina y llevarlas a la mesa.

Harry's Cafe de Wheels (Cowper Wharf Roadway 2011) es una rústica panchería abierta desde 1938, muy popular en las trasnoches.

Excursiones
Australian Eco Adventures organiza salidas a las Blue Mountains todos los días (www.ozeco.com.au). Para paseos en velero desde Elizabeth Bay, Eastsail ofrece varias salidas diarias (www.eastsail.com.au).

Información
www.cityofsydney.nsw.gov.au
www.australia.com
www.australia-alternativa.com

Juan Manuel Bordón
Clarín - Viajes
Fotos: Web

viernes, 2 de enero de 2009

Arequipa-Peru: En un pueblo blanco

El mirador de la Cruz del Cóndor en el Cañón del Colca, es uno de los puntos en donde mejor ver la grieta de más de 3 mil metros que se abre en la tierra peruana.

La segunda ciudad más visitada del Perú es pionera en la producción textil y cuna de Mario Vargas Llosa, entre otros ilustres. Allí se encuentra el Cañón del Colca, una de las mayores profundidades del planeta.


Las casonas, iglesias y conventos son el principal atractivo del centro histórico de Arequipa.

En el camino del Inca

Arequipa es la capital regional y provincial y, con 3 mil km2, el área tiene el segundo lugar por su extensión. Es la segunda más visitada del país. Su nombre deriva de la lengua quechua arequipai, que significa “sí, quédense”. Una frase que se acopla perfectamente a la realidad del lugar, ya que en las delgadas calles, en las paredes blancas y en el espíritu peruano, se percibe una extraña y potente fuerza que invita a quedarse.

Arequipa, que vio nacer al escritor Mario Vargas Llosa y a Pedro Paulet, padre de la aeronáutica moderna, fue fundada en 1540 y también recibe el apodo de “Ciudad Blanca” por sus múltiples edificaciones hechas de piedra de sillar blanco, un material de lava volcánica petrificada arrojada por el volcán Misti. Además de éste, otros dos picos dominan la escenografía: el Chachani y el Pichu Pichu.

La zona lidera la producción de lana de camélidos

El Valle del Colca es otro de los grandes atractivos de la región, donde se asentó una gran cantidad de pueblos andinos, y donde se encuentra una de las mayores profundidades del mundo: el Cañón del Colca (3.400 m).

Sin duda, la altura de la región resulta un gran atractivo para los turistas oriundos de zonas bajas, pero también un problema para los que sufren de apunamiento. Por eso, para evitar ese malestar, los lugareños recomiendan hacer un alto de uno o dos días en Arequipa antes de continuar subiendo hacia Cusco o Macchu Pichu.

Los flamencos rosados o perihuanas son algunos de los habitantes más frecuentes de la Reserva Nacional

En el año 2000, los habitantes de Arequipa, que en la actualidad suman un millón doscientos mil almas, tuvieron un nuevo motivo de orgullo, ya que el centro histórico de la ciudad fue declarado por la Unesco como Patrimonio Cultural de la Humanidad.

El kayac es uno de los deportes más desarrollados en los ríos y rápidos de la región

La brújula

Coordenadas
La ciudad de Arequipa se encuentra en el extremo suroeste del Perú a una altura de 2.360 metros, enclavada en un fértil valle entre el área costera del Desierto de Atacama y los contrafuertes de la Cordillera de los Andes Occidentales. En sus alrededores, ganan fama las playas de Camaná y Mollendo, donde se encuentra Mejía, el balneario más destacado de la ciudad.

Hoteles
En un hotel 3*, la habitación doble cuesta desde US$ 45; en uno de 4*, el cuarto con base doble se consigue a partir de US$ 103.

Uno de los atractivos que más cortan el aliento de los turistas es la Catarata de Sitia, que se desploma con toda su furia en el Cañón del Cotahuasi, una hendidura de “apenas” 3.535 metros de profundidad.

Laura Gambale
Diario Perfil - Turismo
Fotos: Perfil

viernes, 26 de diciembre de 2008

Espíritu Santo - Brasil: desde otro punto de vista

Al norte de Brasil

Al norte de Río de Janeiro, un estado no tan familiar para los viajeros argentinos, pero con playas competitivas, una curiosa oferta de ecoturismo y colonias italianas, austríacas y de otros países europeos, además
del imponente Parque Estatal de Pedra Azul

VITORIA.- Cuando la noche cae, con una regularidad tropical, alrededor de las 19, la bahía de Vitória se enciende como un gigantesco árbol de Navidad y los edificios de su skyline forman una guirnalda cuyas luces se reflejan en las aguas del Atlántico. El esplendor es aún mayor en estos días, cuando cada vecino suma a las luces de siempre su propia iluminación para celebrar Natal . El mejor lugar para apreciarlo todo es desde la Ilha do Boi, pequeña isla que forma un barrio residencial justo enfrente de Vitória, capital de Espíritu Santo, estado al norte de Río de Janeiro que reserva más de una sorpresa incluso para aquellos visitantes que suponen conocer bien Brasil.

Vitória, curiosamente, también fue emplazada sobre una isla que separa el mar de una gran albufera como una bahía interior. Sobre esa isla está la capital, y sobre el continente, del otro lado del imponente puente Terceira, se encuentra Vila Velha, municipio vecino con el cual forma una sola gran aglomeración.

Vila Velha fue fundada en 1551 por el conquistador portugués Vasco Fernandes Coutinho. Vitória, por su parte, fue creada a los pocos años por los mismos colonos que eligieron trasladarse a la isla para defenderse mejor de las incursiones de piratas franceses, holandeses e ingleses que se disputaron las costas de Brasil durante algunos años del siglo XVI.

Pedra Azul

Desde Ilha do Boi, Vitória tiene aires de metrópoli y su silueta se dibuja con elegantes torres de formas modernas. Sin embargo es más bien chiquita, aunque a escala brasileña, por supuesto. Junto con su aglomeración y Vila Velha, suma un millón de habitantes. ¿Será el famoso millón de amigos de Roberto Carlos? Es que el cantante nació en Cachoeiro de Itapemirim, a 140 kilómetros de Vitória y en el mismo estado de Espíritu Santo (hay ahí un museo dedicado a él y su carrera).

Cachoeiro está en una zona de montañas, parecida a la del Parque Estatal de Pedra Azul, comarca que se está abriendo al turismo con un circuito de emprendimientos rurales. La piedra azul que dio nombre al parque es en realidad una gigantesca roca de gneis que domina con su masa de color cambiante según las horas del día toda la región de los pueblos de Domingos Martins y Venda Nova do Imigrante. Sin duda, los brasileños con su gusto por los récords podrían calificarla como la ¿pedra mais grande do mundo?

Playas de ensueño

Superlativos capixabas

Vitória y Vila Velha son como dos hermanas que se complementan. Sus habitantes se llaman capixabas, palabra que viene del tupi kapi´xawa (tierra de plantación) y recuerda que la colonia originalmente se dedicó al cultivo de cereales.

En Vitória, que en algunas viejas postales se conocía como Victória, el diminuto centro comercial tiene una fuerte impronta portuguesa. En torno de la plaza central algunas escaleras suben los desniveles y recuerdan a sus lejanas primas de Lisboa. Sin embargo, el mayor icono cultural de la ciudad es de inspiración totalmente diferente: se trata del teatro Carlos Gomes, diseñado y construido por un inmigrante italiano. Se encuentra justo sobre un costado de la plaza central y fue inspirado en la Scala de Milán (aunque por una vez el gigantismo brasileño no prosperó y el Carlos Gomes es de dimensiones más bien modestas).

Los edificios históricos de la ciudad están concentrados en la parte sur de la isla. Cerca del teatro, los palacios Anchieta y Domingos Martins son dos testigos de la época colonial. El palacio Anchieta fue construido por los jesuitas en el siglo XVI y pasó luego a ser la sede del gobierno del estado de Espíritu Santo. Por su parte, el palacio Domingos Martins (un hombre que luchó por la independencia de Pernambuco a principios del siglo XIX) fue construido en 1606, y luego de haber sido durante mucho tiempo la sede del Poder Legislativo es hoy la Casa de los Ciudadanos de Vitória.

En materia de arte religioso, lo mejor es visitar el Convento da Penha, sobre un cerro a orillas de la costa, en Vila Velha: no sólo porque ofrece una vista espectacular sobre la ciudad y Vitória, del otro lado del brazo del mar, sino por la exuberancia de su diminuta capilla, cargada de obras sacras. Los vecinos asisten día a día a las numerosas misas que se celebran en el convento, y en los pasillos del lugar las placas de agradecimiento de los devotos tapizan las paredes. Fundado en 1558, es uno de los santuarios más antiguos de Brasil. Para acceder al convento hay que cruzar un gran parque arbolado (trepando a pie 154 metros de desnivel o valiéndose de las combis que suben y bajan continuamente), donde se puede avistar una colonia de titís de cabeza beige. Estos monitos no son asustadizos y van y vienen en busca de bananas prácticamente posando para las fotos.

El atractivo del buceo

Desde las plataformas panorámicas del convento se puede ver, sobresaliendo de entre las casas bajas de Vila Velha, la gran masa amarilla de la fábrica de los chocolates Garoto. Los golosos quizá ya estarán informados, pero para los demás probablemente sea una sorpresa encontrarse ahí con la sede de los chocolates más famosos de Brasil (para seguir compilando superlativos). Además de sacarse fotos y hacer compras en el negocio de la fábrica, se puede presenciar los procesos de fabricación de los productos de este emporio, que empezó de manera muy modesta, cuando el inmigrante alemán Heinrich Meyerfreund se lanzó a la confección casera de dulces en 1929.

El otro símbolo industrial de Vitória son sus puertos de Tubarao y Vitória, que reciben los minerales procedentes de Minas Gerais para su exportación. Vitória es por eso uno de los mayores complejos portuarios del Atlántico Sur, y desde la Ilha do Boi se divisan también los grandes buques de carga mientras van y vienen desde los complejos portuarios. Los pescadores también conocen las aguas de Vitória porque son ricas en peces y cuentan con una gran diversidad de especies, pero también porque aquí se lograron dos récords mundiales: de aquí salió un marlín azul de 636 kilos, en 1992, y el marlín blanco más grande de su especie (82 kilos, en 1979).

Puerto de Vitória

Altos de Vitória
Otro de los atractivo de Vitória es su proximidad con la montaña. En apenas dos horas se pasa de las playas de ambiente tropical a una zona de unos 1500 metros de altura, con temperaturas mucho más frescas todo el año.

La zona del Parque Pedra Azul es una verdadera sorpresa en estas latitudes. Parece una región de los Alpes trasplantada y cultivada con café, bananas y otras plantas tropicales. Las pequeñas ciudades de Domingos Martins y Venda Nova do Imigrante son tan pulcras y cuidadas como en Suiza y Austria. No es casualidad, ya que la región fue colonizada principalmente por europeos alpinos: suizos, italianos, austríacos y alemanes.

Muchas de estas familias, que fueron agricultoras durante un par de generaciones, formaron ahora un circuito de agroturismo a lo largo de una ruta que serpentea al pie de la imponente masa de la Pedra Azul. El cerro tiene 1882 metros y es toda una rareza geográfica, como si fuera un pedazo de luna, mineral y monolítico, caído en medio de los verdes y exuberantes valles de la región, donde se cultiva de todo gracias a la clemencia del clima y la abundancia de lluvias.
Orquídeas y caballos nórdicos

El parque fue creado en la década del 90 y tiene unas 10.000 hectáreas. Además de preservar el magnífico entorno de la Pedra Azul y su vecina Pedra das Flores (de 1909 metros), protege la fauna y la flora locales. Esta región goza de un microclima muy húmedo que favorece una biodiversidad abundante (armadillos, ocelotes, osos hormigueros, jaguares, monos, tucanes, zorzales). El parque es también un santuario de orquídeas. Para conocer mejor estas flores hay que visitar el orquideario de Marechal Floriano, uno de los pueblitos de la Rota do Lagarto, principal circuito turístico para descubrir los emprendimientos de agroturismo de la región. Florabela -así se llama el emprendimiento- es uno de los mayores centros de cultivos de orquídeas y está abierto todo los días, de 9 a 17.

En otras paradas de esta ruta se puede hacer cabalgatas con caballos Fjord, originarios de las montañas de Noruega. Estos ejemplares robustos y seguros están perfectamente adaptados a las montañas brasileñas, aunque parezcan exóticos en medio de las plantaciones de café, cañaverales y árboles de palta.

En otras etapas se puede almorzar en una granja tesinesa de 1901, probar suerte en un pesque y pague, donde se consiguen pacúes de más de 15 kilos; visitar plantaciones de frutas y fábricas de embutidos. Miles de detalles que no son tan exóticos como las playas como las que habitualmente se buscan en Brasil, pero que muestran una realidad distinta y poco conocida del gran país vecino, y por ahora muy poco frecuentada por turistas argentinos, aunque la meta de las autoridades del estado de Espíritu Santo sea convertirse en un destino de turismo familiar que combina a la vez campo, playa y montaña, todo a la vez y en un solo día si uno lo quiere? muito diverso.

Postales coloniales

Arenas para la salud
Unos 55 kilómetros al sur de Vitória, el balneario de Guaraparí es renombrado en Brasil por su playa de arenas negras, que tienen efectos benéficos sobre la salud. Son arenas monacíticas de propiedades medicinales y radiactivas: caminar sobre ellas ayuda a tratar la gota, el reuma y la artritis. Además de sus arenas, la ciudad es conocida por sus sitios de buceo y un estuario donde se puede hacer excursiones en escuna (una ancha barcaza) para conocer un manglar. En la entrada del estuario, una estatua de San Pedro, que en otro tiempo giraba sobre su plataforma, da la bienvenida a los barcos de pescadores que entran y salen del puerto.

Platos y platillos
El plato capixaba por excelencia es la moqueca, cazuela de pescado que se prepara de manera más mediterránea e italiana que portuguesa y sin ingredientes habituales en la cocina brasileña, como la leche de coco. Esta receta se debe a los inmigrantes italianos. Es el plato más pedido por turistas y visitantes, y el más ofrecido en los restaurantes de la ciudad. Se cocina casi siempre en panelas de barro, una suerte de gran fuente honda hecha a mano por los paneleiros. Una cooperativa de artesanos que se dedica a su fabricación se puede visitar en el barrio de Goiabeiras Velha, la Associacao das Paneleiras de Goiabeiras. Tiene un sitio Web donde presentan los modelos de panelas y dan algunas recetas de moqueca y torta capixaba (hecha con mariscos y pescados), el otro plato más típico de Vitória. El sitio es www.paneleirasdegoiabeiras.hpgvip.ig.com.br . Para acompañar, se puede visitar una destilería de cachaça en Vila Velha, que comercializa la marca Reserva do Gerente, en la localidad de Ponta da Fruta. Además de visitar la bodega se puede hacer una degustación de cachaça y licores producidos en el lugar.

Datos útiles
Cómo llegar
Desde los aeropuertos de Río de Janeiro, San Pablo o Porto Alegre hay varias conexiones diarias a Vitória.

Dónde dormir

En Vitória, una buena opción es el hotel Ilha do Boi. Es 4 estrellas, pero por ser hotel escuela tiene precios muy convenientes: 430 reales por persona por noche, para una habitación doble

En Internet
www.es.gov.br/site/turismo

La Nación - Turismo
Pierre Dumas
Fotos: Embratur

martes, 16 de diciembre de 2008

La Haarlem holandesa

Cuando el avión aterriza en Holanda, en Amsterdam, el viajero debe saber que además de regalarse todas las maravillas de esta ciudad emblemática, a sólo 15 minutos de ahí se encuentra Haarlem. Nada que ver con el barrio neoyorquino, aunque suena parecido. Se trata de una pequeña ciudad antigua con canales, mercados medievales, catedrales y muchísimos bares y restaurantes. La cercanía a Amsterdam la convierte en un destino privilegiado para quienes quieren conocer otros destinos de Holanda. Además, es una buena solución para los viajeros que cuentan con un presupuesto reducido, dado que aquí el hospedaje es ostensiblemente más económico.

Las distancias en Haarlem son cortas. La estación de tren se encuentra a pocos minutos del casco histórico, donde tampoco es necesario tomar transporte para ir de un atractivo a otro.


Por la Plaza Mayor
Para comenzar el paseo, lo más conveniente es acercarse al Grote Markt o Plaza Mayor, donde se encuentra el Ayuntamiento, la iglesia Sint-Bavokerk y el antiguo mercado de la carne. Construido en el siglo XIV, reemplazando al castillo de los Condes, el Ayuntamiento de Haarlem posee una fachada de estilo neoclásico y, en su interior, alberga una magnífica muestra de pinturas de los condes de Holanda.

Frente al Ayuntamiento, aún dentro del Grote Markt, todos los sábados y lunes hay un mercado de esos que deben ser visitados ya que los locales se mezclan con los turistas y reina ese incomparable clima que distingue a las auténticas ferias populares. Los sábados, los puestos distribuidos a lo largo y ancho de la plaza se dedican a la venta de flores; los lunes, a ropa, frutas y verduras.


Un lugar histórico
Lo que no le falta a este pequeño mundo son museos. Y vaya si los hay. Uno de los más interesantes es el Corrie Ten Boom o "El lugar secreto", ya que es la casa de una familia de la resistencia que escondió a judíos en la II Guerra Mundial, antes de que cayera en manos nazis. A diferencia de la de Ana Frank, en Amsterdam, allí se conserva todo el mobiliario, lo que permite tener una sensación más real de cómo era el lugar cuando se escondían los refugiados. Otro museo reconocido es el de Frans Hals, con colecciones de estilo barroco de los Países Bajos y pintura, escultura y cerámica de arte contemporáneo. El bellísimo edificio es del siglo XVII y funcionaba allí uno de los asilos de la ciudad.


De Mozart a Moby Dick
Una de las atracciones principales es la iglesia Sint-Bavokerk, la más grande de Haarlem. Con un marcado estilo gótico y una arquitectura imponente, domina la vista del Grote Markt. Un buen consejo: tómese unos minutos para entrar a la catedral y observar el famosísimo órgano de Christiaan Müller. Su popularidad radica en diversos aspectos: al momento de su construcción, en el año 1738, era el órgano de mayor tamaño; hoy, es el más ornamentado del mundo y entre las personas más celebres que sacaron melodías de sus 60 tonos y 32 pedales se encuentra Wolfgang Amadeus Mozart.

Existe una referencia a este instrumento en Moby Dick, cuando su autor, Herman Melville, describe el interior de la boca de una ballena como el gran órgano de Haarlem. A la izquierda de la iglesia hay una curiosa estatua que pertenece a Laurens Coster, contemporáneo de Gutenberg y considerado en Holanda como el verdadero inventor de la imprenta.

El Vleeshal o Salón de la Carne, es otro de los tres edificios famosos dentro del Grote Markt. Su gran concurrencia respondía al hecho de que era el único lugar donde estaba permitido vender carne en la ciudad. Aquí se comercializaba carne fresca, mientras que para comprarla salada se debía ir a la calle Warmoesstraat, a unos metros del Vleeshal. Diseñado en estilo renacentista, su construcción data del año 1604, cuando alojaba a 40 vendedores.

Hasta 1840 funcionó como mercado de carne para después convertirse en el archivo nacional y biblioteca de la ciudad. En la actualidad alberga una dependencia del museo Frans Hals y en el subsuelo se encuentra el Museo Arqueológico de Haarlem.


Buena mesa, mejor cerveza
La gastronomía holandesa ofrece deliciosos platos tanto para los meses de invierno como para los de temperaturas menos bajas. En ambas temporadas hay exquisiteces para elegir. Entre las "obligaciones" que se deberían cumplir está la de probar quesos típicos, como el Gouda y el Edam, y en materia de platos principales, las albóndigas de carne, el pescado o las gambas. Eso sí: no se vaya sin disfrutar de la cerveza de esta ciudad. Son el alma de su industria. Su elaboración comenzó en el siglo XIV. En 1995, en el 750° aniversario de Haarlem, se recrearon dos cervezas en base a las recetas originales, la Jopen Koyt y la Jopen Adriaan, del año 1402 y 1407, respectivamente. ¡Inolvidables!

Por fin, si el paseo se encausa por el circuito de las compras, hay que ir por la peatonal Grote Houtstraat, que comienza en el Grote Markt y corre de norte a sur. Aquí están las cadenas de ropa nacionales e internacionales más reconocidas y en las callecitas de alrededor -Kleine Houtstraat y Gierstraat- predominan las boutiques y negocios más pequeños y abundan coquetos cafés, restaurantes y pubs

Datos útiles

Alojamiento

Hay hoteles 3 y 4 estrellas, por menos de 100 euros en habitación doble.

Web
www.haarlem.nl info@stempelsinhaarlem.nl

Sandra Lion
Clarín - Viajes
Fotos: Web

jueves, 11 de diciembre de 2008

Toronto - Canada: el otro sueño americano

En la plaza Nathan Phillips, punto de encuentro del céntrico City Hall, se puede alquilar patines para usar entre edificios de la zona financiera

Orgullosa de sus inmigrantes, con espíritu verde y buen vivir, la gran ciudad canadiense hace gala de su modernidad y recibe a los visitantes con propuestas para disfrutar con o sin frío

Dr. House le preguntó a un paciente si había llegado desde Canadá, porque no podía creer su extremada buena onda. Tratándose del personaje de Hugh Laurie, la pregunta no era más que una burla. El largometraje de South Park va más allá: la ironía está en demonizar al país vecino hasta declararle la guerra, algo impensado y desopilante en Estados Unidos, donde suelen bromear con su pacifismo y tildarlos de naïf. "Creen que tenemos sólo policía montada y que vivimos en un iglú", se ríe Carole, guía turística de Toronto, una ciudad que hace gala de su espíritu verde, la cultura y el respeto por la diversidad. Porque más allá de cualquier chiste hollywoodense, es Primer Mundo, en serio.

Para entender de qué se trata la integración y tolerancia basta ver el festejo callejero de alguna comunidad minoritaria, que es acompañada por las demás, o empezar el recorrido por Kensington, que fue primero un barrio inglés, después judío, más tarde portugués y caribeño, y hoy reúne a decenas de nacionalidades, además de estar junto al mayor de los tres chinatowns de la ciudad. Y no muy lejos de allí se ubican Little Italy y Little India .

Locales de rastafaris pegados a viejas sinagogas, restaurantes asiáticos con sepias, cerdos y patos colgados en las vidrieras, objetos de moda y puestos de comida barata forman parte de Kensington, que es abandonado por las comunidades que prosperan, pero siempre llegan otras para reemplazarlas. "Hay que seguir abriendo las fronteras o inventar un carnaval y dejar de vender televisores, porque no tenemos mucha reproducción", expone Carole, de madre polaca y padre inglés, en relación con las políticas que favorecen la inmigración.

Según la guía, el canadiense es respetuoso por su origen anglosajón y organizado por naturaleza. "El invierno es tan crudo que no queda otra que ser buen administrador. El frío nos formó el carácter", asegura.

Toronto ha desafiado las estadísticas que indican que, en promedio, los canadienses pasan más del 80 por ciento del tiempo libre dentro del hogar. Se hizo básicamente a fuerza de kilómetros de túneles y una nueva moda: las terrazas en bares y restaurantes.

La ciudad subterránea protege a las multitudes de la nieve, en un circuito de 25 kilómetros que se extiende por debajo de los rascacielos. Es como un gran shopping, con techos de vidrio en muchísimos sectores, para no sentir el encierro. Miles de torontorianos van así, de su casa al trabajo, sin enterarse del frío. Se puede ingresar prácticamente por cualquier edificio de la zona financiera; sólo hay que seguir los carteles que dicen Path.

En cuanto al transporte, hay apenas cuatro líneas de subterráneo, algo raro para una ciudad tan moderna y tan grande, la mayor del país. Pero se combinan con la red de trenes y autobuses, mucho más amplia.

Dundas Square, corazón del centro comercial y financiero

Con frío pero sin nieve, los ciudadanos recorren las calles con sus vasos de plástico llenos de café. En el centro, hay al menos un local por cuadra en el que se venden al paso infusiones calientes, de franquicias como Starbucks o Tim Hortons, de bandera local.

La Yonge Street había sido inscripta en el Guinness como la calle más larga del mundo, hasta que cambió su jerarquía -se independizó de la Autopista 11- y su lugar en el libro fue ocupado por la Carretera Panamericana, de Ushuaia a Bahía Prudhoe, Alaska. Pero no por eso dejó de ser la vía más importante de la ciudad. Atravesando la zona financiera, en ella se encuentran el moderno shopping Eaton Centre, salas de teatro y el Hall de la Fama del Hockey, entre otros símbolos.

Cuando uno sale de las avenidas puede fácilmente encontrar casas de estilo victoriano, parques llenos de ardillas y silencio total. También minifaldas y bermudas apenas asoma el sol, aunque la temperatura no supere los 10 grados.

Los patios y las terrazas predominan en la Queen Street, una de las calles imperdibles de la ciudad: de City Hall hacia el Oeste se pueden visitar desde canales de televisión -Much Music tiene su estudio abierto a la calle- hasta locales de discos, ropa y libros usados, entre negocios de moda, bares viejos, galerías de arte y callejones con graffiti.

La calle King, en pleno centro, es una de las vías principales del distrito de entretenimiento. A su alrededor hay variedad de pubs y discos, abiertos toda la semana, en algunos casos. Es cuestión de buscarlos entre los callejones (sin problema, es una de las ciudades más seguras del mundo) y prestar atención a las puertas metálicas con un par de hombres de seguridad , aunque sin público que espera afuera, a menos que sea de primavera a otoño.

Hacia el lado opuesto de la zona financiera está el mercado St. Lawrence, con 200 años de historia, rodeado de edificios reciclados, ladrillo a la vista, y en el interior frutas, caviar y fiambres de ciervo, además de la mayor especialidad: el peameal bacon sandwich , con ocho fetas gordas de panceta dentro de una figaza recién hecha. El puesto clásico para este plato livianito es Carousel Bakery.

Un poco más al Este se encuentra otro sector ideal para una tarde de sol, el Distillery District. Es un espacio fundado en 1832, con 44 edificios que formaron parte de una gran destilería y hoy son, mayormente, restaurantes, galerías y boutiques, con variedad de alimentos artesanales, como chocolate, cerveza y café. La zona se puede recorrer a pie o en segway ( www.segwayofontario.com/distillerytours.htm ), un vehículo de dos ruedas que, con motor, se frena o acelera según el balanceo del cuerpo. Es un modo simpático, pero también la manera más fácil de ser identificado como turista.

Mesas en la Queens St.

Más que un set
Por la variedad de construcciones, Toronto suele ser una gran locación para el cine norteamericano. Por eso la llaman Hollywood Norte. Calles como Queens o Broadview pueden parecer las de Nueva York de los años 30, como en El luchador , filmada aquí con Russell Crowe; la Universidad de Toronto es casi igual al MIT en En busca del destino , de Gus van Sant y con Matt Damon, y el castillo Casa Loma se convierte fácilmente en la escuela de los X-Men.

Justamente en Casa Loma es donde se realizan las principales galas después de la première del prestigioso Festival Internacional de Cine, sólo uno de los megaencuentros culturales de la ciudad. Otros son, por ejemplo, el Toronto Jazz Festival y la Nuite Blanche, que este año convocó más de un millón de personas en las calles durante una noche.

Casa Loma es un castillo curioso, con 98 habitaciones, pasadizos y jardines, con audiotours en ocho idiomas, incluido el español, para conocer la historia de un nombre dispuesto a todo con tal de obtener un título de nobleza. Sir Henry Pellatt había puesto la primera piedra del lado correcto, en el extremo noreste, una cábala en la construcción de castillos. Pero no funcionó. La suerte se mantuvo lejos de este hombre, que llegó a tener 59 teléfonos en su casa, pero terminó por compartir con su chofer una pequeña habitación en un garaje.

CN Tower, símbolo de la ciudad

Una torre única, con o sin récord
Con 553 metros, el doble que la Torre Eiffel, la CN Tower es un símbolo de la ciudad. Si bien pierde ahora su récord de edificio más alto del mundo con la inauguración del Burj Al Arab, en Dubai, sus virtudes no se alteran. Es imperdible subir al mirador, en un ascensor que tarda 61 segundos, a 22 kilómetros por hora. Y si es posible, comer en su restaurante giratorio, que completa la vuelta en 72 minutos, lo suficientemente lento como para disfrutar de la comida, aunque sin abusar de los buenos vinos. La bodega mantiene su récord de ser la más alta del mundo. Comer cuesta unos US$ 150 para dos personas.

El mejor souvenir es la foto sobre los pisos de vidrio, que permiten ver la calle. No hay riesgo: resisten 22 elefantes, aseguran.

No se encienden todas las luces de la torre con el objetivo de ahorrar energía y no distraer la migración de aves. Pero se prenden las suficientes como para brindar un espectáculo único para disfrutar desde cualquier punto de la ciudad.

Cataratas del Niágara. A 130 km de Toronto, el famoso atractivo turístico en la frontera con EE.UU.

Cataratas del Niágara
Uno disfruta de las cataratas del Niágara, el paseo más importante en las afueras de Toronto, sólo un rato después de compararlas con las de Iguazú, que son, sin duda, mucho más impactantes. Es inevitable hacerlo, debido a la fama de ambos emblemas (encima uno es mitad argentino), por eso lo mejor es liberarse del tema rápidamente; en Iguazú hay 275 saltos, en medio de una selva increíble, mientras que aquí hay sólo dos, con varios edificios que aparecen en las fotos. Listo.

Ahora bien, caminar por una amplia costanera, en la calle, junto a un salto de 54 metros es, al menos, llamativo. Sobre todo si el frío congela parte de las plantas y el agua, y se forman incluso extrañas figuras de hielo, que se pueden ver en detalle recorriendo los túneles que acercan a los turistas hasta el río. Nada mal.

Pero eso no es lo único bueno de visitarlas en invierno. Los precios bajan de manera considerable; se consiguen habitaciones dobles en la zona por 40 dólares, y con vista a las Cataratas desde 150. Cuatro familias de origen italiano son las dueñas de la mayoría de los establecimientos, unos 200 en total, que albergan a 11 millones de visitantes por año.

A la noche, hay fuegos artificiales y las Cataratas se ven en colores; incluso los turistas pueden modificarlos, y se les propone combinar luces, dejar la iluminación a su gusto por unos minutos, y por eso reciben un certificado.

Comer en el restaurante Elements on the Falls con vista a los saltos; ingresar en el Niagara´s Fury si uno tiene chicos -nuevo, con animación y agua que cae sobre los espectadores, en una sala de 360°; ingresar por el túnel para ver el salto principal a unos metros, y caminar por la costanera son los puntos más atractivos del lugar. Hay paquetes de cuatro actividades por 40 dólares.

Las cataratas se pueden ver también del lado estadounidense: un gran puente conecta en este punto a ambos países. Del país vecino proviene la mayoría de los visitantes, aunque del 60 por ciento total, bajó al 35, por la crisis y porque ahora necesitan pasaporte.

Datos útiles
Donde dormir
  • Le Meridien King Edward: tradicional y modernizado, a pasos de Yonge St., ha tenido huéspedes como Mark Twain y los Beatles. Su historia es curiosa, incluso si uno pide ver la Royal Suite N° 973, que tuvo a Lennon y Yoko Ono en plena campaña bed-in for world peace, es cuestión de preguntar bajito; se puede ver (hasta la cama es la misma), si no está ocupada. El Té de Reyes (domingos) es imperdible. www.lemeridien.com/kingedward
Donde comer
  • The Fifth Grill: por un raro ascensor, tras pasar por una disco, se llega a una terraza de invierno y verano, con muy buen ambiente y comida. 225 Richmond St. W. www.thefifthgrill.com
  • Bright Pearl: raro restaurante chino para degustar mariscos sobre la base de un sistema de carritos. 348 Spadina Ave. www.brightpearlseafood.com

Más información
  • www.seetorontonow.com

Martín Wain (Enviado especial)
La Nación - Turismo
Fotos: La Nación

viernes, 5 de diciembre de 2008

Orgosolo, un pueblo de Cerdeña-Italia

Orgosolo

Orgosolo es un pueblo muy singular de la provincia de Nuoro, en el interior de Cerdeña: los muros de sus casas están cubiertos por cerca de 200 murales que representan hechos y personajes locales, de Italia y del mundo. Una inmensa pinacoteca de la historia abierta al cielo para que el color respire y el arte no quede encerrado entre cuatro paredes.

Para conocer la historia de un pueblo todos solemos acudir a libros, artículos, hablar con sus gentes, en fin, documentarnos. Pocas veces son las que llegando a un lugar nos encontramos con una especie de libro abierto al aire libre que nos explique la historia no sólo de su población si no la historia reciente del mundo. Eso es lo que sucede en Orgosolo, uno de los pueblos más grandes de la provincia de Nuoro, en el interior de Cerdeña, con sus cerca de 200 murales repartidos por los muros de sus casas.

Orgosolo fue, durante muchos años, sinónimo de apenas tres palabras: pobreza, ovejas y bandidos. Hasta bien entrado el siglo XX, la historia de quienes durante siglos se habían habituado a vivir aislados del resto del mundo podía seguirse regularmente desde las páginas de los diarios sardos y nacionales. Reyertas, secuestros, asesinatos, venganzas... eran algo común en la Barbagia, la zona donde se ubica la población. Libros como Caccia grossa (Caza mayor), escrito por el teniente de los carabinieri Giulio Bachi en 1900, daban fe de una indómita forma de ser forjada por años de aislamiento y miseria.

La portada del libro está ilustrada con una fotografía de la época y muestra a un grupo de carabinieri posando con un bandido capturado y muerto, tendido a sus pies, como si de un trofeo de caza se tratara. Si alguien visita Orgosolo no necesita buscar esa fotografía en un libro, puede contemplar, a tamaño natural y en plena calle, una reproducción pictórica de esa foto, como un fresco de la memoria. Las calles de Orgosolo están repletas de historia, sus paredes hablan y cuentan, nos muestran las antiguas formas de vida de sus habitantes, habituados al pastoreo y la agricultura de supervivencia; nos enseñan los interiores de las viviendas y cómo las ancianas, vestidas de negro, esperan sentadas a la puerta de casa la llegada de la noche, tras la cual no habrá más que un nuevo día.


Más allá de esa cotidianidad, los muros también nos recuerdan luchas pasadas y actuales, cercanas y lejanas: la guerra de Vietnam, la Revolución Francesa, el golpe de Estado en Chile, la Guerra Civil Española, la del Golfo, la conquista de América, la represión en Tian An Men, la Intifada palestina, el 11 de septiembre en Nueva York... Junto a los episodios de la historia aparecen también los personajes que la hicieron: los políticos, los héroes, los filósofos, los mitos, los obreros y los agricultores, las mujeres que caminan hacia la compra con niños pegados a sus faldas, los cantantes comprometidos, los poetas, los pintores, las familias en sus casas, la gente, en fin. Todo está ahí, en sus muros, como una inmensa pinacoteca de la historia reciente abierta al cielo, para que el color respire y el arte no quede encerrado entre cuatro paredes.

Primeros murales Los años ’60 y ’70 fueron tiempos de efervescencia política y reivindicaciones que llegaron también a este lugar al que sólo se accede por la carretera angosta que rodea las montañas del Supramonte. Fue en 1969 cuando el grupo teatral anarquista de Milán Dionisio plasmó el abandono de la isla en un mural en Corso Repubblica, la calle principal de Orgosolo. El mural representaba un mapa de Italia, con Sicilia al sur y un signo de interrogación en el lugar que debía ocupar Cerdeña. Ese fue el primero y parecía iba a ser el último, a pesar de que otros pueblos de la zona, en especial San Sperate, estaban llevando a cabo la misma actividad. Fue años más tarde, en 1975, cuando el profesor Francesco del Casino propuso a sus alumnos orgolenses una actividad de investigación coincidiendo con el 30º aniversario de la Resistencia Antifascista italiana.


Se trataba de plasmar en diversos carteles la participación en la contienda de los habitantes de un lugar tan olvidado por el que, parafraseando la canción, “por no pasar, ni pasó la guerra”. Así descubrieron con sorpresa que fueron muchos los orgolenses que se habían incorporado a la lucha partisana en la península italiana. A raíz de esa investigación se crearon unos 200 carteles, algunos de los cuales se distribuyeron por las paredes del pueblo. Los carteles gustaron tanto que, para evitar su desaparición bajo las inclemencias meteorológicas, se propuso pintar algunos de ellos directamente en la pared. Y así, casi de casualidad, nació una práctica que aún perdura y que se ha convertido en un signo de identidad de sus habitantes.

Es cierto que la actividad política de esos años favoreció la continuidad de los murales, que en Orgosolo fueron desde el principio eminentemente políticos, y fue durante esa época que se reflejaron algunos de los acontecimientos nacionales y mundiales más destacados. También se inmortalizaron las luchas locales, como la oposición del pueblo entero, incluidas sus autoridades, a la construcción de un polígono de tiro en sus tierras comunales. Con el cambio de década, los murales dieron paso a escenas más cotidianas, a un mural más artístico que político, aunque siempre reivindicativo. Los trazos del profesor Del Casino se notan en los dibujos de inspiración más picassiana y poscubista, mientras otros artistas locales, como Pasquale Buesca o Vicenzo Floris, daban otro aire a las propuestas.

Artistas populares Durante los años ’90 y esta primera década del siglo XXI, los murales han continuado invadiendo las paredes de Orgosolo, convirtiéndolo en un lugar visitado por turistas, curiosos y estudiosos de un fenómeno que se ha mantenido durante casi tres décadas. Al contrario de otros pueblos donde se inició la actividad muralística sin que hubiera continuidad, en Orgosolo la participación ciudadana en la elaboración y restauración de los frescos ha sido esencial. Los estudiantes de las escuelas medias son casi siempre los encargados de retocar los colores desvaídos de los antiguos murales, recuperando obras que continúan vivas. Ahora, con más de 150 murales reconocibles, y otra cincuentena que lucha entre sobrevivir o dejarse arrastrar por la lluvia y el viento, la polémica se centra en si se debe continuar restaurando o es mejor dejar lugar para nuevas obras y reivindicaciones. Porque, en Orgosolo, a pesar de la belleza de los dibujos, no se ha perdido el sentido primario del mural, aquel de comunicar, mostrar, enseñar, sacar a la calle algo que debe ser conocido por todos.


El problema que se plantea hoy es que, entre tanto mural, los nuevos casi no se destacan entre aquellos que llevan años captando la atención de propios y extraños. El propio profesor Del Casino, originario de Siena pero que vivió muchos años en estas tierras y pionero de este singular movimiento, declaró una vez que la continuidad de las pinturas estaba asegurada por mucho tiempo, puesto que “la arquitectura de los últimos 50 años era de una calidad tan mediocre que una intervención mural no podía sino mejorarla”. Parece que tal afirmación ha calado hondo entre los habitantes de Orgosolo, un pueblo que destaca por su ubicación y un entorno de salvaje belleza, donde los amantes del senderismo y la montaña quedan rápidamente atrapados, pero cuya arquitectura no pasa de la funcionalidad de acoger a personas bajo un techo. Tal vez por ello, porque sus muros estuvieron tantos años desnudos, sólo cubiertos con el gris con el que se pintan tantos paisajes rurales, la aparición del color y las formas dieron un sentido nuevo a las paredes. Los murales, ayer como hoy, se han adaptado a las formas de esos muros, a sus imperfecciones, a sus curvas.

Algunos personajes descansan sobre salientes, puertas que ya no están o pegotes de cemento antiguo, y hay paisajes que parecen especialmente diseñados para esa línea curva que traza la pared. La arquitectura y el dibujo se han aliado para transformar un pueblo de apariencia anodina en algo extraordinario que genera interés y un gran número de estudios. Lo inusual, además, es que este proyecto no está en manos de unos pocos, sino que todo el pueblo asume que los murales se han convertido en seña de identidad y se siguen manteniendo como esos ritos antiguos cuyo nacimiento se pierde en la noche de los tiempos.

Orgosolo pertenece a esa categoría de lugares con una atmósfera propia y diversa, no es pueblo amable sino fiero y orgulloso. No en vano se acostumbraron durante mucho tiempo a un código propio de actuación, al aislamiento y a la incomprensión. Enclavado en mitad de las maravillosas montañas del Supramonte, los murales de Orgosolo nos muestran un pueblo luchador, que no se resigna a un destino presuntamente escrito, aunque las abuelas, aún vestidas de negro, no consientan en sonreír a los forasteros.

Maribel Herruzo
Pagina 12 - Turismo