• Quilmes - Buenos Aires - Argentina

miércoles, 27 de febrero de 2008

La otra Sicilia

Via Vittorio Emanuele - Palermo

Desde Palermo hasta Taormina, un recorrido que revela los encantos menos conocidos de la magnífica isla mediterránea.

Hay muchas maneras de llegar a Sicilia, la isla más grande y épica del Mediterráneo, pero ninguna se compara con hacerlo por mar. Cuando uno se aproxima a sus costas, la lentitud del ferry invita a perder la mirada sobre las olas verde-azuladas y pensar que sobre ellas surcaron naves griegas, fenicias, romanas, bizantinas, árabes, normandas y españolas a lo largo de los últimos dos mil ochocientos años.

Mientras los motores del barco rugen ante la dársena, la imagen de Sicilia emerge como una especie de ombligo de la civilización occidental, un sitio que conserva testimonios de casi todos los sucesos que forman parte del índice habitual de un manual de historia: desde el esplendor de la cultura griega hasta las cruzadas, de la época napoleónica a la Segunda Guerra Mundial.

Francesco "Ciccio" Romeo, nuestro guía, es un siciliano de pura estirpe, conversador, risueño y culto, y amante del fútbol. Nos recibe en el puerto de Palermo, su ciudad natal y capital de la isla, enfundado en una remera de la Selección argentina y la misión autoimpuesta de mostrarnos la "verdadera Sicilia", aquella que se esconde detrás de los folletos turísticos y los tópicos sobre la mafia.

Que Ciccio tenga puesta una camiseta argentina no es un gesto de confraternización forzada. Los sicilianos, como veré a lo largo del viaje, tienen un vínculo sentimental antiguo y candente con Argentina. Durante las hambrunas que siguieron a las dos guerras mundiales, desde allí partieron miles de inmigrantes hacia nuestro país, en tiempos marcados por la tragedia y la esperanza que han sido narrados magistralmente por el más grande de los escritores de la isla, Luigi Pirandello.

Por las calles de Palermo
La primera parada de nuestra ruta por la "verdadera Sicilia" es la Vucchiria, un barrio popular de Palermo que ha crecido en torno a un multicromático mercado de productos del mar y la tierra. Allí, Ciccio nos hace entrar a una antigua fonda para probar "sangue di Sicilia", un aperitivo fortísimo de color bordó, que combina vino tinto y diferentes clases de vermú. Para hacernos lugar en la barra de la fonda, el dueño del local, un siciliano de más de 100 kilos, aparta a cachetazo limpio a los parroquianos que se apoyan adormecidos sobre sus codos y luego, con una sonrisa de buen anfitrión, nos invita a acercarnos.

En un restaurante cercano al puerto comemos paste alle sarde, el plato emblemático de la isla, y luego salimos a caminar por el centro de la ciudad. Ciccio se siente especialmente orgulloso al llegar al Teatro Massimo, el Colón palermitano, que fue escenario de las imágenes finales de El Padrino III. Muy cerca, en la Piazza Castelnuovo, se encuentra el otro gran teatro de la ciudad, el Politeama, construido entre 1867 y 1874, que fue el epicentro de la alta cultura de Palermo durante los largos años en que el Massimo estuvo cerrado por refacciones.

Vucchiria, un barrio popular de Palermo

La Via Vittorio Emanuele es la arteria principal y enhebra los principales hitos turísticos de la ciudad, así que la caminamos durante buena parte de la tarde. En una sucesión increíble de estilos arquitectónicos pasan la Piazza Bellini, donde se encuentra la iglesia normanda La Martorana, la Piazza Pretoria (uno de los centros de la vida nocturna) y Quattro Canti, antes de culminar en la magnífica Catedral, levantada sobre lo que fue primero una basílica cristiana primitiva, luego una mezquita árabe y, después, un templo cristiano normando.

"¿Vamos a por un capuchino?", sugiere de repente Ciccio. Con la perspectiva de descansar un rato frente a un café humeante, nos dejamos llevar hasta un monasterio, en el que, asegura Ciccio, están los mejores capuchinos de Palermo. Se trata de una broma macabra. En el monasterio no hay cafeteras expresso, ni mozos con delantal, sino una sorprendente red de catacumbas en las que se exhiben los cadáveres embalsamados de cientos de monjes capuchinos y decenas de aristócratas del Palermo del siglo XIX. Cuando llegamos a un recodo en el que se exhibe a una familia embalsamada al completo (con una pequeña niña incluida), Ciccio se alarma al notar el color gris de mi rostro y decide que ya es hora de salir de allí.

Mientras recupero una tez normal, caminamos hasta el cercano palacio de la Zisa, una hermosísima edificación de estilo árabe que fue levantada por los reyes normandos, tras expulsar a los musulmanes de la isla. Frente a la Zisa, tomamos el demorado capuchino viendo caer el sol, acompañándolo con una de las mayores exquisiteces que ha concebido el género humano: los cannoli.

Taormina

Agrigento y otras maravillas
Lo normal, turísticamente hablando, sería iniciar un recorrido por Sicilia desde Palermo hacia el sudeste, con rumbo directo a las míticas Taormina, Siracusa y Agrigento. Pero nuestro intransigente guía decide que la ruta de la "verdadera Sicilia" se dirige, por el contrario, hacia el oeste. En esa dirección partimos muy temprano por la mañana y, a menos de una hora de viaje, ya estamos en Scopello, la puerta de entrada a la reserva natural Dello Zingaro, un área protegida de belleza típicamente mediterránea, plagada de acantilados y calas paradisíacas que son ideales para pasar al menos una jornada de playa.

Continuando hacia el oeste, a una hora de la reserva, se encuentra Erice, un pueblo encantador, de estampa medieval, desde el que se tiene una maravillosa vista de Trapani y las islas Egades. Aunque no forma parte de los principales itinerarios turísticos de Sicilia, Erice valdría el viaje por sí mismo. Situado sobre el monte San Giuliano, el pueblo fue fundado por los fenicios y descrito por Virgilio en la Eneida, y tiene un increíble patrimonio arquitectónico perfectamente conservado.

Desde allí sólo hay que deslizarse por un breve camino de montaña para llegar a Trapani, una ciudad famosa por sus milenarias salinas y punto de partida de las excursiones en barco que recorren las islas Egades. Entre la ciudad y la vecina Marsala (célebre gracias a su vino dulce), se extiende un paisaje sorprendente de campos blancos y viejos molinos que bordean el mar, salpicado por montañas de sal cubiertas con tejas de terracota. Por recomendación de nuestro lazarillo siciliano, paramos a comer en un restaurante situado entre las salinas, una zona en la que, dicen, se preparan los mejores platos de pescado de toda la isla, un rumor que confirmamos como cierto apenas un poco más tarde.

Siracusa

Ciccio detesta que todo el mundo asocie a Sicilia con la mafia, así que se niega con elocuente firmeza a llevarnos a Corleone y decide que seguiremos por la costa hacia Agrigento, uno de los platos fuertes del viaje. El camino transcurre por una ruta lenta y sinuosa, pero muy bella, con las aguas del Mediterráneo siempre apareciendo por la izquierda. Antes de entrar a Agrigento, nos detenemos en la Scala delle Turchi, una cala encerrada por acantilados de piedra pomez a los que la erosión ha dado forma de escalinata. Allí contemplamos un largo rato las olas y la silueta de Túnez que aparece a lo lejos, del otro lado del mar, y luego bajamos a darnos un baño.

Agrigento es una decepcionante ciudad de edificios modernos, con un aislado casco antiguo, así que partimos de inmediato hacia el Valle de los Templos, donde se encuentra el complejo de templos griegos mejor conservado del mundo. Es un sitio realmente conmovedor. Se trata de una ciudad fundada en el 580 aC. que en su momento de mayor esplendor estuvo habitada por casi 200.000 personas. Todos los monumentos del complejo son de estilo dórico y entre ellos se destaca el Templo de la Concordia, una especie de Partenón de 42 metros de largo que se halla en perfecto estado. Caminando por senderos de piedra llegamos a otras maravillas como los templos de Hércules, de Júpiter Olímpico y de Castor y Pólux, a la tumba de Terón y al increíble barrio helenístico-romano, que conserva el trazado de una parte de la ciudad, revelando a los visitantes muchos aspectos de lo que fue la forma de vida de los habitantes de Agrigento en la antigüedad. A última hora de la tarde, nos sentamos en las escalinatas de un templo a ver caer el sol sobre las ruinas, tiñéndolas de rojo y dorado.

Catania: Declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco

Ciudades y pueblos
La última etapa del viaje se inicia por Piazza Armerina, otra joya escondida del interior siciliano, que tiene un casco histórico en el que el estilo barroco alcanzó un enorme esplendor, al igual que en el poblado de Noto, que es conocido como "el jardín de piedra" por la magnificencia de sus edificios. Apenas unos pocos kilómetros al norte de Noto está Siracusa, con su famoso anfiteatro romano, su teatro griego y la península de la Ortigia, el núcleo original de población de los corintios que fundaron la ciudad.

Pegados a la costa, seguimos hacia el Norte y pasamos por Catania, la segunda ciudad más poblada de Sicilia, que fue casi destruida por una erupción del volcán Etna en 1669. Declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, alberga una enorme cantidad de palacios barrocos, muchos de ellos agrupados en torno de la Plaza de la Catedral y de la céntrica Via Etnea.

Taormina, la última escala, es un hermoso sitio que está sobreexplotado por el turismo masivo. Se levanta sobre un peñasco frente al mar, en cuya cumbre se conserva un elegante anfiteatro griego. Su innegable belleza hizo que durante el siglo XX fuera frecuentada por escritores y estrellas de Hollywood, como Truman Capote, Greta Garbo, Cary Grant, Orson Welles y Rita Hayworth, cuando todavía era un paraje escondido y encantador.

Nuestro viaje cierra su círculo en Cefalú, un pueblo de pescadores vecino a Palermo donde viven los padres de Ciccio. Allí, nos espera una cena compuesta por un amplio abanico de especialidades de la cocina popular siciliana, preparada por la mamma del guía que nos ha mostrado el rostro de la verdadera Sicilia.

La buena mesa
Sicilia bien podría valer un viaje simplemente gastronómico. Como suele ocurrir en Italia, cada ciudad, cada región, cada pueblo tiene su delicia particular. En Palermo, las estrellas son la paste alle sarde (pasta con sardinas y piñones), las arancine (unas albóndigas fritas de arroz y parmesano), la caponatta (una entrada compuesta por berenjenas, aceitunas, alcaparras y albahaca) y los deliciosos cannoli (una especie de canelones dulces, rellenos de ricota azucarada, naranja y chocolate). En Erice y Trapani, destacan platos de mar, como el atún cocinado con ajo, tomates y alcaparras, y los granite (granizados de hielo con jugos de fruta), mientras que la zona de Agrigento es famosa por sus vinos. El plato típico de Catania es la pasta alla Norma (pasta con salsa de tomate, berenjenas y ricota) y en los alrededores de Siracusa se suele servir el mejor Pesce Spada con salsa San Ferlicchio (pez espada a la plancha con limón, alcaparras y perejil). Además, todas las regiones de Sicilia tienen en común la pasión por los dulces de mazapán.

Info Web:
www.lasicilia.es
www.regione.sicilia.it/turismo
es.wikipedia.org/wiki/Sicilia

Juan Carlos Marino
Clarín - Viajes
Fotos: Web



sábado, 23 de febrero de 2008

Taiwan: con paciencia oriental

Taipei 101 Tower (Taipei Financial Center), con 509 mts de altura, en el año 2003 fue el edificio mas alto del mundo

La más occidentalizada de las provincias chinas tiene el tercer edificio más alto y el ascensor más veloz del planeta. Pródiga en parques naturales, belleza y curiosidades, todavía conserva una de las tribus malayas que poblaron la isla por primera vez. Las mujeres siembran té y los hombres dictan clases de tai-chi. Al corazón de la montaña. Decenas de túneles y puentes construidos sin ayuda de maquinaria atraviesan la principal cadena montañosa de Taiwán. Taiwán es donde Chiang Kai-shek y sus seguidores nacionalistas se refugiaron en 1949 después de huir de Mao Tse Tung y su ejército. Su soberanía sigue todavía en disputa. Es un importante partícipe en el mundo de la alta tecnología. Su capital, Taipei, con una poblacion de 22,7 millones, afirma tener el edificio más alto del mundo. Descansa en placas tectónicas, y es afectado periódicamente por terremotos. Estamos ansiosos por llegar a Taipei. Queremos viajar en el MRT, un moderno subterráneo, y cenar en un restaurante donde la cena culebrea delante de los ojos. Queremos recorrer el Museo del Palacio Nacional, donde abundan los textiles, pinturas, cerámicas, esculturas y la caligrafía que rescató Chiang Kai-Shek antes de que la Revolución Cultural pudiera destruirlo. Y queremos probar un masaje reflexológico de pies.

En el hotel, la llamada para despertarnos a las 6 de la mañana llega en chino. Su-Fang, nuestro guía, espera en el lobby con una gran sonrisa. Los taiwaneses están reunidos a las puertas del monumento al doctor Sun Yat-sen, donde hay artefactos vi
nculados con el papel de Sun como primer presidente provisional de la República de China. Algunas personas practican movimientos tai-chi. Otras se ejercitan con espadas, banderas, o pértigas de bambú. Luego de eso, nos detenemos en el departamento de Su-Fang para tomar un té con su hermana, Marjorie, y unos amigos que se reúnen para la clase semanal de origami. La mesa del comedor está puesta con platos de pastelitos y, hábilmente dobladas, ranas de papel, cigüeñas, tortugas, dragones, peces y flores.

Un corto viaje en el subte MRT, rápido e inmaculado, nos trae al Monumento a la Democracia de Taiwán, construido en honor de Chiang Kai-shek. Un guía recuerda los logros de Chiang mientras observamos sus Cadillac y la tapa de la revista Time de 1938, nombrando a Chiang y a su esposa (una fuerza politica por derecho propio) “Man and Wife of the Year” (El hombre y la esposa del año). Continuamos hacia un vasto salón donde hay una estatua de Chiang custodiada por un guardia de honor.

El siguiente punto de nuestro itinerario es en el edificio más alto del mundo, Taipei 101: 508 metros de ambiciones empresariales altas como el cielo. Diseñado para parecerse a un tallo de bambú, la estructura, como esta especie vegetal, combina la fuerza con la flexibilidad: algo bueno teniendo en cuenta que está edificado en esta tierra propensa a los temblores. Nos subimos al ascensor más rápido del mundo, que asciende desde la planta baja hasta el piso 89 en 37 segundos. Prácticamente no sentimos la velocidad.

Parque Nacional de Taroko

El desfiladero Taroko
Nos dirigimos hacia el mas famoso parque nacional de Taiwán, Taroko, a escasas horas de Taipei en automóvil. El parque se halla bordeando el desfiladero Taroko. Un trabajo todavía en constante progreso geológico, formado con placas tectónicas, que crea las montañas centrales de Taiwán, cortadas por el río Liwu en dramáticas barrancas. Ingresamos en un intrincado paisaje chino, una tierra vertical con capas de árboles y rocas. En el área del parque para los visitantes nuestro guía, Weiling Liu, ha pedido el almuerzo. “Este restaurante se especializa en comida de las montañas, trucha y jabalí, así que deben probarla”, dice Weiling. El camino del parque es una maravilla de ingeniería que involucra 38 túneles y una procesión de puentes. “En aquella época no había maquinaria pesada disponible”, dice, “así que gran parte del camino tuvo que ser construido con el sudor de los trabajadores”. Estamos en ruta hacia el sendero Shakadang, el cual recorre una barranca que flanquea el Puente de los Cien Leones. Sus barandillas están decoradas con estatuas de estos felinos. “Shakadang es una palabra aborigen que designa al diente molar”, nos dice Weiling. “Se refiere a los peñascos que hay en el riachuelo.” Rápidamente los vemos, de un blanco lechoso, muchos del tamaño de pequeños elefantes. ¡Y el riachuelo! Una belleza, de un aguamarina profundo.


Aldea Bunun (foto)
Enfilamos hacia el valle del Rift Oriental, rumbo a la aldea Bunun. Durante la década pasada este asentamiento de aborígenes se ha transformado en un sitio turístico. Los miembros de la tribu Bunun descienden de algunos de los habitantes originales de Taiwán, que encontraron su camino hacia la isla hace más de 5.000 años, muchos desde el archipiélago malayo. Los Bunun son una de las 13 tribus originales reconocidas por el gobierno.

Estatuas similares a tótems nos reciben en la puerta del modesto pueblo de edificios bajos, donde encontramos miembros de la tribu Bunun tejiendo textiles y tallando sillas de madera con forma de figuras humanas. Nos apresuramos a conseguir asientos en un pequeño teatro al aire libre. Unos niños en ropas tribales, rojas y azules y negras, van al escenario. Mientras se hacen oír los tambores en lo que parece un ritmo de la Polinesia, los niños comienzan a cantar.

Como muchos pueblos aborígenes, las tribus de Taiwán, que constituyen el dos por ciento de la población, fueron por mucho tiempo una minoría despreciada. Eso está cambiando. En 1999, Taiwán fue anfitriona de la Conferencia sobre los Derechos de los Pueblos Aborígenes, y actualmente los tribeños pueden hacer oír su voz sobre los asuntos políticos a través de un consejo especial.


Vacaciones en Kenting (foto)
En cuatro horas hemos viajado de Bunun hasta el moderno centro vacacional de Kenting. Vamos al hotel California, que se parece a una hostería para jóvenes, ubicado en la calle principal. El hotel tiene cierto encanto. El vestíbulo es una juguetona combinación de bar, negocio de venta de artículos de playa, y cibercafé. Kenting tiene una rambla. Su calle principal se transforma en una zona peatonal cuando se desarrolla el festivo mercado nocturno. Decenas de vendedores venden cabezas de pato asadas, patas de pollo, minúsculas conchas marinas con los animales cocinados en su interior, como también ropas, recuerdos y otras cosas.

Una de las razones por las cuales los turistas vienen aquí es para visitar el parque nacional Kenting, el primero de Taiwán. Es una mezcolanza de áreas costeras con corales, cuevas y afloramientos de roca. En el centro de visitantes del parque, vemos un video de la geología regional, que incluye inusuales riscos de rápido declive y ríos de arena, y sobre la fauna, encabezada por una asombrosa variedad de pájaros –alrededor de 310 especies– que comparten el atestado espacio aéreo con alrededor de 216 clases de mariposas.


Alishan, tierra de gigantes
(foto)
Alishan es una de las cordilleras más altas de Taiwán y llegamos al centro del Parque Nacional donde se encuentran luego de un largo viaje a través de colinas onduladas, escalonadas con campos de té. Allí las mujeres, que se protegen del sol usando sombreros de bambú, recogen las hojas de plantas de té. El té oolong, que crece en este clima de montaña fresco y húmedo, es considerado el mejor de Taiwán.

Nos albergamos en el hotel Alishan House. En el medio de la noche, una extraña sensación nos despierta. Al prender la luz, veo que la cama se está moviendo. Es un terremoto. Nos ponemos la bata y los zapatos para escapar, pero enseguida el temblor cesa.

El susto pasa enseguida cuando pensamos que en pocas horas estaremos en el clímax del viaje, explorando los senderos de Alishan. No solamente hacemos una vigorosa caminata. También recorremos el sendero de una de las montañas más altas del mundo y encontramos algunos de los más antiguos habitantes de la Tierra: los gigantes cipreses formosanos (o rojos), venerables árboles que han resistido siglos –y en algunos casos milenios– a tifones, terremotos, desprendimientos de tierra y explotaciones forestales. El primer gigante que vislumbramos tiene 25 metros de alto. Con 1.500 años de antigüedad, es relativamente joven. El árbol más viejo de aquí germinó alrededor de la época de Cristo. Alcanza 45 metros de altura y su circunferencia es de 12 metros.


Lago Sun Moon (foto)
Estamos en el lago Sun Moon, el amado “cielo de luna de miel” de Taiwán. Optamos por la rara Casa Llena, propiedad de una artista taiwanesa y de su esposo. Esa noche cenamos a la luz de las velas debajo de la pérgola del jardín. La propietaria, Yi-Jen Lin, nos sirve una sabrosa calabaza con melón muy dulce, mango condimentado con aceite shiitake, pescado frito y hongos salpicados con aceite de ostras. “Nosotros preparamos frutas para reflejar las cuatro estaciones”, dice Yi-Jen. Inmediatamente pensamos que hemos visto un montón en este pequeño territorio, pero a la vez nos hemos perdido mucho. No llegamos a la costa del Norte y sus pueblos de pescadores. O al bosque de bambú en Hsitou.

—Jayne, ¿estás pensando lo que yo estoy pensando?

—Absolutamente, Marilyn. Necesitamos retornar. Pero no quiero esperar hasta ganar un viaje gratis para poder hacerlo.

Jayne Wise / Marilyn Terrell
National Geographic Traveler
Reproducida en Diario Perfil-Turismo
Fotos: Web

miércoles, 20 de febrero de 2008

Argentina: Rutas con altura

Cartel se señalamiento Ruta 40 de Jujuy a Santa Cruz

Desde Salta hasta Santa Cruz, surcan la cordillera de los Andes y sus estribaciones muchos caminos sinuosos que rozan la “alta” belleza: la Quebrada de las Conchas en Salta, la ruta 7 hasta el Cristo Redentor en Mendoza, el cruce a Chile por Agua Negra en San Juan, la ruta al mirador del Cochuna en Tucumán y el Camino del Monte Zeballos en Santa Cruz.

Desde la altura, al borde de un camino de cornisa, se capta la verdadera dimensión de la inmensidad de un paisaje. La noción del espacio se pierde a medida que se agranda el horizonte visual, y se la recupera de pronto cuando 1000 metros más abajo aparece un puntito negro avanzando sobre cuatro ruedas en cámara lenta por la ruta.

En un país como la Argentina, surcado transversalmente por la cordillera de los Andes, hay tantos caminos donde se repite la escena anterior, que con ellos se podría escribir una gruesa guía de viajes con rutas de montaña. A continuación, una serie casi arbitraria de “caminos de altura” entre tantos otros, elegidos por región desde el noroeste del país hasta Cuyo y la Patagonia.


El camino a Iruya (foto)
En un viaje a Iruya –como a tantos otros pueblos de montaña en Salta–, el trayecto hacia allí vale tanto como el destino mismo. Por empezar, hay que atravesar toda la Quebrada de Humahuaca en Jujuy. Al abandonar la famosa quebrada se acaba el pavimento y comienza un ripio en muy buen estado, primero por la ruta nacional 9 y luego la provincial 133. En total son 70 kilómetros, que también se pueden hacer en colectivo por una línea diaria que une Humahuaca con Iruya.

El camino sube hasta los 4 mil metros en el Abra del Cóndor, justo el límite entre Salta y Jujuy. Entonces la ruta comienza a bajar en forma de zigzag, mientras se encienden los colores vivos de los cerros y tras la ventanilla se ven senderitos que trazan líneas diagonales en la montaña. A lo lejos proliferan pircas rectangulares y circulares, y aparecen manadas de llamas, cabras y ovejas con su pastorcito atrás. También hay grupos de dos o tres casitas con alguna iglesia, o casas que directamente están solas, todas de adobe.

Hasta Iruya son 19 deslumbrantes kilómetros bajando a los 2800 metros, la altura del pueblo. Al costado de la ruta también baja el río Colanzulí, mientras Iruya se hace desear. Después de cada curva uno espera encontrarse la famosa iglesita de 1753, pero siempre falta una vuelta más. Hasta que aparece, iluminada por el sol, en la parte baja de un valle muy cerrado, una especie de anfiteatro descomunal con gradas multicolores. En el medio –la parte más baja del valle– pasa el río, así que el único lugar para las casas es la ladera misma de las montañas.

Camino Valles Calchaquíes

Quebrada Salteña
Partiendo de la ciudad de Salta por la ruta nacional 68 se llega a la Quebrada de las Conchas, un camino panorámico que conduce al poblado de Cafayate por los Valles Calchaquíes. En total son 66 kilómetros entre montañas sedimentarias de todos los tonos imaginables de rojo que reflejan las sucesivas superficies del planeta, acumuladas una arriba de la otra hace entre 65 y 75 millones de años.

El viaje comienza por el Valle de Lerma, con sus verdes plantaciones de tabaco, hasta Alemanía –con acento en la “i”, simplemente para diferenciarla del país germano–, un pueblo que se convirtió en semifantasma cuando cerraron el tren. Justo a la salida de Alemanía hay un cartel que dice “Quebrada de Cafayate”. Pero los mapas oficiales dicen “Quebrada de las Conchas”, y todo el mundo la conoce como tal. El nombre deriva de que la zona fue alguna vez una costa marina y sus restos de moluscos petrificados quedaron sobre la montaña.

A partir de Alemanía comienza entonces la espectacular Quebrada de las Conchas, donde a medida que se asciende por sus 70 kilómetros que caracolean entre los cerros, las montañas enrojecen a extremos de no creer, bajo cielos azulísimos. Y comienzan también los famosos Valles Calchaquíes. El camino asciende de a poco y aparecen los primeros cardones solitarios, que rápidamente se multiplican por doquier, incluso sobre el filo de las montañas.

A medida que la ruta se acerca a Cafayate, el paisaje es cada vez más asombroso, con profundas depresiones rojizas del terreno que albergan cerros con formaciones cinceladas por el viento, como torres puntiagudas y pequeñas mesetas que parecen las ruinas de un castillo amurallado. Y cada tanto aparece el escaso componente humano, expresado en casitas de adobe muy precarias, muchas de ellas abandonadas. Sin embargo, en las montañas vive mucha más gente de la que se pueda imaginar, quienes se dan cita en las capillitas perdidas en medio de la nada los días de misa. Y los chicos, por su parte, surgen caminando solitos por la montaña rumbo a la escuelita del paraje Santa Bárbara, una casita de estudio que sería idílica si los niños no tuviesen que caminar horas por las laderas para llegar a clase.

De las diversas paradas que se hacen en el camino, los paisajes más singulares están en la Garganta del Diablo y en el Anfiteatro. Son dos gargantas sedimentarias –la segunda más cerrada que la primera–, donde el arbitrio de la naturaleza creó dos hoyas rojizas de 70 metros de alto que formaron parte de un gran lago prehistórico que hace muchísimo se desfondó. En el caso del Anfiteatro, es un gran agujero semicircular que produce un efecto de eco increíble. Al llegar a las viñas que rodean el pueblo de Cafayate –a 1600 metros sobre el nivel del mar–, la quebrada se abre en un paisaje plano, aunque al fondo se levantan unos cerros muy oscuros que, según los geólogos, tienen 500 millones de años, de cuando la vida en la Tierra solo existía en las profundidades del mar.

Camino Los Caracoles

Alturas de Mendoza
Desde la ciudad de Mendoza se realizan varios paseos en vehículo por las montañas. Uno muy llamativo y sencillo es el que llega al hotel termal Villavicencio por el Camino de Caracoles (ruta provincial 52). Pero la excursión más famosa es la conocida como Alta Montaña, que se puede hacer con vehículo común recorriendo los principales valles mendocinos, pasando por Villavicencio y Uspallata para tomar la ruta nacional 7 y desembocar en el Parque Provincial Aconcagua. Allí se hace un trekking de apenas 400 metros por unas suaves lomadas que desemboca en el mirador de la Laguna Los Horcones. Entonces aparece de repente el monarca de los valles mendocinos: el Aconcagua. Este “centinela de piedra” en el idioma de los indios huarpes –que se ha cobrado la vida de más de cien andinistas– disimula muy bien sus 6962 metros de altura que lo consagran como el más alto del continente, rodeado a su vez de otras altísimas montañas que hacen perder toda noción del tamaño y el espacio.

Nuevamente sobre la ruta, el paso siguiente de la excursión –siempre por la ruta 7– es llegar al Puente del Inca, formado de manera natural hace millones de años cuando un cerro se derrumbó sobre el río Cuevas. El río erosionó el suelo formando un cañón que, en un pequeño segmento, está techado por esta extraña formación sedimentaria con forma de puente. Del suelo brotan aguas surgentes con minerales que cubren el puente con una extraña capa de sedimento combinando tonos amarillentos, blanquecinos, verdosos y anaranjados.

Ya casi al final del trayecto aparece junto a la ruta la villa fronteriza de Las Cuevas, erigida a 3151 metros sobre el nivel del mar, con sus pintorescas casas al estilo nórdico. Y por último, un sinuoso camino de tierra de nueve kilómetros conduce hasta el monumental Cristo Redentor, esculpido por el artista argentino Mateo Alonso a cuatro mil metros de altura. Las posibilidades de llegar hasta el Cristo de seis toneladas son remotas, ya que el camino permanece tapado por la nieve la mayor parte del año. De modo que unos pocos afortunados llegarán a leer personalmente una significativa placa que reza junto al Cristo: “Se desplomarán primero estas montañas antes de que chilenos y argentinos rompan la paz jurada al pie del Cristo Redentor”.

Ruta de ripio camino al Paso Internacional Agua Negra

Cordillera Sanjuanina
El cruce a Chile por el Paso Internacional Agua Negra –atravesando la cordillera de los Andes– es una de las excursiones más coloridas de la provincia de San Juan. El camino, si bien es de tierra consolidada, carece de complicaciones y lo ideal es recorrerlo con una camioneta 4x4 (con auto común se debe ir con mucha precaución).

El camino sube hasta más de 4000 metros sobre el nivel del mar y las montañas carecen absolutamente de vegetación. No crece siquiera un mínimo yuyito, y a simple vista no hay indicio alguno de vida sobre la tierra. La aridez también deja al descubierto la compleja diversidad geológica de estas montañas, reflejando un abanico multicolor de minerales amarillentos, verdosos, rojizos, violetas, blanquecinos, ocres, marrones y anaranjados, cubiertos a veces por solitarios manchones de nieve. Además aparecen cerca de las cimas varios glaciares de altura.

Dos kilómetros antes del cruce a Chile encandila a los viajeros un brillo blanquecino tras una curva. A simple vista parece un glaciar que llega hasta el borde de la ruta, pero en verdad es una serie de penitentes, esa extraña formación de hielo que surge por una acción combinada del sol y el viento a partir de grandes acumulaciones de nieve en los terrenos de extrema aridez.

La tentación por tocar el hielo de los penitentes seduce a todos y nadie duda en detener la marcha para bajarse a “jugar” en ese laberinto de penitentes. Al verlos de cerca se descubre que son más grandes de lo que parecían, conformando una compacta pared de 200 metros de largo con hielos de cuatro metros de altura. En la parte superior son puntiagudos y parecen una sucesión de torres con punta de aguja que se despliegan una junto a la otra escalando la ladera montañosa. En ciertos lugares los penitentes forman pequeñas cuevas de hielo con estalactitas que bajan del techo.

El camino trepa hasta los 4770 metros, donde está el mojón que señala el límite con Chile. Allí se puede seguir hacia tierras chilenas o regresar a la ciudad de San Juan. Y prácticamente al borde de la ruta se levanta el escarpado pico San Lorenzo, con sus descomunales 5600 metros de altura muy bien disimulados por su cercanía con los otros gigantes cordilleranos.

Camino a Monte Zeballos

El Monte Zeballos
En el extremo noroeste de Santa Cruz, el pueblo de Los Antiguos es el punto de partida para transitar el Camino del Monte Zeballos, un fragmento de la Ruta 41, una de las más espectaculares de toda la Patagonia. Es el camino más alto de la provincia, partiendo a los 200 metros sobre el nivel del mar –con los caracoleos del río Jeinimani al fondo de un valle– hasta llegar a los 1500 en el punto más alto. Al comienzo se atraviesa la pura estepa con su escasa vegetación, y cincuenta kilómetros más adelante aparece un bosque de 900 hectáreas con muchos ñires y algunas lengas. El lugar es ideal para hacer un picnic agreste junto a un manantial en medio del bosque. A veces los viajeros eligen algún antiguo sendero abierto por leñadores para abandonar el auto y caminar un rato.

La ruta asciende de a poco y la vegetación se hace más profusa por la mayor humedad. Pero al llegar a El Portezuelo –el punto más alto, a 1500 metros– la vegetación desaparece otra vez por la falta de oxígeno. Así como al principio se transitaba un desierto de estepa, ahora predomina un desierto de alta montaña. Y es también el lugar más asombroso del trayecto, donde están unas extrañísimas formaciones naturales llamadas diques basálticos, que son como dos murallas que suben en paralelo hasta la cima de la montaña. A simple vista resulta difícil creer que su origen no sea humano. Están fragmentadas por la erosión y se asemejan a aquella otra famosa muralla, la china. Por eso inducen a detener el auto y subir a pie por las áridas laderas, para dilucidar cómo surgió esa muralla en un lugar tan insólito.

A los 15 minutos de caminata ya se divisan sus ladrillos negros de basalto, que parecen encajados con la exactitud de una pared edificada por el hombre. Hace 65 millones de años, cuando surgía la cordillera y la Patagonia era un infierno de volcanes en erupción, se formaron estos “diques basálticos”. Su emplazamiento actual es el de una grieta que ya no existe, por la cual brotaba lava a borbotones. En cierto momento la lava dejó de salir y la que se endureció sobre las dos paredes de la grieta se resquebrajó tomando la forma de una pared de ladrillos. En los miles de años siguientes la erosión fue horadando las laderas para dejar al descubierto aquellas dos resistentes paredes de basalto.

A partir de El Portezuelo comienza el descenso a la cuenca vecina, y a la vera del camino aparecen lagunas color turquesa habitadas por patos y cisnes de cuello negro. Gran parte del Camino del Monte Zeballos atraviesa lo que fue el interior del cráter de un volcán gigante, del que desapareció toda una mitad. Uno de los imponentes picos de ese cráter es el Monte Zeballos, cuyos 2748 metros se divisan desde gran parte del camino.

El espectacular camino mide 170 kilómetros no asfaltados, que no son de ripio sino de greda en buen estado, que culmina en la localidad de Hipólito Yrigoyen. Con un auto común se puede hacer el recorrido cuidadosamente y los días de lluvia se recomienda regresar hacia atrás, aun con una camioneta 4x4.

Autopista a Famaillá

Curvas de Tucumán
La provincia de Tucumán también tiene su ruta de altura con sinuosas curvas, hasta el mirador del Cochuna. Se parte desde la capital por la autopista a Faimallá y luego por la ruta nacional 38, atravesando pueblitos azucareros, plantaciones e ingenios que polucionan el ambiente. En la ciudad de Concepción se toma la ruta 365 hacia el Oeste hasta el pueblo de Alpachiri, donde hay un desvío de entrada al Parque Nacional Los Alisos. Pero el camino no es bueno y casi nadie visita el parque en sí, sino que se le hace un rodeo hasta el mirador de Cochuna, por un ambiente muy similar al del parque. La ruta se convierte de a poco en un camino de cornisa –de ripio en muy buen estado, transitable con auto común–, que pasa por un relicto de la selva de Las Yungas en muy buen estado. A los pocos kilómetros aparece el complejo turístico Samai Cochuna, donde se puede hacer una caminata por la selva observando grandes árboles como el laurel y el cedro, cañaverales de bambú y helechos arborescentes. Una vez en el mirador del Cochuna se ve la selva desde arriba y las cumbres nevadas de las sierras del Aconquija. Desde Tucumán al mirador son 140 kilómetros, y desde allí se puede regresar o seguir un poco más hasta el poblado catamarqueño de Las Estancias.

Julián Varsavsky
Pagina 12 - Turismo
Fotos: Web

lunes, 18 de febrero de 2008

Nuevas propuestas de turismo solidario


Disfrutar de un paseo por el Delta

En diferentes lugares del país los habitantes se reúnen para realizar ofertas interesantes para los turistas, mientras conservan sus raíces y cuidan el medio ambiente

Cuando Imke Schmidt terminó su pasantía de seis meses en una de las compañías telefónicas alemanas más importantes del mundo, decidió que era el momento de hacer algo por los otros. Buscó por Internet y, a través de una propuesta del Instituto de Desarrollo Educativo y Acción Social (Ideas), con sede en Córdoba, llegó a la Argentina con una misión muy concreta: ayudar a varios grupos de pobladores rurales que buscaban vivir de lo que producían.

Durante cinco meses Imke ayudó a un grupo de mujeres de Unquillo, que producen dulces y desconocían los procesos de comercialización, colaboró con artesanos de Quilino que deseaban vender sus productos por Internet y participó en la venta de artesanías en la Feria de Personas con Discapacidad de la plaza central de Córdoba.

Como Imke, son muchos los que eligen el turismo solidario, o responsable, como una alternativa de viaje, mientras promueven el desarrollo económico local de los pueblos.

"Al principio observé cómo trabajaban las mujeres de Unquillo para familiarizarme con sus tareas. Con el tiempo, diseñamos etiquetas, hablamos sobre el análisis de costos, calculamos precios y buscamos puntos estratégicos para la venta de sus dulces. Se me ocurrió, además, organizar un curso de capacitación para que luego pudiesen continuar con el proceso de comercialización", recordó a Comunidad la joven alemana, de 25 años.

Imke pudo materializar su inquietud gracias al proyecto Compromiso Solidario de la Fundación Ideas, que desde 2004 promueve el vínculo entre el interés de un ciudadano comprometido con el cambio y las necesidades de una organización.

Pueblos que desaparecen
Pero Ideas no es la única que desarrolla esta metodología. La asociación civil Responde tiene un programa para pueblos rurales de menos de 2000 habitantes que, por distintas causas, corren el riesgo de desaparecer por despoblamiento. Según explicaron en Responde, en la Argentina más de 600 pequeños pueblos rurales han quedado aislados y perdieron la mayor parte de su infraestructura básica de servicios: carecen de transporte público, educación secundaria, comunicaciones, fuentes de trabajo y asistencia de salud.

Frente a este panorama, el objetivo principal de la asociación es promover actividades económicas que sirvan de motor para que estas comunidades encuentren nuevos incentivos y oportunidades, y emprendan proyectos propios. "Nuestra intención es cooperar, brindar el know how y conseguir la financiación para que las comunidades den los primeros pasos en la generación de propuestas turísticas, revalorizando los recursos naturales, culturales, históricos y humanos con los que cuentan", detalló a Comunidad el responsable del programa, Rubén Parasporo.

En Irazusta, Entre Ríos, los pobladores desarrollaron productos autóctonos y una oferta atractiva para los visitantes

Estas alternativas van desde la prestación de servicios de alojamiento en casas de familia, hasta gastronomía, paseos turísticos y oferta de productos artesanales locales. En 2005 y 2006, la propuesta fue en Mechita, pueblo de la provincia de Buenos Aires. Actualmente, con la fuerte ayuda financiera de la Fundación American Express, la iniciativa se trasladó a Parera e Irazusta, en Entre Ríos, y a Andalhuala, en Catamarca. "Lo que rescatamos como más valorable es el cambio de actitud del pueblo hacia su futuro. Podemos decir que estas acciones hacen que renazca la esperanza", sintetizó Parasporo.

Ecoturismo en el Paraná
Para los amantes de las aguas, Baquianos del Río es una iniciativa independiente de 14 pescadores del río Paraná que, desde 2001, promueven visitas ecoturísticas al río con objeto de que los aventureros conozcan la cultura del hombre de río y se concienticen sobre la protección de los recursos naturales. Con el apoyo de las fundaciones Proteger, Avina y Eco Urbano, los baquianos se capacitaron y renovaron sus embarcaciones.

"Tenemos embarcaciones típicas de madera e intentamos que los visitantes aprendan sobre el río: su economía, los oficios, la diversidad de la fauna y la flora. Es como abrir una ventana a la biblioteca del Paraná. Intercambiamos culturas, compartimos un campamento, recorremos senderos en la isla y pasamos un día con las familias de los isleños", describió uno de los fundadores del proyecto y pescador, Luis Romero.

La intención es que con el ecoturismo los pescadores mantengan sus oficios para que no se pierda la cultura del hombre de río.

Otra alternativa para quienes quieren acercarse al río es participar en una travesía por el Delta sanfernandino, una propuesta que el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) organiza junto con la Municipalidad de San Fernando. El programa es tentador: navegar por las islas del Delta, visitar el Museo Sarmiento, pasear por la Reserva de la Biosfera, admirar la flora y la fauna de la zona, visitar una plantación de mimbre y conocer a familias de artesanos.

"Las travesías son solidarias con las familias de los isleños que nos reciben, que producen los alimentos que comemos, que prestan los servicios turísticos que disfrutamos y que realizan las artesanías que vemos. La intención es que los hijos de estas 18 familias logren un trabajo estable en la isla y se mantengan allí", contó la promotora del recorrido, Andrea Vega.

Según explicó, fue un arduo trabajo que los isleños entendiesen que sus trabajos eran valiosos y que existían personas interesadas en saber cómo vivían. "En la primera expedición, en noviembre último, el barco zarpó con 20 personas. En la última, en enero, subimos a 85 y otras 20 quedaron afuera. A las familias de los isleños todo esto los llena de orgullo", añadió Vega.

Contactos
  • Fundación Ideas: 0351-4760561/4765478
  • Responde: www.responde.org.ar
  • Baquianos del río: www.proteger.org.ar
  • Delta: 4307-7342

Nathalie Kantt
Diario La Nación

viernes, 15 de febrero de 2008

Bajo el Sol de San Juan

Cancha de Bochas - Parque Provincial de Ischigualasto

La Fiesta del Sol, una festividad regional que cobró particular impulso el año pasado y promete un nuevo éxito este 2008, puede convertirse en la excusa perfecta para hacerse una escapada hacia los variados atractivos e inolvidables paisajes sanjuaninos.

Del 19 al 23 de febrero, esta festividad rescatará la identidad sanjuanina a través de una feria gastronómica con comidas regionales, un carrusel en el que estarán representadas las distintas particularidades geográficas y culturales de la provincia, la elección de la Reina Nacional del Sol y un espectáculo central que promete estremecer a la Quebrada del Zonda. Además, al igual que en la última edición, se sumará la actuación de artistas de diferentes estilos musicales tanto del ámbito local como nacional.

Entre las novedades para esta edición 2008 se cuentan el agregado de un día para la Feria Gastronómica y Agroindustrial, que volverá a tener como escenario el Predio Ferial, en el corazón de la capital sanjuanina. A su vez, el viernes 22, el denominado “Carrusel del Sol” impregnará de color las calles en un tramo de más de un kilómetro por la avenida Ignacio de la Roza, representando los 19 departamentos sanjuaninos y las distintas colectividades de la provincia.

Como corolario, el Autódromo El Zonda - Eduardo Copello albergará un gran espectáculo de luz y sonido el sábado 23 de febrero. Más de 300 artistas, una llamativa escenografía y un guión que refleja la historia y costumbres locales conformarán el eje de esta fiesta que culminará con un show de fuegos artificiales que -según dicen- iluminará las montañas.

Pero lejos de terminar allí, con la Fiesta del Sol, las propuestas de la provincia este verano siguen ganado adeptos entre atractivos tan disímiles como sus bodegas y campos sembrados de vides y olivares, la historia de los Molinos de Jáchal, la naturaleza del Dique Cuesta del Viento y, por supuesto, el incomparable Valle de la Luna.

Agua Blanca

Por el Valle de Tulum
A más de 600 metros sobre el nivel del mar, el Valle de Tulum posee condiciones óptimas para el desarrollo de la vid. Escasas precipitaciones, cielos diáfanos y grandes amplitudes térmicas se unen para lograr uvas de gran calidad. Estas ventajas naturales se suman a la incorporación de tecnología de avanzada en las principales bodegas de la región, generando a su vez una fuerte corriente turística relacionada con la seducción de la enología.

Así, la Ruta del Vino sanjuanina se ha convertido en uno de los recorridos más tradicionales de la provincia. Los establecimientos que integran este circuito ofrecen características y propuestas muy diferentes; desde los vinos orgánicos que produce Fabril Alto Verde, hasta el champagne elaborado en el corazón mismo de la montaña, en las cavernas donde está instalada la bodega Cavas de Zonda.

En este marco aparecen opciones como la de Viñas de Segisa, que incorporó un restó en el que se puede almorzar o cenar los fines de semana largos, mientras que los pequeños productores muestran la elaboración de sus vinos artesanales en bodegas que quizás sean más rústicas, pero de todos modos no dejan de ofrecer una cordial recepción a los visitantes.

Si el tiempo es escaso, vale recordar que no pueden dejar de conocerse las Cavas de Zonda y el Museo Graffigna. Este último es todo un emblema de la vitivinicultura provincial, ofreciendo el contacto con hitos de la tradición y la historia local durante una amena visita coronada por una degustación dirigida.

Valle del Cura

Los Molinos de Jáchal
En el norte de la provincia, los departamentos Jáchal e Iglesia constituyen un circuito digno de recorrer porque reúnen lugares de gran belleza natural con la posibilidad de conocer parte de la cultura y la historia de la región.

La travesía puede iniciarse indistintamente por Jáchal o por Iglesia, que se encuentran equidistantes de la capital sanjuanina, a unos 150 kilómetros aproximadamente. En Jáchal una alternativa interesante y muy poco conocida es visitar los molinos harineros (hay cinco), que hace seis años fueron declarados Monumento Histórico Nacional por el Congreso.

Se trata de construcciones del siglo XIX que marcaron el período más floreciente de la economía de la región y guardan todo el estilo arquitectónico de aquella época. Además tienen mecanismos antiquísimos, que constituyen una verdadera joya de la industria de antaño. Dos de esos molinos, el de Sardiña y el de García, fueron restaurados en 2004 y 2005, respectivamente, y funcionan como en sus mejores épocas. El tercero digno de ver es el de Huaco, a unos 40 kilómetros de Jáchal, que fue reinaugurado en julio de 2006. En la zona también hay paseos que permiten conocer antiguas casonas, estancias y capillas centenarias, además de la Iglesia de Jáchal, con su Cristo Crucificado traído de Potosí a fines del siglo XVIII.

A su vez, en el departamento de Iglesia hay varios sitios para recorrer, comenzando por las Termas de Pismanta, a pocos kilómetros de la localidad de Rodeo y a 182 kilómetros de la capital provincial. El lugar cuenta con los servicios del hotel Termas de Pismanta, donde es posible aprovechar las propiedades curativas de estas vertientes naturales ubicadas a 2.010 metros sobre el nivel del mar. Las aguas son volcánicas y livianas, surgen a una temperatura de 38°C a 45°C, y están contenidas en baños individuales y en la piscina del hotel.

Otro atractivo es la Capilla de Achango, construida por los jesuitas en el siglo XIII. Es una armónica construcción que revela el estilo de aquellas épocas: paredes de 30 centímetros de espesor, techos de tijerales de algarrobo atados con tientos de cuero crudo y cubierto de barro, y piso de tierra cubierto por alfombras tejidas en rústicos telares.

Windsurf

Paisajes para la acción
Siguiendo hacia Rodeo, el dique Cuesta del Viento cautiva no sólo por el color del agua, que contrasta con las tonalidades de la montaña, sino también porque la constancia de los vientos lo ha transformado en un punto clave para disfrutar de deportes náuticos a vela. Este verano el windsurf ha vuelto a convertirse en la mayor atracción durante las tardes, con deportistas que llegan desde todo el país y de otras partes del mundo. Durante la mañana, en cambio, suele haber períodos de calma propicios para la pesca.

Vale destacar también que en esta zona se puede matizar la estadía con otras actividades, como trekking, cabalgatas, excursiones en vehículos 4x4 y visitas a sitios que guardan vestigios indígenas. No casualmente la geografía local, partiendo desde Rodeo, fue en diciembre el ámbito de la última etapa del Campeonato Argentino de Carreras de Aventura "Inti Challenge", que reunió a unos 200 deportistas de distintas partes del país. Este desafío multidisciplinario contó con 200 kilómetros de recorrido en un circuito por senderos de montaña, el dique Cuesta del Viento y el río Jáchal, con cuatro modalidades deportivas: mountain bike, running, kayak e "hydro speed", que consistió en un descenso por flotación en el río Jáchal.

Pero si se habla de deportes de aventura y adrenalina, sin duda no puede dejar de mencionarse ese imponente paraje natural que constituye la pampa de El Leoncito, también conocida como "Barreal Blanco", donde se destaca la práctica del carrovelismo. Se encuentra a unos 190 kilómetros de la capital, y a unos 20 kilómetros de la localidad de Barreal. Este sitio es en realidad una antigua cuenca lacustre de superficie lisa y dura, casi sin declive, perfecta para este novedoso deporte a vela sobre ruedas porque ofrece una inmensa pista de 14 kilómetros de largo y cinco de ancho constantemente azotada por fuertes vientos.

No muy lejos, y dejando atrás la actividad física, otra experiencia distinta y escasamente difundida es realizar una visita nocturna al Complejo Astronómico El Leoncito, donde se dispone de un potente telescopio para hacer observaciones guiadas por un técnico. La propuesta es completa, ya que el centro proporciona alojamiento con baño privado, comida y snacks para la noche de observación. Por supuesto, es imprescindible previa reserva ya que sólo se reciben hasta dos visitantes por noche.

El hongo - Parque Provincial Ischigualasto

Las formas del tiempo
A 330 kilómetros en dirección noreste de la capital de San Juan, en el departamento Valle Fértil, el Parque Provincial de Ischigualasto es uno de los lugares que genera mayor interés para el turismo nacional y extranjero. Declarado Patrimonio Natural de la Humanidad (junto con el riojano Parque Nacional de Talampaya) por la Unesco, constituye uno de los más importantes yacimientos paleontológicos del mundo y, sin duda, uno de los paisajes más majestuosos de la provincia.

También conocido como el "Valle de la Luna" debido a las exóticas figuras modeladas por la erosión del viento, este parque ocupa una extensión de 25 kilómetros de largo por 10 de ancho y permite encontrar restos de vertebrados que habitaron el lugar en la era mesozoica, hace 180 millones de años, además de pisadas de saurios, improntas de helechos y troncos de araucarias petrificadas. Nunca dejan de sorprender los contrastes de su paisaje, con formas y colores que se alternan entre sedimentos verdes, grises, negros y colorados.

Al ingresar, vale la pena demorarse en una visita al Centro de Interpretación inaugurado el año pasado, donde es posible conocer los detalles de esta cuenca, considerada una de las más importantes del mundo para documentar el origen de los dinosaurios del período Triásico, hace unos 230 millones de años.

Vale destacar algunas novedades incorporadas en los últimos tiempos para aportar comodidad al turismo, como la pavimentación de la ruta que une a San Agustín del Valle Fértil e Ischigualasto, y la posibilidad de conectarse a Internet de manera inalámbrica. Es que la majestuosidad del Valle de la luna no deja de atraer un importante flujo de visitantes; para comprobarlo basta recordar que sólo durante el mes pasado se registró el ingreso de 6.251 personas.

En cuanto a recorridos, existe un circuito vehicular de aproximadamente 40 kilómetros que tiene 5 estaciones, cada una de las cuales permite ver de cerca las formaciones conocidas como “El Gusano”, “Valle Pintado”, “Cancha de Bochas”, “El Submarino” y “El Hongo”. La excursión demora tres horas y es acompañada por un guía.

También es posible realizar un circuito turístico para bicicletas de montaña, que tiene una extensión de aproximadamente 10 kilómetros y demanda unas dos horas. Otra alternativa es la salida de trekking al Cerro Morado, la principal elevación del parque, que exige algo más de entrenamiento y unas tres horas de caminata, pero también permite acceder a una extraordinaria vista panorámica de todo el entorno. Una última propuesta que vale la pena tener en cuenta es el circuito con luna llena, que comprende el paseo vehicular convencional pero de noche, los días de luna llena y dos días antes o después.

Datos útiles
Para vuelos a la capital sanjuanina puede contarse con los servicios de Aerolíneas Argentinas, el trayecto demora una hora y 50 minutos, con arribo al aeropuerto Domingo Faustino Sarmiento ubicado a 12 kilómetros de la ciudad.

Las reservas para pernoctar en el Complejo Astronómico El Leoncito deben realizarse de 10 a 12.00 horas al teléfono (0264) 421-3653 o al e-mail mgrosso@casleo.gov.ar.

Información sobre Turismo:
Secretaría de Turismo
Sarmiento 24 sur(0264) 421-7677 ó 421-0004
informes_turismo@sanjuan.gov.ar
www.turismo.sanjuan.gov.ar
www.ischigualasto.org.

Santiago Igarzábal
El Cronista - Viajes & Estilo
Fotos: El Cronista / Secretaria de Turismo San Juan

Info Turismo Virtual
Info geográfica
Superficie: 89.651 Km²
Población: 620.023 habitantes
Densidad: 6,9 Hab./Km²
Capital: San Juan

Distancias:
San Juan se encuentra a:
1.119 Km de Buenos Aires
498 Km de Córdoba
165 Km de Mendoza.

En Buenos Aires:
Casa de la Provincia
Sarmiento 1251. Tel. (11) 4382-9241
Días y Horarios : lunes a viernes, de 9 a 17 hs.
Web www.sanjuan.gov.ar





martes, 12 de febrero de 2008

Repique de tambores: el carnaval de Montevideo

Las lonjas de los tambores se templan a fuego lento

En Montevideo se festeja el Carnaval más largo del mundo, que comienza en enero y finaliza en marzo. Lonjas de tambores calentadas a fuego lento, repiques de candombe, murgas y llamadas de Carnaval identifican a la fiesta más grande de “la orilla de enfrente”

Hay un Carnaval mucho más famoso –“o mais grande do mundo”– y otro, el de Montevideo, que para diferenciarse lo proclamaron “el más largo del mundo”. Dura cuarenta días con sus noches, y comienza oficialmente a mediados de enero con el Desfile Inaugural por la Avenida 18 de Julio, y se extiende hasta principios de marzo. Durante el desfile inicial hacen su presentación todos los que formarán parte de la fiesta más esperada de Uruguay, como las murgas, parodistas, humoristas, lubolos, reinas y princesas.

Los míticos “tablados” –escenarios populares– están diseminados por la capital, en el Teatro de Verano y en las calles de los barrios, que son testigos exclusivos de la mayor fiesta popular uruguaya. Mate y cerveza en mano, la ciudad se viste de fiesta y duerme muy poco en honor al Rey Momo. El candombe seduce a todos, y sus repiques se oyen en cada esquina, donde las lonjas de los tambores se calientan a fuego lento. El uruguayo se apasiona por el Carnaval, y cada uno tiene su agrupación favorita. Así, durante las extensas e intensas noches de las llamadas, la gente viva a grito pelado, llueva o truene, a sus favoritos. O al caer la tarde en el Teatro de Verano, chicos y grandes esperan con ansiedad a los integrantes de las murgas y demás, cual ídolos de fútbol, quienes llegan entonando su canción y maquillándose arriba de un micro. Una vez abajo, algunas agrupaciones realizan un último ensayo allí mismo, fuera del teatro, para deleite de la gente.

LAS LLAMADAS
Montevideo alcanza su clímax durante el desfile de las tradicionales llamadas, en dos jornadas en las que la alegría parece ser sólo uruguaya. El Barrio Sur de Montevideo y la gente formando masa en las calles son testigos del paso de unas cincuenta agrupaciones barriales que protagonizan dos noches maratónicas en las que despliegan toda su herencia africana, a puro candombe.

Así fue durante las noches del jueves y viernes pasados, cuando ataviados con trajes de llamativos colores estas sociedades de negros y lubolos (blancos pintados de negro) abrieron la fiesta principal con una exhibición de banderas y estandartes, para darles paso a las cuerdas de tambores. Junto con ellos pasaron los personajes típicos del Montevideo colonial, como la mama vieja, el director, el gramillero que barre los males, o el escobero malabarista y las infaltables vedettes, que bailan sin cesar dentro de sus ínfimos trajes. Sarabanda, Yambo Kenia, Elumbe, C1080, Tronar de Tambores, La Gozadera, Okavango, son algunas de las agrupaciones de unos ciento cincuenta integrantes cada una que desfilan por la calle Carlos Gardel a lo largo de un kilómetro y medio, año tras año. Hasta 2006, las llamadas se realizaban en una sola noche, pero ciertos incidentes policiales ocurridos obligaron a replantear el evento para que el cansancio, el alcohol y los excesos no volvieran a atentar contra la alegría popular.

A los costados de la calle, locales y visitantes, chicos y grandes, se entremezclan para gozar, bebiendo y bailando al compás del tamboril, en una fiesta única en el mundo. Algunos turistas llegan a pagar fortunas por alquilar un balcón, terraza o simplemente ventana de una casa como platea preferencial. Otros observan cantando y vivando al paso de sus grupos preferidos desde sillas y tribunas ubicadas a lo largo de la calle. Los menos pudientes se quejan de los precios excesivos para acceder a tales comodidades, pero igual disfrutan y aguantan las largas noches de fiesta simplemente de a pie.

Trueno de tambores en una llamada de Carnaval

LAS MURGAS
Pero no sólo de llamadas vive el Carnaval al otro lado del Río de la Plata. Las murgas y sus clásicos cantos llenos de ironía, que giran en torno de los hechos más destacados del año, satirizan a la plana mayor de la política local y son otro de los rasgos distintivos que hacen de Montevideo una de las referencias carnavalescas en el mundo. Se presentan en los tablados dispuestos en varios puntos de la ciudad, o en el Teatro de Verano, donde compiten y marcan el pulso de esta expresión popular uruguaya que trascendió las fronteras del Carnaval.

Dicen que la murga surgió de la mano de un grupo de cómicos españoles a comienzos de siglo XX llamado “La gaditana que se va”, quienes habrían moldeado el desarrollo posterior que le dieron los uruguayos al género, otorgándole a la ciudad una música y una poesía muy propias, melancólica y emotiva. Con los años, muchas de estas murgas renovaron la pasión del Carnaval, y algunas como Araca la Cana, Falta y Resto o Curtidores de Hongos atravesaron el Río de la Plata para convertirse en viejas conocidas del público porteño.

Los platillos, el bombo y el redoblante marcan el ritmo de las letras de las canciones, que no dejan títere con cabeza. Utilizan una estructura de presentación, cuplé y retirada, que sumado a los trajes, el maquillaje y la iluminación hacen de esta expresión algo muy teatral: la mímica, la pantomima, la vivacidad y lo grotesco resultan fundamentales.

También se presentan y compiten noche a noche, junto a las murgas, otro tipo de conjuntos como los parodistas, humoristas, revistas, y asociaciones de negros y lubolos. Cada uno con características propias y un amplio reglamento que cumplir a la hora de sus presentaciones, que hace hincapié en la cantidad de integrantes, bailes e instrumentos en general, entre otras “exigencias” del jurado.

En el Teatro de Verano, un anfiteatro al aire libre en el Parque Rodó y con capacidad para más de 4 mil personas, se desarrolla el Carnaval “oficial”, donde compiten, en las distintas categorías, unas 60 agrupaciones carnavalescas. El Gran Tuleque, Agarrate Catalina, La Mojigata, Zíngaros, Diablos Verdes, cada cual con sus colores, son sólo algunas de las que todos los años renuevan la ilusión carnavalesca. Muchas eligen el espacio verde fuera del teatro para realizar un último ensayo, y sus ocurrencias arrancan carcajadas, aplausos y ovaciones del público.

De los diversos estilos, las murgas son las que más entusiasmo despiertan, incluso durante los ensayos, cuando todo es fantasía y esperanza apenas iluminadas. Cada una tiene su hinchada, seducida por los disfraces, el maquillaje, las voces del coro, las letras de las canciones y la forma de bailar.

Plumas, bikinis y lubolos, blancos pintados de negros, a pura fiesta en Montevideo

CORSOS
Alegría y diversión son las premisas fundamentales de los corsos barriales que se presentan en los distintos puntos de la ciudad hasta los primeros días de marzo. A esas cualidades se les suma la participación y autogestión popular, la vinculación con el público, la organización y la participación festiva, la originalidad y la creatividad, elementos que son evaluados y premiados con títulos como “la mejor carroza alegórica”, así como las “figuras” o integrantes del corso, en las categorías infantil y adulto.

Los corsos pueden representar cualquiera de las manifestaciones del Carnaval oriental –murgas, escuelas de samba, revistas, parodistas, humoristas o lubolos– y son los mismos vecinos quienes deciden su recorrido, que no puede ser mayor a diez cuadras.

Aquí, allá y en todas partes, febrero es sinónimo de Carnaval. Y Montevideo homenajea a Momo como pocas ciudades en el mundo. Alegría, desparpajo, ironía, seducción y frenesí. Murga y candombe, mate y cerveza, llaman disfrutar y marcan el ritmo de esta pequeña ciudad con un gran Carnaval.

Museo del Carnaval
Tan importante es la fiesta del Rey Momo para los uruguayos que le dedicaron su propio museo. Ubicado a metros del tradicional Mercado del Puerto de Montevideo, el Museo del Carnaval fue inaugurado en diciembre de 2006 dentro de un viejo depósito de trenes reciclado que ocupa 4 mil metros cuadrados. La puerta de entrada, recuperada del histórico Teatro Solís, desemboca en una calle de adoquines que atraviesa el predio en el que trajes, instalaciones, fotos y maquetas permiten recorrer la historia viva del carnaval. Su director le hace honor al cargo: fue integrante de la murga Contrafarsa y actualmente se encuentra en las filas de los Curtidores de Hongos, uno de los más creativos a la hora de la vestimenta. En la parte trasera, una galería de arte exhibe obras de artistas plásticos relacionadas con la temática.

Texto e imagenes: Guido Piotrkowski.
Pagina 12 - Turismo


domingo, 10 de febrero de 2008

Taxco - Mexico: la legendaria ciudad de la plata

Ciudad de Taxco

La arquitectura, los museos y las platerías, en un recorrido por este fascinante destino. Además, las grutas de Cacahuamilpa. Parece una ironía que esta ciudad se haya hecho famosa gracias a Santa Prisca, protectora contra las tormentas y tempestades. Sobre todo, cuando uno mira las altísimas torres barrocas que se desperezan sobre un cielo impecable de tan azul; un cielo que parece puesto allí desde siempre para resaltar los tejados, las calles empedradas y ascendentes, las flores malva y la famosísima iglesia.

Pero los habitantes de Taxco, la ciudad colonial ubicada a sólo 152 kilómetros de la capital mexicana, dicen que aquí suele haber fuertes tormentas, y para muestra basta una leyenda. Cuentan que mientras se construía la iglesia, a mediados del siglo XVIII, el cielo despejado se cubrió de nubes negras y relámpagos, que dibujaron sobre la cúpula una inquietante inscripción. Entonces se apareció la Virgen protectora sobre el templo, portando en sus manos los relámpagos que habían amenazado a los pobladores.

Difícil creer en la leyenda bajo esta luz que rebota en las paredes blancas de las casas y que parece estallar en todas las direcciones, pero al menos habrá que otorgarles a los taxqueños el beneficio de la duda, sobre todo ante la escalofriante visión de las cercanas grutas de Cacahuamilpa, donde la oscuridad se proyecta sobre las siluetas lluviosas de estalactitas y estalagmitas. Y así, montada entre la luz y las tinieblas, entre torres barrocas y artesanías de plata, Taxco se ha ganado una merecida fama, sostenida por los turistas que caminan ahora por la plaza principal, a los que se suman miles de visitantes al año.

Parroquia de Santa Prisca, que data del siglo XVIII

De catedrales y mercados
Para conocer Taxco, alcanza con levantar la vista. Allí estarán las calles angostas que trepan las cuestas de la Sierra Madre del Sur, las interminables torres de Santa Prisca, y sus cúpulas cubiertas de azulejos de colores. Aunque la zona está poblada desde la época precolombina, uno podría arriesgar que no existiría Taxco sin Santa Prisca, o, para ser más exactos, que no existiría Taxco sin la plata, tan ligada a la historia de esta iglesia y de toda la ciudad.

La plata atrajo a este lugar a los indígenas y a los conquistadores encabezados por Hernán Cortés que fundaron la ciudad en 1528. Un par de siglos después, don José de la Borda, español de origen francés, decidió construir la Parroquia de Santa Prisca y San Sebastián en agradecimiento por la fortuna que había obtenido con sus empresas mineras. El dinero, por supuesto, le alcanzó para contratar a los mejores arquitectos y artesanos de la época. Fue tanta la plata que salió de las minas cercanas, que De la Borda llegó a ser uno de los hombres más ricos del siglo XVIII, y Taxco una de las ciudades más prósperas.

Pero las minas de plata ya se conocían desde antes de la conquista, en este lugar que los indígenas llamaban "Tlachco" o "lugar en el que se juega a la pelota", y que luego pasó a llamarse Taxco de Alarcón, en honor al dramaturgo Juan Ruiz de Alarcón, que nació aquí hace ya más de 400 años.

Estamos ahora en la Plaza José de la Borda, sentados en un plácido kiosko -como llaman aquí a las glorietas-, escuchando a decenas de turistas que hablan en inglés y se dirigen, como no podría ser de otro modo, al interior de la parroquia. Pasamos luego junto a unos árboles podados con admirable precisión geométrica, y nos paramos frente la fachada rosada de la Iglesia, en la que se amontonan columnas, vírgenes, apóstoles y mártires.

El interior no es menos impresionante, con sus retablos barrocos tallados en hoja de oro, con ramas y curvas en las que se encaraman ángeles y santos dorados. El órgano, las capillas y hasta los cuadros del famoso pintor Miguel Cabrera, recuerdan que esta fue una ciudad riquísima y que por aquí pasaron los artistas más famosos de México. Aunque es cierto que uno no puede afirmar que conoce Taxco hasta que no visita su célebre iglesia, la ciudad tiene mucho más para mostrar.

Por lo pronto, decidimos internarnos en el laberíntico Mercado de Tetitlán, con sus pasillos que suben, bajan, se ensanchan y angostan como un intrincado México en miniatura. Aquí uno encuentra desde tortillas y jumiles hasta ropa, máscaras del Día de todos los muertos y pulseras de plata.

Plateria

Platerías, museos y grutas
La plata es la marca registrada de esta ciudad que exporta orfebrería a todas partes del mundo. Hay más de 350 platerías para recorrer, que elaboran piezas refinadas y únicas. Un consejo: para asegurarse de que la pieza es de auténtica plata, debe buscarse el sello "925".

Mientras uno pasea por las calles angostas y escalonadas, comprende la historia del aventurero Guillermo Spratling, que se enamoró de este pueblito a principios del siglo XX, cuando de su antigua gloria sólo quedaba la enorme iglesia junto a algunas callecitas que trepaban las sierras. ¿Quién fue el tal William Spratling que tiene su calle y hasta un museo? Se trata de un etnólogo, docente, diseñador y aventurero estadounidense que impulsó el desarrollo de Taxco.

Mientras recorría sus calles, descubrió que en los patios de sus casas la gente seguía trabajando la plata con técnicas heredadas de los indígenas. Spratling rescató esta tradición y fundó en 1931 el famoso taller Las Delicias, que rescató al pueblo de su letargo. Visitar el Museo Spratling, entonces, es un imperativo para cualquiera que pase por Taxco. La colección del viejo Guillermo

incluye piezas prehispánicas únicas, como por ejemplo pectorales de piedras semipreciosas, vasijas y figuras de distintas culturas de Mesoamérica. Las casas de las celebridades que habitaron Taxco se encuentran abiertas al público y se han convertido en museos. Frente a la Catedral se puede visitar la antigua Casa de José de la Borda, hoy convertida en Centro de Cultura de Taxco, o el Museo de Arte Virreinal, instalado en el impresionante caserón de estilo mudéjar en el que se alojó el explorador Alejandro von Humboldt, cuando regresó de uno de sus viajes.

Luego de recorrer la ciudad hasta bien entrada la noche, es bueno subir a cenar o tomar algo a alguno de los bares, restaurantes u hoteles con vista panorámica. Si el hambre ataca, no se puede dejar de probar el pozole guerrerense (una mezcla de maíz, cerdo y otros ingredientes que se sirve en cazuelas) o el mole de jumiles (pequeños y nutritivos insectos comestibles), estrellas de la gastronomía local. Elegimos el Bar Berta, ubicado en la plaza principal de Taxco, y pedimos la letal bebida de la casa -elaborada en base a tequila, lima y soda-, un cóctel que ayuda a tornar más onírica la visión que, desde el balcón, se obtiene de la Catedral y de la Plaza iluminadas.

Pero si de visiones oníricas se trata, ninguna podrá ganarle a las Grutas de Cacahuamilpa, ubicadas a 30 kilómetros de la ciudad de Taxco, que están consideradas entre las más espectaculares del mundo. Hay que internarse unos dos kilómetros por la oscuridad de sus estalactitas, estalagmitas y ríos subterráneos, para encontrarse con 90 "salones" poblados de diversas figuras espectrales y formas inverosímiles.

El Trono, la Fuente, las Palmas, la Catedral, son algunas de las metáforas que utiliza el guía para describir las formas que parecen de cera derretida y chorrean desde los techos. En estas cuevas subterráneas, lejos de las torres luminosas de la catedral de Santa Prisca, tal vez uno pueda comprender la invocación a la virgen protectora de las tormentas.

Fiestas (Foto)
Entre las distintas festividades de Taxco y el estado de Guerrero, dos se destacan por su despliegue y su relación con las tradiciones históricas de la ciudad.

Jornadas Alarconianas. En el mes de mayo, toda la ciudad de Taxco celebra estas jornadas instituidas en 1987 en reconocimiento a los aportes realizados a la ciudad por Juan Ruiz de Alarcón y Mendoza. El festival realza la importancia de las puestas en escena, especialmente del Siglo de Oro Español, y durante diez días la ciudad es escenario de decenas de eventos artísticos y culturales gratuitos (el año pasado fueron más de 80 espectáculos). Sitios como los museos de Arte Sacro Virreinal y el William Spratling, el Centro Cultural Taxco, la Casa Borda y el zócalo se transforman en escenarios para obras de teatro, conciertos, exposiciones, mesas redondas, charlas sobre literatura, ópera y talleres, entre otros eventos. El año pasado, la clausura de las jornadas se realizó con un concierto de la Orquesta Filarmónica de Acapulco en las grutas de Cacahuamilpa.

Feria Nacional de la Plata. La fecha del cumpleaños de Guillermo Spratling, el etnólogo estadounidense que reimpulsó a principios del siglo xx la platería en Taxco, coincidía con la de la fundación de su taller Las Delicias, por lo que se decidió organizar una fiesta para los artesanos y sus familias. La celebración creció hasta convertirse en la Feria Nacional de la Plata y llegó a tener repercusión en todo México. Las piezas premiadas son adquiridas a precios muy altos por coleccionistas y platerías. Actualmente, la feria se realiza a fines de noviembre, y durante una semana se expone la tradición orfebre y artesanal de los casi cinco mil plateros de la ciudad de Taxco. Además llegan representantes de Jalisco, Tlaxcala, Puebla, Aguascalientes y México D.F.

Casa de comidas

Datos útiles
Como llegar
Taxco de Alarcón está en el estado de Guerrero, a 150 kilómetros de la capital mexicana, por una amplia carretera transitable en auto. Los autobuses salen del D.F. cada hora desde la Terminal del Sur. El viaje dura 2.5 horas y cuesta 10 dólares.
Donde Alojarse
La ciudad de Taxco tiene una amplia variedad de hoteles. Entre los de cinco estrellas se destacan el Hotel Monte Taxco y el Posada de la Misión.
En un hotel cuatro estrellas el Borda.
En un buen dos estrellas Mi Casita.

Consejo Promoción Turística de México, 4139 6770 / 71.
www.visitemexico.com
www.taxco-guerrero.com


Silvina Quintans
Clarín - Viajes
Fotos: Web

jueves, 7 de febrero de 2008

Bolivia: el Lago Titicaca y el pueblo de Copacabana

Situado a más de 3800 metros de altura, el Titicaca es el lago navegable más alto del mundo y uno de los lugares legendarios de Sudamérica. Heredero de antiguas tradiciones y mitos, rodeado de montañas y jalonado de islas, es una invitación a descubrir la belleza y los misterios del altiplano boliviano.

Un espejo de agua abierto en el altiplano, donde la altura corta el aliento, guarda el secreto del origen del imperio incaico, la fuente de una cultura que sigue proyectando su luz, después de años de oscuridad, sobre la civilización que se le impuso. El Lago Titicaca, en el pasado venerado por los incas y hoy considerado como uno de los lugares más puros del mundo, es el origen de este imperio. Las leyendas abundan: una de ellas asegura que el Sol y la Luna se refugiaron en sus aguas, en la oscuridad, durante los días del diluvio, y allí se encontraron los dioses que dieron origen al mundo. También contaban los pobladores del imperio incaico que un día el Inca Manco Capac y su hermana y consorte, Mama Ocllo, salieron de las aguas del lago con el mandato de su padre, el Sol, de fundar el imperio uniendo las culturas indígenas en nombre de la paz y la civilización. Ese imperio fue el Tahuantinsuyo, que tenía en esta región del Titicaca –hoy compartido entre Bolivia y Perú– un tesoro natural donde criar llamas y alpacas, cultivando quinoa, papa y café. En este “suyo” o región del imperio, además, las entrañas de las montañas eran ricas en oro y plata, los metales que los incas ofrendaron a los dioses... y los conquistadores a sus reyes.

Islas Flotantes

El más alto del mundo
El Titicaca es digno de un capítulo en el libro de los records: situado a más de 3800 metros de altura, es el lago navegable más alto del mundo, se extiende sobre unos 8000 kilómetros cuadrados y tiene una profundidad máxima de 280 metros. Está situado a sólo unos 70 kilómetros al oeste de La Paz, desde donde se realizan excursiones por el lago, las islas y las regiones naturales de los alrededores. Un camino asfaltado une La Paz con Copacabana, junto al Titicaca, cuyas aguas de rara transparencia son alimentadas por los glaciares de la Cordillera de Apolobamba y Real. Las montañas que lo rodean parecen estar muy cerca, pero en realidad se encuentran a unos 30 kilómetros de distancia, casi invisibles por la pureza del aire, que parece acortar las distancias. Otros turistas prefieren visitarlo desde Puno, del lado peruano, o bien integrarlo en un circuito más extenso que parte de La Quiaca, en Jujuy, pasando por Villazón (Bolivia), el salar de Uyuni, Potosí, Sucre, Cochabamba, La Paz y Copacabana. Justamente, el Titicaca es lo que queda de un antiguo paleolago, que se extendía sobre buena parte del altiplano boliviano, y formó luego el lago Poopó y los salares de Uyuni y Coipasa.

Cualquiera sea el itinerario elegido, el Lago Titicaca depara los más hermosos paisajes que puedan imaginarse, con sus aguas armoniosas volcadas contra los picos gigantescos de los Andes bolivianos, cuyas nieves eternas parecen vigilar para siempre los destinos de las islas que los indígenas consagraron a sus dioses. Estas islas que quiebran la superficie del agua no son sino afloraciones de la misma cordillera que rodea el lago.

La región del Titicaca puede visitarse durante todo el año, gracias a un clima soleado pero moderado por la altura, que refresca las noches del altiplano haciendo descender notablemente la temperatura. El impacto turístico en la zona, muy visitada también por viajeros que llegan desde Perú después de haber recorrido Cusco y Machu Picchu, es cada vez más importante: se estima que a Copacabana, a orillas del lago, llegan unos diez turistas por cada habitante (le sigue el salar de Uyuni, con unos ocho turistas por habitante)


Copacabana y las islas
A orillas del lago Titicaca se levanta el poblado de Copacabana, un centro turístico y arqueológico célebre por su Santuario, que fue en los tiempos precolombinos un sitio de culto, observación astronómica y ceremonial. Si hoy se venera a la Virgen Morena, antiguamente era meta de peregrinaciones hacia la Isla del Sol y de la Luna. La actual iglesia católica fue levantada en la plaza central de la ciudad en el siglo XVI, y es una pequeña joya blanca de cúpulas brillantes cuyo altar reluce de oro y plata. Desde Copacabana salen numerosas excursiones embarcadas hacia las Islas del Sol y la Luna, o bien caminatas hacia los miradores que se encuentran en los alrededores, en particular los sitios arqueológicos precolombinos como la Horca del Inca (un antiguo observatorio), el Kusijata o Intikala. Cuentan algunas crónicas que esta ciudad, antiquísima, toma su nombre de la expresión “Coppa-kcaguaña”, o el “camino de las estrellas que lleva hacia dios”: es que desde allí se aprecia claramente esa brújula precolombina que es la Cruz del Sur.

Copacabana

Uno de los sitios más interesantes para visitar es la Isla del Sol, en el Lago Mayor, donde quedan muchos vestigios de las culturas Tiawanakota, Aymará y Quechua que poblaron este lugar desde tiempos inmemoriales, antes de los incas: las escalinatas del Yumani (todo un desafío para las piernas), el palacio de Pilkokaina, la Chincana, las Huellas del Sol y la Roca Sagrada. También se llega en lancha a la Isla de la Luna, también conocida con el nombre nativo de Koati, segundo lugar sagrado del pueblo indígena local, y donde se concentraba el culto femenino bajo la forma de las Doncellas del Sol.

El lago tiene otros sitios imperdibles, como la Isla de los Uros, donde todas las construcciones se levantan sobre pilotos de eucaliptos, y todo está hecho con los flexibles tallos de las totoras, la misma planta con que se realizan las típicas canoas que surcan las aguas del lago, y que son todo un símbolo del Titicaca. Aunque naturalmente también hay catamaranes, alíscafos y otras lanchas, las “totoritas” o “caballitos de totora” conservan una tradición única y son la postal más buscada de estas aguas. Bien lo saben los habitantes de Suriqui, tan hábiles en su construcción que fueron elegidos por el noruego Thor Heyerdahl para construir la embarcación de totora con la que pudo probar que estas canoas eran aptas para largas travesías oceánicas.

En la Isla de los Uros, los habitantes viven sobre todo de la confección de artesanías en totora, la caza y la pesca. Las tradiciones locales también están a flor de piel en la Isla de Taquile, donde se encuentran varias ruinas incaicas. Sin embargo, uno de sus principales encantos es que se puede pasar la noche en casa de los habitantes, que organizan ellos mismos los servicios turísticos y son conocidos por su hospitalidad. Igualmente interesante es la Isla de Amantan, la más poblada del lago, que también tiene gran valor arqueológico. Cualquiera sea la isla que se visite, donde hay gente hay movimiento, comercio, charla, regateo, y la calidez de los hombres y mujeres que hoy pueblan el altiplano es uno de los recuerdos más entrañables que se llevan los visitantes de estos lugares aptos para cóndores. Cuando hay un poco más de tiempo, o si interesa en especial el ecoturismo, los alrededores del lago son ideales para el trekking y el montañismo.
Mientras tanto, el espejo del Titicaca sigue custodiando celosamente sus secretos, bien protegido por la doble barrera de la altura y la profundidad: desde las invisibles sirenas que oculta en el fondo, ese fondo que alguna vez se pensó sin fin, hasta tesoros hundidos... sin olvidar una ciudad entera, una Atlántida andina donde se dice que aún relucen, sumergidos, el oro y la plata de los incas.


Atardecer en el Titicaca (Rosario “Charo” Moreno)
Los hombres que manejan los lanchones a través del estrecho que une Puerto Tiquina con Copacabana son personas rústicas, sencillas, pero con un conocimiento de su trabajo que es extraordinario. Calibran a ojo el peso de lo que transportarán y lo ubican en la embarcación de acuerdo con ello. Delante de nuestro vehículo había un camión. Nos hicieron subir primero y el camionero nos increpó, creyendo que nos estábamos colando. No era así. Lo que ocurrió es que la parte que nos tocó ocupar era algo frágil. Partimos.

Las tablas del piso se movían amenazadoras, crujían. La serenidad de los que conducían era tal que me infundían confianza. Las olas azules batían los costados de la casi improvisada embarcación. Atracar en la orilla opuesta no fue sencillo, pues el oleaje era bravo, y perdimos el mejor muelle por el movimiento de las olas, que nos llevó a otro, algo desnivelado. Con largos palos o picas, los “marineros” ubicaron el lanchón lo mejor posible y finalmente ayudé a colocar maderos para que el auto pudiera descender sin inconvenientes. Así llegué, y muchas personas y vehículos más, al pueblo de Copacabana. Mi emoción y mi alegría de tan profundas, eran silenciosas.

Tenía hambre, y a pocos metros encontré una casa de comidas. Pedí papas fritas y truchas. Todo vino una hora más tarde, como es costumbre en Bolivia. El retraso tiene una loable razón: la cocinera comienza a trabajar cuando viene el pedido. Nunca tiene nada preparado de antemano. Quizá para mí no sea práctico, pero así la comida es más exquisita, caliente, sabrosa y auténtica. Se usa muy poco la heladera, el frescor de los interiores es suficiente para que los alimentos se conserven perfectamente.

Luego de almorzar opíparamente fui al pueblo de Copacabana, a 35 kilómetros del puerto, por un camino que bordea la península con acantilados y playas hermosas. Buscaba un albergue y encontré uno a pocas cuadras de la plaza central, un simpático hotelito llamado “Copacabana”. Las habitaciones eran pequeñas y prácticas, con lo mínimo indispensable. Tenían baño privado con una regia ducha. Este detalle me convenció para comenzar a desempacar algo del equipaje.
Fui a ver la puesta del sol sobre el lago Titicaca. El espectáculo era imponente, paradisíaco. El sol descendía rápidamente tiñendo de sangre el lago, el cielo era un estallido de anaranjados, rojos y amarillos. Desapareció tras unas nubes en el horizonte tan remoto para reaparecer tocando ya las aguas que parecían hervir. Cuando se hundió en ellas, todo se volvió color plata: el lago, las olas, la espuma, el cielo, las rocas. El frío se hizo intenso. Buscando reparo, ascendí conmovida y en silencio, hacia la plaza del pueblo. Eran las seis en punto de la tarde.

Al día siguiente me dediqué a disfrutar del pueblo y conocerlo. Escribí un par de horas hasta que el sol comenzó a descender. A dos cuadras de nosotros estaba el mágico lago. Y hacia él fui. Los quechuas dicen que Dios, el Inti, surgió de sus aguas brillantes y luego creó todas las cosas. El Titicaca brilla siempre de modo extraño. De día brilla al sol, de noche a la luz del firmamento preñado de estrellas. Siempre brilla, refulge. En quechua su nombre significa “aguas que brillan” o “aguas brillantes”

Datos utiles
Cómo llegar
Se puede viajar al Lago Titicaca desde La Paz, tomando luego la ruta asfaltada que lleva al Estrecho de Tiquina, para cruzar después en lancha hacia Copacabana. También se puede ingresar desde la Argentina por La Quiaca, siguiendo el itinerario descrito más arriba, o desde Puno (Perú), otro de los principales centros turísticos en torno del lago.

Clima
Conviene tener en cuenta que es una zona de gran amplitud térmica, con clima soleado durante el día y descenso de temperatura durante la noche
Excursiones
En torno del Lago Titicaca se pueden contratar excursiones de ecoturismo, turismo de aventura, escalada y trekking, además de navegaciones y visitas a las islas

Comidas
Una visita al Lago Titicaca es una buena oportunidad para probar la gastronomía local, en especial las truchas que se pescan en las propias aguas del lago, y los platos a base de quinoa y otros cereales andinos

Informes
Embajada de Bolivia en la Argentina
Av. Corrientes 545, 2do. Piso
Buenos Aires - Teléfono: 4394-1463
www.embajadadebolivia.com.ar

Graciela Cutuli
Pagina 12 - Turismo
Fotos: Web