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domingo, 6 de abril de 2008

Río Negro: Bucolica y Frutal

Villa Regina - Capital Nacional de la Manzana

El Alto y Medio Valle son oasis de álamos y plantaciones que contrarrestan la postal adusta de la estepa patagónica. De ellos proviene la mayor parte del millón y medio de toneladas de peras y manzanas que produce el país. Se puede visitar chacras, saborear un merlot o un pinot noir o atreverse con una sidra original,elaborada como champagne.

Sin dudas, la Patagonia es más que un destino atractivo en los mapas de viajeros de todo el mundo. Es también un lugar mágico, único, que desgrana geografías diversas, lugares muy frecuentados y otros que aún esperan ser descubiertos. Y son ésas algunas de las joyas que esconde la provincia de Río Negro: productos típicos, atractivos culturales y una creciente pasión por el fomento del turismo rural y una veta más que interesante: la expedición frutícola.

Atravesadas por los 637 kilómetros que surca el río que bautiza a la provincia, las regiones del Alto Valle y el Valle Medio surgen como un verdadero oasis en el paisaje eterno de la estepa patagónica, desértica y coloreada únicamente por pequeños arbustos espinosos. Las paredes de álamos, colocados uno junto a otro, forman verdaderas barreras naturales de contención frente a los fuertes vientos de la zona y otorgan al recorrido un aire bucólico y casi mágico. Es allí donde se concentra el principal corredor de peras y manzanas, las dos producciones frutales más importantes de la Argentina –nuestro país ocupa el primer lugar mundial de exportación de peras, y uno de los más altos del ranking en manzanas–, y exhiben orgullosas sus atributos como destinos turísticos que cada vez más visitantes disfrutan.

No sólo se puede recorrer una de las cinco rutas alimentarias desarrolladas por la provincia, en sociedad con el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA). También se puede explorar una reserva con restos paleontológicos, degustar originales derivados de estas producciones frutícolas, hacer deportes de riesgo o conocer la particularidad de los vinos rionegrinos, que cobran cada vez mayor relevancia dentro del ya interesante mapa vitivinícola nacional. Y entregarse a una verdadera travesía de descubrimiento.

General Roca

De peras, manzanas y arqueología
El Alto Valle, ubicado cerca del límite con Neuquén y las partes bajas de los ríos Neuquén y Limay, unifica en la porción superior de la cuenca a las regiones donde nace el imponente río Negro. Y es también el que alberga los centros más desarrollados de producción frutícola de exportación. En Cipolletti, localidad famosa por un jugo de manzana en caja, que “lamentablemente, no podemos disfrutar más”, según cita nostálgica Natalia Marenzana, responsable del Programa de Desarrollo Turístico-Recreativo de la ciudad y ferviente entusiasta de la zona, quien señala que los cultivos frutales –manzanas, peras y, en menor medida, carozos de duraznos, ciruelas y pelones– son los principales motores de la economía. Pero también es posible deslumbrarse con algunas pequeñas maravillas que esperan a los curiosos: “Desde hace dos años, la sidrera La Delicia produce una joya llamada Flor de Manzana, una sidra producida como un champagne, con el mismo método de vinificación”, cuenta entusiasmada Marenzana. En el Alto Valle, que conforman también General Roca (sede de la Fiesta Nacional de la Manzana), Villa Regina y Cinco Saltos, afirman que en poco tiempo más las productoras y empacadoras de peras y manzanas estarán listas para recibir formalmente a los turistas y mostrarles todo su proceso productivo, desde que la fruta se extrae de la planta hasta que llega a los pallets que la llevan al barco donde encontrará su destino final, en tierras europeas, estadounidenses o más lejanas aún. Y este dato no resulta menor, sobre todo si se tiene en cuenta que la mitad de las exportaciones de frutas del país corresponde a peras y manzanas, y que esto significa 536 millones de dólares anuales. Además, Argentina produce casi un millón y medio de toneladas de ambos frutos, que mantienen pujante un sector de la economía del que depende la región.

Yendo unos kilómetros más allá, por las rutas nacionales 22 y 151, que atraviesan la ciudad, se despliegan las 510 mil hectáreas de área protegida, bautizadas como Parque Cretácico. En esa zona, que bordea el río Limay y se extiende hasta el valle del Chocón, hay formaciones geológicas únicas y milenarias; y otras, denominadas “gigantes”, que emergen de las aguas turquesas del lago Ramos Mejía, casi como un parque de diversiones arqueológico. Las inmediaciones del área protegida ofrecen un escenario ideal para los amantes de los deportes de aventura, como el trekking y el rappel. Por ahora, todas estas actividades pueden hacerse sólo con reserva previa local.

En General Roca, por su parte, están orgullosos de su Fiesta Nacional de la Manzana, que llena cada febrero el calendario y convocó, este 2008, a más de 200 mil visitantes de todo el país. “No sólo tenemos artistas internacionales y locales del mejor nivel –este año, Chayanne, Miranda! y el Chaqueño Palavecino, entre otros– sino que la gente disfruta del concurso de embaladores, elegimos una de las reinas más lindas del país y compartimos las ferias de productos locales”, se entusiasma Diego Rodip, encargado del área de turismo rural del INTA y responsable de llevar a cabo dos de estas rutas alimentarias, la de las frutas y la del vino (ver recuadro).

Embalse Ramos Mejia

Chacras patagónicas y un santo tehuelche
Llegar al Valle Medio es una experiencia para los sentidos. Allí, las siete localidades que lo conforman (Choele Choel, Luis Beltrán, Chimpay, Cnel. Belisle, Darwin, Pomona y Lamarque, sede de la Fiesta Nacional del Tomate, en marzo) ofrecen la paz del paisaje rodeado de álamos y una fauna bastante particular de ñandúes y choiques, unas simpáticas aves silvestres que servían de alimento principal a los aborígenes originarios de la zona.

La zona es ideal para el turismo rural, si bien los lugares para visitar –denominados “chacras” por los rionegrinos, aunque se trate, en muchos casos, de estancias u otro tipo de establecimientos– están aún en pleno desarrollo de servicios para los viajeros.

Además de la Finca San Javier, una de las primeras en lanzar el turismo de la zona, en Chimpay albergan un orgullo especial: allí nació Ceferino Namuncurá, el jefe indio tehuelche beatificado y conocido como el santo “milagrero” de la región.

En San Javier, los visitantes no sólo pueden experimentar la recolección de frutos y producir sus propios dulces y conservas; también pueden hacer tours de pesca de truchas, de observación de aves y de caza... pero fotográfica.


En Isla La Esmeralda, en Luis Beltrán, se degustan almuerzos caseros con carnes de la zona. Para el responsable del INTA, el maridaje ideal es “el asado de cordero patagónico regado con un buen merlot”. En la zona, además, se producen con excelentes resultados los varietales pinot noir y semillón, usados como vinos de corte en otras regiones vitivinícolas del país. “Confiamos en que se convertirán en nuestras cepas emblemáticas, como el malbec es para Mendoza”, agrega.

Balneario en Choele Choel


Pichilauquen es uno de los establecimientos pioneros en la región. El casco colonial, equipado con todas las comodidades, es el que comparten los visitantes con los dueños de la chacra. Allí departen y colaboran con las tareas cotidianas del lugar. Uno se convierte sin pensarlo en uno más con la naturaleza, y aprende a manejar una verdadera chacra patagónica.

Para los golosos, esos que aman volver de viaje con las valijas repletas de delicias locales no descubiertas aún en otros rincones del país, la zona del Valle Medio es un verdadero paraíso. En Luis Beltrán y otras localidades se producen dulces y conservas, y son famosas las peras en escabeche que se disfrutan en todas las fiestas regionales.

Con el crecimiento de las cooperativas de pequeños productores, que abundan en la región, es común disfrutar de la miel más pura, y de una variedad ilimitada de frutas y hortalizas orgánicas, muy codiciadas por los visitantes de otros países que pasan por los caminos de las islas del Valle Medio.

Y para aquellos fanáticos que nunca dejan de buscar los rincones donde se forjaron las páginas de la historia argentina, el Monumento a la Conquista del Desierto es una parada obligada. Al menos, para contemplar desde allí la inmensidad de uno de los valles más fértiles y productivos de la Patagonia, y un lugar nuevo para descubrir y disfrutar.

Nueva ruta del vino
Si bien las regiones vitivinícolas tradicionales de la Argentina están incorporadas a los circuitos turísticos, principalmente en Mendoza y Salta, en Río Negro el interés por visitar bodegas –y la apertura que éstas tienen al público– crece año a año. Sumada al entusiasmo de otras provincias patagónicas, como Neuquén, en el Alto Valle, cercano a Cipolletti, existe además la posibilidad de visitar una de las bodegas más antiguas de la región patagónica. Se trata de La Falda, una bodega-museo donde se puede conocer la historia de la familia Herzig, pionera en estas latitudes, que se instaló en la zona a fines del siglo XIX, al llegar de Europa. La tercera generación abrió, en 1910, la posibilidad de que los visitantes aprendieran un poco más de la cultura del vino, recorriendo las instalaciones que aún atienden miembros de la familia. Como souvenir, pueden llevarse una de las 6 mil botellas que producen por año sólo para consumo de los turistas y lugareños. Además, hay en la región otros emprendimientos vitivinícolas que hacen que la opción de incorporar la provincia patagónica dentro del mapa del turismo enológico crezca día a día. A las bodegas Agrestis y Estepa, que también reciben visitantes, se suma la tradicional Canale, una bodega centenaria, pionera de los vinos patagónicos. Sus toneles añosos y su atractiva producción –especialmente de los varietales emblema de la provincia– son imanes para los viajeros. Todas las visitas deben acordarse con anterioridad, según aconsejan en la zona. Y es casi obligatorio partir con una buena botella para compartir al regreso.

Clara Fernandez Escudero
Diario Perfil - Turismo (Edición Impresa)

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Yo voy hace años a las Grutas en Río Negro y es un lugar precioso, digno para gente joven, son gente la mayoría de Rio Negro los que acuden allí y son muy tranquilos. Es muy bonito y especial para relajarse.

Felicitas- Apart Hotel Buenos Aires- Hoteles Buenos Aires en Capital

Ani dijo...

Me encanta el turismo, y sobretodo en Argentina, Río Negro visité el año pasado... quedé enamorada de la belleza de ese lugar, realmente fueron unas vacaciones que revitalizaron muchisimo. Nos quedamos con mi marido en un hotel en el centro de bariloche, y nos relajamos muchisimo. Espero poder volver pronto.